“Es vital desaprender el miedo, y resurgir a la brevedad”.
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Abel Pérez Rojas
En México persiste un estado de inseguridad como sólo se había vivido durante los años de la revolución.
La inseguridad pública, aunada a la permanente crisis económica y moral, ha generado entornos que provocan enfermedades físicas y psicológicas propias de las naciones en guerra
Los mexicanos compartimos una constante, sin importar la condición social o la edad: miedo a la inseguridad.
Considerando lo anterior, resalta la reciente noticia sobre la investigación publicada en Nature Neuroscience que ha comprobado la transmisión genética del miedo de una generación a otra mediante el esperma.
¿Estaremos transmitiendo genéticamente los mexicanos nuestros miedos derivados de la llamada guerra contra el narcotráfico a las futuras generaciones?
En marzo de este año Consulta Mitofsky realizó el estudio de opinión: Miedos y Fobias en México.
De acuerdo con el estudio de Mitofsky, ante la pregunta ¿A qué le tiene usted más miedo? La respuesta que ocupó abrumadoramente el primer lugar con 23.8 por ciento fue: a la inseguridad.
El miedo de los mexicanos a la inseguridad tiene motivos fundados.
Según el Informe sobre la Guerra difundido esta semana por la Academia de Ginebra, con sede en Suiza, el año pasado murieron en conflictos armados 95 mil personas en el mundo, ocupando los primeros lugares de esta negra lista: Siria, México y Afganistán.
De acuerdo con el Informe sobre la Guerra citado por La Jornada: “En México, 9 mil personas perdieron la vida en 2012 en una guerra relacionada con la violencia del narcotráfico, que sumaron entre 60 mil y cien mil muertos en los pasados siete años”.
Las cifras anteriores son modestas comparadas con las que dio a conocer en marzo del año pasado el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, quien sostuvo que en la guerra contra el narco iban 150 mil muertes; cantidad que organizaciones no gubernamentales toman como más cercana a la realidad.
En ese tenor, el comparativo de inseguridad y violencia de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), How’s life (Cómo es la vida), el mes pasado puso al descubierto que México tuvo la mayor proporción de homicidios intencionales y victimización de la lista.
La situación descrita aunada a la desconfianza en las autoridades de todos los niveles, el desencanto hacia la democracia, en particular hacia los procesos electorales, el surgimiento de nuevas amenazas globales, entre otros fenómenos locales, nacionales e internacionales, significan en su conjunto un coctel dañino para la salud pública presente y la herencia genética de las futuras generaciones del corto y mediano plazo.
El miedo a la inseguridad podría perpetuarse.
Hasta ahora la investigación relativa a la herencia del miedo por vía genética sólo se ha circunscrito en ratones de laboratorio, pero los científicos dicen que no descartan, “por ejemplo si hombres expuestos al trauma de una zona de guerra pueden transmitir esa experiencia de temor a sus hijos y nietos”.
Estamos dejando pasar inadvertidos retos educativos generacionales que podrían prolongar nuestros miedos en nuestra descendencia.
Lo de menos es cómo nos llega el miedo, vale la pena repensar y actuar colectivamente para encontrar vías de solución a las condiciones de inseguridad e injusticia que nos atemorizan y menoscaban nuestra salud, porque esta condición miedosa reduce nuestro potencial individual y social para afrontar la vida económica, política y familiar.
Necesitamos como sociedad hacer visibles estas problemáticas que están ausentes de los programas de estudio de la educación pública y sólo asoman en algunos espacios informales o de posgrado.
Es vital desaprender el miedo, y resurgir a la brevedad.
Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com / @abelpr5 / facebook.com/PerezRojasAbel) es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige Sabersinfin.com.