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Los nuevos pobres ricos | Xavier Gutiérrez
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Los nuevos pobres ricos

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Septiembre 22, 2013

Los hay, por ahí andan. El problema es encontrarse con ellos. O ellas. Me refiero a los nuevos ricos, aquellos que de malas o buenas maneras han hecho una cuantiosa fortuna en relativamente poco tiempo. Son especímenes que van por el  mundo haciendo de la ostentación una coraza y arma, y que la usan como patente de corso para agredir a la sociedad. Y también para resarcir  tristes frustraciones del ayer.

Me encontré con un par de ellos en días recientes.  Va el primer caso. Portaba un portafolios y un libro bajo el brazo y luego de un breve y atropellado saludo me soltó una apabullante catarata verbal:  -Oye, tenía rato que no te veía…Es que ves que yo ando de aquí para allá, vivo en La Vista, tengo doce despachos jurídicos, en Tijuana, en Guadalajara, en Toluca, en el DF, aquí  en Puebla, en Villa Hermosa, en fin, de un lado para otro..

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Oye, pero lo que quiero es que le eches una mano a mi mujer, ves que ella es licenciada en administración, hizo el doctorado en Washington, la maestría en Francia, también allá en París una maestría en administración Pública, y luego una licenciatura en psicología y una maestría en Madrid, un diplomado en Nueva York,  maestro, pero ya ves, las broncas, ahora le han echado pleito aquí en la universidad, ¿tú conoces al rector..?

¿O cómo pudiéramos hacerle..? Mira, es que “orita” voy a comer con un funcionario del equipo del secretario de gobernación y mañana salgo para Tijuana otra vez, pero a ver, anota mi teléfono pero lo que quiero es que le eches la mano, no sé  si pudieras escribir algo porque mira, están mal ahí en la universidad, cómo pretenden quitarla; al rato me voy para La Vista, si no nos veíamos  para tomar un café..

Y así iba con el verbo florido y pajareaba con los ojos de un lado para otro buscando al prominente funcionario con el que comería en breve. Cuando terminó le dije:

-Mira maestro, la verdad no conozco a tu esposa, me quedé con la que te casaste cuando eras “hipi”, pero ya ves cuanto ha pasado; pero con ese curriculum que me has contado era para que estuviera al frente del ministerio de asuntos exteriores de Francia, por lo menos, y luego con tu poder…!, nhombre, cómo me pides eso, yo ni conozco al rector, y si lo conociera imagínate qué caso me haría con las palmas académicas de tu esposa, cómo crees…Mira, te propongo algo, un día que tengas  tiempo mejor nos tomamos un café…

Le di un abrazo y desee que no llegara ese día. La verdad, era suficiente con esta  levísima muestra de mutación galopante  de arrogancia pecuniaria megalomaníaca .

El otro caso fue el de una dama. En los ayeres una  agraciada y sencilla estudiante, dedicada y con firmes propósitos de superación.  Luego profesional. De pronto,  rica de altos vuelos. Luego del intercambio de poblanos saludos, se sube al pedestal de un trono y después  al trono  mismo y desde ahí,  con tono arrogante  se arranca:

-Pues yo la verdad ni de la vida de me quejo, ya nadamas me dedico a vivir, a vivir bien..Tengo un hijo que trabaja en la presidencia de la república y le va muy bien,  otra que es diseñadora, otra que es maestra y yo pues , me dedico a veces a atender a niños con problemas de salud, con una terapia especial que importé de  Europa, así que cuando sepas de alguien me hablas…

Es bajita de estatura pero aún así se las ingenia para hablarte por abajo del hombro aunque tu midas uno setenta y seis. Se da modos para pasearte frente a los ojos una enorme bolsa de mano de marca, “como de marcaElbaEsteher”, so pretexto de sacar una tarjeta alardea  de una gorda cartera  llena de tarjetas de crédito y billetes y se trepa a una camioneta  más grande que la casa de  interés social donde vivía hace 30 años.

Antes, había salido de un banco, donde fue atendida en la sección “VIP”.  Su ropa es de marca y se mueve con soltura en las grandes tiendas para esta clase de atuendos. Al hablar quiso suavizar el tono un poco, pero finalmente subordinó aquel pasado lejano y  modesto y antepuso los modos de una riqueza que quería mostrar por todos los poros, como diciendo, “de las latas de sardina de ayer ni me recuerden…”

¿Qué tienen en común estos  muchachos? El viejo anhelo, consumado, del tener sobre el ser. La ausencia de los valores que da la cultura, la educación.  El no saber dominar esas características que engrandecen en verdad al ser humano, y disfrazarlas con oropel y artificio que, finalmente se lleva el tiempo.

Los ricos de siempre o, corrijo, algunos de ellos, pocos y además cultos, llevan una vida de bajo perfil y suelen tener eso que se llama clase y  que nada tiene que ver con el dinero ni la ropa y sí con la educación y el equilibrio en toda la extensión de la palabra.

La movilidad social que vive el país ha provocado personajes de estas características, y no cuesta trabajo encontrarlos.  Esa es otra de las facetas de la degradación de México, sus pobres ricos.

xgt49@yahoo.com.mx

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