Una de las notas dadas a conocer por los medios informativos capitalinos de Puebla en las últimas semanas, no ha merecido algún tipo de análisis público a pesar de la gravedad que tiene implicada. Vamos, la noticia tuvo menor interés en muchos poblanos y sus gobernantes, que el atraído por un sujeto maltratador de animales en San Martín Texmelucan.
Hoy traigo a comentario el tema con la intención de que después de su lectura pueda provocar en usted, respetable lector, cuando menos una fugaz reflexión sobre uno de tantos temas que van formando nuestra opinión como ciudadanos urbanizados.
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Hace dos semanas un oficial de la policía municipal falleció durante la práctica ejercicios de entrenamiento, a causa de la volcadura del vehículo en que viajaba con otros elementos que resultaron lesionados. El alcalde desde luego declaró que se trataba de un hecho lamentable, pero resaltó que este tipo de capacitaciones son necesarias para el actuar de la policía municipal, por lo que no se prevén cambios en los protocolos de la corporación. Así de simple, así de rústica, así de irresponsable la afirmación.
Con la indudable intención de minimizar la ineficiencia de su director de policía, al alcalde no se le ocurrió que esta muerte de un disciplinado agente pudo evitarse si existieran protocolos o procedimientos de entrenamiento para patrullas, las que en ningún momento autorizarían a llevar tripulantes a bordo cuando lo que se está buscando con las prácticas es destreza en el conductor. Tampoco un protocolo de entrenamiento de conducción de patrullas podría poner en práctica ejercicios de persecución en un vehículo que además de no estar diseñado para tal propósito, no debe llevar tripulantes en las prácticas; pero si insistieran indebidamente en llevar tripulantes en la caja trasera de una camioneta, estos tendrían que ser maniquíes a escala real, para observar el comportamiento del cuerpo durante los incidentes del recorrido. A partir de allí tomarían las decisiones para ser eficientes en las calles.
Si al alcalde se le ocurriera investigar las causas del deceso del oficial de su policía, encontraría responsabilidades muy serias en los funcionarios que cobran como policías sin serlo o sin demostrarlo. Por la muerte de un oficial y lesiones en otros cuatro, es fácil deducir el nivel de improvisación del área de capacitación y adiestramiento de la policía municipal. Así las cosas, la declaración del alcalde no sólo es imprudente, sino temeraria y riesgosa para los agentes en activo.
Por supuesto que hay responsables en el fallecimiento del oficial de policía. En estos tiempos una institución establecida para la proteger y servir a la sociedad, no puede fundar su actuación en la improvisación, ni en la indefinición de funciones o responsabilidades, ni en la omisión de sistematización de sus funciones administrativas y operativas.
¿Pues cuántos oficiales poblanos de policía deben morir en prácticas de adiestramiento para lograr la pericia de un agente en la conducción de una patrulla? ¿En qué parte de los manuales de entrenamiento debe volcarse el vehículo conducido a 40 km por hora?
Se trata entonces de una muerte más, asociada al ejercicio de gobierno en Puebla que es oficialmente encubierta con el manto del poder para no comprometer la comodidad de los altos funcionarios. Otras muertes ya han sido comentadas anteriormente en este espacio de opinión y se relacionan con la falta de seguridad laboral en los trabajadores de la obra pública. Estos decesos de poblanos se minimizan, no se investigan y ante otra indecente muestra de impunidad oficial, seguramente habrán de repetirse.
Para el caso del maltrato a animales, los diputados de inmediato legislaron, los grupos protectores de animales vociferaron, los medios de difusión llenaron innumerables espacios dando seguimiento al maltratador de gatos en San Martín. Pero para evitar más muertes de poblanos que trabajan directa o indirectamente para el gobierno en nulas condiciones de seguridad, esas representaciones sociales permanecieron calladas. No importaron las vidas humanas perdidas ni las familias desmembradas; fue más urgente atender a los gatos maltratados.