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Cultura
El término nació en las fondas populares donde mujeres cocinaban chilmoles y repartían chismes
Foto: CANVA
En el lenguaje popular mexicano, la expresión “vieja chimolera” ha sido utilizada durante décadas para referirse de forma despectiva a una mujer chismosa o entrometida. Sin embargo, el origen de esta frase se remonta a una tradición culinaria y cultural.
Dicho origen se remonta al siglo XVIII, a través de la historia de las chilmoleras, mujeres trabajadoras que preparaban guisos picantes en fondas callejeras.
Las chilmoleras eran cocineras que vendían chilmole, un guiso espeso elaborado con chile quemado, especias y carne, que se servía sobre tortillas fritas o con arroz y huevo cocido.
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El nombre proviene del náhuatl chilli (chile) y molli (mezcla o salsa); de acuerdo con datos históricos, estos puestos se hicieron populares desde el siglo XVIII en varias regiones de México, especialmente en los alrededores de pulquerías y mercados, donde las mujeres también se convertían en confidentes y observadoras de la vida cotidiana.
Con el tiempo, el término “chimolera”, adquirió una connotación negativa, pues se decía que mientras preparaban sus guisos, las chilmoleras compartían chismes, historias y rumores con los comensales.
La tradición oral y la cercanía con sus clientes les permitía conocer detalles íntimos de la vida del barrio. De esta manera la “salsa bien picante” con la que bañaban los alimentos se convirtió en una metáfora del comentario mordaz y el chisme afilado.
A pesar de su desaparición con los cambios sanitarios y sociales, el legado de las chilmoleras persiste en la cocina tradicional mexicana.
El chilmole, con sus distintas variantes regionales, sigue presente en la gastronomía del país, principalmente en estados del sur como Yucatán y Oaxaca. (JH)