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Cultura
El filme retrata con realismo el proceso secreto para elegir al nuevo pontífice en el Vaticano
Foto: X. @conclavethefilm
La mañana del lunes 21 de abril se dio conocer el fallecimiento del Papa Francisco I, máximo líder de la Iglesia Católica desde 2013, quien murió a los 88 años tras una serie de complicaciones de salud. Tras su muerte se ha activado de inmediato el tradicional y enigmático cónclave, proceso mediante el cual los cardenales elegirán a su sucesor.
Algo que adopta tintes casi proféticos de este suceso es que coincide con el estreno reciente de la película Cónclave, dirigida por Edward Berger, la cual ofrece una visión intensa y realista del complejo proceso que ocurre al interior del Vaticano tras la muerte de un pontífice.
La película Cónclave está basada en la novela de Robert Harris, y a través de este film se recrea con precisión los rituales, tensiones y secretos que acompañan la elección de un nuevo Papa.
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En esta cinta el actor Ralph Fiennes interpreta al cardenal Lawrence, figura clave encargada de coordinar el proceso electoral; junto a él aparecen actores como Stanley Tucci y John Lithgow, quienes personifican a otros altos miembros de la Santa Sede.
Aunque se trata de una historia ficticia, la película se inspira en tradiciones auténticas, como el aislamiento de los cardenales en la Capilla Sixtina, el grito de “Extra omnes”, y la destrucción del anillo del pescador, prácticas que efectivamente se realizan tras la muerte de un Papa.
Más allá de representar estos rituales que forma parte de la elección del Papa, algo que llamó la atención del público mexicano es la participación del actor Carlos Diehz, originario de la Ciudad de México.
En Cónclave, Diehz interpreta a Vincent Benítez, un cardenal con raíces latinoamericanas que representa una voz progresista y humanista dentro del colegio cardenalicio. Su presencia en la película cobra un valor simbólico en un momento donde la Iglesia Católica vuelve sus ojos hacia América Latina, región que por primera vez vio a uno de los suyos ocupar el trono de San Pedro.
A lo largo de la historia el cónclave se ha caracterizado como un evento lleno de misticismo; pues solo 120 cardenales menores de 80 años tienen derecho a voto, este proceso puede extenderse varios días hasta alcanzar una mayoría de dos tercios. La votación se realiza en secreto y, tras cada ronda, las papeletas se queman: el humo negro indica que no hay consenso, mientras que el humo blanco, acompañado del repique de campanas, anuncia la esperada frase “Habemus Papam”.
La película también muestra cómo las medidas de seguridad han evolucionado, reflejando la realidad; ya que desde el cónclave de 2005, se utilizan bloqueadores de señal y revisiones electrónicas para evitar filtraciones, una muestra del delicado equilibrio entre tradición y modernidad que vive la Iglesia en pleno siglo XXI. (JH)