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El cacique de Atlixco se desdibuja en el tiempo, por la firme intención de los gobiernos panistas pasados de borrar todo lo que sonara a PRI
Foto: Angelina Bueno
Un 31 de enero de 1999 falleció el último cacique de Atlixco, Eleazar Camarillo Ochoa, han pasado 25 años y de aquel Partido Revolucionario Institucional (PRI) que controlaba en este municipio ya casi no queda nada. El recuerdo del “señor de la Soledad” –como lo llamaban– se desdibuja en el tiempo y las generaciones millennial y Gen Z de atlixquenses no saben quién fue, ni para bien ni para mal.
Y mucho tiene que ver la persistente lucha de parte de todos los gobiernos panistas que ha tenido Atlixco de borrar toda huella de aquellos tiempos donde solo gobernaba él bajo nombres diferentes, trienio tras trienio, hasta la llegada, con su venia, de Salvador Escobedo Zoletto, el primer presidente municipal azul.
Fueron siete las administraciones panistas que a lo largo de estos 25 años intentaron moldear el nuevo rostro de Atlixco dándole un giro turístico y dejando atrás la época fabril y sindical, una cultura de la que emergió y controló en su momento Camarillo Ochoa.
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Nació el 5 de junio de 1923 en el antiguo Atlixco. Camarillo Ochoa llegó a tomar el control de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), tras la muerte del entonces líder Antonio J. Hénandez, quien además era su compadre.
Camarillo Ochoa desde que tomó el liderazgo de la CROM se enfrentó a un Atlixco diferente pues comenzó el fin de la época fabril, el cierre de algunas y la privatización de otras generó enojó entre los empleados, más de tres mil se habla en algunos relatos verbales pasados de generación en generación.
Intentó compensar la desbandada del sindicato registrando a taxista y comerciante para que la CROM siguiera teniendo el peso político que la caracterizaba.
La última estocada fue la rebelión de los exobreros de la fábrica la Concepción, ubicada sobre avenida Manuel Ávila Camacho y hoy convertida en el centro cultural la Concha bajo el logo de Antorcha Campesina. Pese a esto él siguió en su carrera política, el último cargo de elección popular que ostentó fue el de diputado federal por mayoría relativa en el periodo 1997-2000, el cual ya no pudo terminar debido a que falleció el 31 de enero de 1999.
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Parecía un mal chiste, pero conforme avanzaba el día se confirmó la noticia, un ataque al corazón había terminado con la vida del cacique aquel domingo 31 de enero de 1999. Eleazar Camarillo Ochoa había fallecido en su casa de la Soledad, ubicada precisamente frente al parque del mismo nombre.
Hay quien cree que fue la derrota de la presidencia municipal del 6 de julio de 1998, otros aseguran que fue la rebelión en la Concha, muchos más solo afirman que su época había terminado.
Hoy, en el 2024, se acuerdan de él pese a que para bien o para mal, marcó una parte importante en la vida de este municipio. Pero es el doctor quien llegó a confirmar su fallecimiento quien lo recuerda cada año.
Jorge Rogelio Pineda, médico y amigo entonces del cacique, recuerda para este medio de comunicación cómo fue ese domingo de 1999.
“Sucedió en su oficina a las 7:30 de la mañana. Es importante señalar que días antes había iniciado el proceso de transformación de la CROM, algo que finalmente no se concluyó. Porque como él mismo lo dijo en una de sus frases muy constantes ‘qué triste es sembrar en el desierto”.
Y así fue, Camarillo sembró en el desierto, pues los priistas que entonces se decían de hueso colorado poco a poco fueron cambiando de bandera, muchos de ellos hoy están en las filas del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), pocos como Rogelio Pineda siguen portando orgullosos el logo tricolor del partido que los vio nacer políticamente.
De la CROM del cacique queda únicamente el edificio y algunas propiedades más que están en disputa porque los exobreros y sus descendientes quieren recuperarlas bajo el argumento de que esos empleados de las fábricas aportaron para su construcción.
Del PRI local solo quedan recuerdos de grandes tiempos, cuando el “señor de la Soledad” imponía al alcalde, al tesorero en turno. El último gobierno priista que ya no vio Camarillo fue precisamente el de su tocayo Eleazar Pérez Sánchez, quien en un gesto de homologarse con el cacique adquirió algunas de las propiedades que tenía el finado como parte del rancho la Soledad ubicado en la colonia Cabrera.
“Y dónde están los priistas que llegaron al poder gracias al líder, ahora ya no se acuerdan de aquel al que tantos y tantos favores le pidieron, hoy su tumba como cada año se encuentra vacía, nadie se acerca a regalarle una flor”, apuntó Pineda. (EG).