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Zacatlán, pionero de la relojería en Latinoamérica

Alberto Olvera llevó la relojería monumental a todo el país, así como al extranjero

Zacatlán, pionero de la relojería en Latinoamérica

La industria especializada en la creación y mantenimiento de relojes monumentales tuvo su primer taller latinoamericano en el municipio de Zacatlán, lugar dónde el relojero Alberto Olvera Hernández inició la actual empresa "Relojes Centenario", ya que desde joven se dedicó a la reparación de estos artefactos.

Olvera empezó a sus 17 años con un pequeño taller en la finca Coyotepec, contando únicamente con un torno de madera, una fragua, un yunque y herramienta rudimentaria que pertenecía al taller de carpintería de su padre, mismo donde tiempo después instalaría el primer reloj monumental en 1912.

Su dedicación y esfuerzo en la creación de estos mecanismos, llevaron al relojero a inaugurar en 1919 su primer trabajo fuera de la granja, siendo la iglesia de Santiago apóstol en Chignahuapan, el lugar que recibió uno de los primeros trabajos de esta empresa emergente, el cual tardó un año en construirse; dos años después, en 1921 recibió el nombre de "Relojes Centenario" en conmemoración al final de la guerra por la independencia de México.

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Sería hasta 1929 que su fama y crecimiento le permitió tener ayudantes e inclusive aprendices, que durante su trabajo hasta el año siguiente lo impulsaron a crear su propia hacienda llamada la "La Quinta María".

En 1966 la empresa se trasladó al centro de Zacatlán, abriéndole paso a una mayor producción, misma que se mantiene en la actualidad; además le fue otorgado el Premio al Mérito y la Medalla Xiutec, de esta misma ciudad, siendo anteriormente nombrado en sesión de Cabildo: "Hijo Predilecto de la Ciudad de Zacatlán".

La empresa Relojes Centenario hasta el año 2012 señaló la creación de más de 2000 relojes monumentales que se han instalado en iglesias, palacios municipales, edificios de gobierno, torres, centros comerciales, hoteles, entre otros, llegando a dar mantenimiento y creación de estos ejemplares hasta en países europeos.

Su legado en la magia al fabricar relojes se refleja en algunos como el de reloj de flores en el Parque Hundido de la Ciudad de México, que es uno de los más grandes del mundo, también el reloj floral de Zacatlán y el de Tulantepec son muestra de su ingenio, ya que estos están automatizados con carillones para reproducir diferentes melodías al marcar una hora específica.

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El actual funcionamiento de la empresa se conforma por algunos de sus 12 hijos, así como por sus nietos que comparten el compromiso en este arte del tiempo.

Aunque Alberto Olvera murió en 1980, su trabajo sigue en pie, el cual puede recordarse y valorarse en el Museo de Relojería “Alberto Olvera Hernández”, considerado como único en su género a nivel Latinoamérica, con la exposición “El hombre y la Medición del Tiempo”, que, desde su apertura en 1993, deja a relucir el primer reloj creado por el hijo predilecto de Zacatlán.

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