Cualquier persona que llegue de visita a la Ciudad de Puebla debe cruzar, casi obligatoriamente, por el Barrio de los Sapos.

Este lugar data de alrededor del siglo XVII y, hasta la fecha, sigue siendo un referente no sólo para los turistas, sino para todos los poblanos.

El Barrio de los Sapos, o Plazuela de los Sapos, es uno de los lugares más emblemáticos del Centro Histórico de Puebla.

Este lugar está localizado sobre la 5 Oriente, entre 4 Sur y Bulevar 5 de Mayo. Su ubicación es completamente céntrica, pues se encuentra a unas cuantas calles de la Catedral de Puebla.

Para entender lo emblemático de este lugar, te contaremos parte de su historia y de algunos lugares emblemáticos que lo rodean, características que han de Los Sapos un lugar de turismo por excelencia.

El nombre surgió a través de la voz popular, pues se dice que en tiempos coloniales las aguas del Río San Francisco se desbordaban con frecuencia inundando el callejón de la 6 Sur.

Como el agua era tan abundante, la gente instaló allí algunos molinos para aprovechar la corriente; sin embargo, el agua estancada y las actividades que en ella se realizaban atrajeron a una gran cantidad de sapos, hecho que dio origen al nombre actual de la calzada.

Los anfibios que ahí habitaban fueron desplazados cuando se pavimentó el lugar y el río desapareció; en el lugar, dejaron únicamente una fuente que tiene al centro un sapo, haciendo alusión a los viejos tiempos.

En 1849 se construyó en este sitio una plaza de toros en el paraje conocido como la Casa y Huerta de Chapitel; posteriormente se construyó otra plaza de toros en la 3 Poniente y 11 Sur.

Sin embargo, fue durante el ataque que sufrió Puebla en los meses de octubre y noviembre de 1856, por el movimiento conservador encabezado por Miramón y Orihuela en contra el gobierno de Comonfort, que las fuerzas liberales se apoderaron de la plaza de toros San Jerónimo e intentaron quemarla.

Otro sitio importante en materia histórica está aquí: se trata de la Casona de los Sapos. Este lugar está decorado con muebles clásicos, al estilo siglo XVIII, cuando la influencia francesa llegó a nuestro país.

La arquitectura es de corte francesa y barroca, de corte elegante. En este sitio antes había tres grandes casonas, las cuales fueron remodeladas para crear lo que ahora es hotel. El lugar conserva muchos elementos arquitectónicos de la época del porfiriato e, incluso, en una vitrina se muestra a los visitantes algunos de los tesoros encontrados durante la restauración, los cuales pertenecen a los siglos XVII, XVIII y al Porfiriato.

Pero este no es el único atractivo del lugar, pues aquí también se encuentra el famoso bar La Pasita, el cual es emblemático del estado de Puebla y en donde preparan cocteles únicos del bar.

El lugar es de gran fama por sus “pasitas”, una bebida preparada a base de licor de uva, y la cual viene acompañada de queso.

El sitio, en la época de los 90, acaparó la atención de los jóvenes de esa época, pues era un lugar de fiesta: estaba lleno de bares, en donde era usual que los poblanos y turistas pasaran un de semana. Pero estos bares cerraron años tarde, dejando el sitio como un referente histórico y cultural.

Los Sapos son bien conocidos por una característica primordial: es aquí donde se venden diversas artesanías y antigüedades.

El lugar está completamente adornado de casas de la época colonial, las cuales tienen vivos colores; los edificios y el piso son de piedra y muchos de estos inmuebles, como en todo el centro histórico, son ocupados por restaurantes y hoteles.

Pero el bazar de los sapos es distinto: aquí decenas de comerciantes colocan sus puestos de antigüedades para venderlos.

Es usual que los fines de semana se pueda encontrar a múltiples comerciantes que venden prácticamente de todo: desde corcholatas de la época de los 70, monedas del siglo pasado, discos de vinil, revistas, libros, relojes, y hasta plata y piedras preciosas.

Así, la plazuela de Los Sapos es un referente cultural por su historia y tradiciones que, hasta la fecha, se siguen llevando a cabo.

Foto Agencia Enfoque