París- La vida cotidiana de los franceses ha cambiado radicalmente en sólo cuatro días. Desde el anuncio del Presidente, Emmanuel Macron, el jueves 14 de marzo con el cierre de escuelas. Todo ha sido una vuelta sin retorno.


Al día siguiente del cierre de las escuelas, vino otra ducha fría: el cierre de los comercios y todos los comercios no necesarios para la vida cotidiana del país. Este lunes la estocada final: Macron ordenó el confinamiento total de todos los habitantes.

Durante por lo menos 15 días, no tenemos derecho a salir de nuestras casas si no es para comprar comida, ir a trabajar, si no podemos hacerlo a distancia, o si hacemos ejercicio, pero solos sin cruzar a nadie y en un radio de 500 metros a la redonda de nuestros domicilios. Estamos en guerra, en guerra contra el Coronavirus Covid-19.

Esta es la peor crisis que Europa ha vivido en los últimos 100 años, enfatizó el mandatario.

Hasta el lunes, Francia tenía más de 400 personas en reanimación, 148 han fallecido y 6 mil 633 personas están contagiadas desde el inicio de la epidemia el 24 de enero.

Los pacientes graves son entubados. El país cuenta con casi 10 mil camas de reanimación para atender esta emergencias.

Los servicios médicos del Gran Este, cerca de la frontera con Alemania presentan la mayor saturación. Casi todos los casos de esa región tienen relación con un evento evangélico que se efectúo entre en 17 y 21 de febrero y que reunió a 2 mil fieles de todas las regiones del país, incluyendo las islas La Reunión, Corsica y las Antillas.



En Italia, aunque están confinados desde hace una semana, las cosas siguen agravándose. En las últimas 24 horas hubo 349 muertos, sumando 2 mil 158 fallecidos y 27 mil 980 personas contagiadas.

En España, la epidemia sigue subiendo, 154 muertos en un solo día, sumando 499 decesos y 11 mil 279 personas contagiadas, de las cuales mil 28 se han recuperado.

Las cifras cambian todos los días y los muertos se apilan. Los servicios sanitarios en Italia están colapsando. España no está lejos y Francia, no sabemos cuánto soportará. El Presidente ha pedido a los ciudadanos que la mejor forma de ayudar al personal médico es quedándonos en casa.

A partir de este mediodía, del martes 17, las fronteras del espacio de Schengen serán cerradas durante un mes. Los ciudadanos que no pertenezcan a la Unión Europea no podrán entrar al territorio. Alemania había comenzado a tomar medidas de aislamiento, desde el fin de semana, con el cierre de sus fronteras con Italia, Francia y Austria.

Lavarse las manos ya no es suficiente para frenar el Coronavirus Covid-19, ahora debemos también poner distancia de por medio. Está prohibido reunirnos, no debemos visitar a los amigos, ni a la familia. No podemos desplazarnos libremente de un lugar a otro. Está prohibido ir al café, ni hablarnos de cerca, ni siquiera tocar a otra persona, ni comprar comida preparada, porque el virus no está en el aire, lo portamos las personas y lo transmitimos.

Quienes no cumplan con el confinamiento serán multados con una infracción de entre 135 a 500 euros, equivalentes de 3 mil 406 pesos a 12 mil 667 pesos.



Para no volvernos locos encerrados, tenemos derecho a salir a correr o hacer bicicleta, pero solos, no en pareja, ni en grupos y sin cruzar a nadie. Podremos hacerlo solo en un radio de 500 metros a la redonda de nuestra casa.

La noche del lunes, un mensaje del gobierno llegó a mi teléfono y al de mi marido también:

“Alerta Covid-19: El Presidente de la República ha anunciado reglas estrictas que usted debe imperativamente respetar para luchar contra la propagación del virus y salvar vidas. Las salidas están autorizadas solo con una atestación y únicamente por su trabajo, si no puede teletrabajar.  También por motivos de salud o por compras esenciales”.

La mañana de este martes la Gendarmería y los militares patrullan las calles de París, Lyon y todas la regiones del país para controlar la circulación de las personas. Aquellos que no cuenten con la atestación descargada de la página de internet del Gobierno de Francia será infraccionados con 135 a 500 euros.

Los patrones debe firmar una attestation para que los empleados que no puedan hacer tele trabajo se desplacen a sus oficinas o lugares laborales.

Son medidas radicales y estrictas. Pero el mismo comportamiento de los franceses ha obligado de alguna forma a ello.



El viernes pasado, el último día de libertad, en el colegio donde trabajo como asistente educativa, mis alumnos llegaron con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Vacaciones, sí!

Muchos planeaban lo que harían estos días:

-Yo voy a salir con mis amigos, iremos al Macdo (Mac Donald), no vamos a quedarnos encerrados. Vamos a ir a pasear por el puerto, a andar en patineta, seguro iremos a la playa.

Algunos de mis colegas no podían ocultar cierta felicidad en sus rostros.

- ¿Estas contento verdad?

-Sí ja ja ja… voy a ir al gimnasio para ponerme en forma. Tal vez vaya al sur a visitar a mi familia.

El carácter rebelde de los franceses salía a relucir como el cobre.

-Yo no voy a quedarme encerrado en mi casa. Me vale yo voy a salir. Están exagerando. Los que estamos en buena salud no tenemos riesgo.

Ese sentimiento de libertad y la actitud pénible de algunos, no iba a tardar mucho….

El sábado por la noche, otra ducha fría. El primer Ministro, Édouard Philipe anunciaba el cierre de todos los negocios y comercios que no fueran esenciales para la vida cotidiana del país. Solo los supermercados, las farmacias, las gasolineras estarían abiertos. Los eventos, conciertos, museos, atractivos turísticos se han cerrado desde hace semanas

Nuevamente el llamado de atención a los franceses.

-Hoy vi a muchas personas en los cafés y en los restaurantes y es lo que no debemos hacer por varias semanas. Respeten las consignas.

El fin de semana en la mayor parte del país hubo tiempo soleado.

Muchos parisinos salían a pasear en los parques, a sentarse en el pasto, a caminar por el río Sena, a seguir su vida como si nada pasara. No los culpo, París es una ciudad muy difícil a sobrellevar si se radica allá. Es gran ciudad con mucha densidad poblacional, llena de estudiantes y empleados, no hay mucho espacio para aislarse y no cruzar personas.

Además, los departamentos son muy pequeños, algunos son una burla con 11 metros cuadrados. Los más pasables tienen unos 30 metros cuadrados. La gente que trabaja casi nunca está en sus departamentos. Los estudiantes pasan su tiempo en la Facultad, muchas personas solo llegan a dormir.

Las familias, con niños, viven en los barrios más alejados o en los banlieu. En esas colonias llenas de edificios con pequeños departamentos, tipo Infonavit de Agua Santa.

Nosotros que vivimos en el Finister, en la Bretaña, tenemos más espacio. La densidad poblacional es menor. No estamos lejos del campo. Las casas son individuales y más espaciosas, casi todas tienen jardín. Los conjuntos de departamentos como la banlieu parisina, están en los extremos de la ciudad. Ahí viven muchas personas de origen magrebí o demandadores de asilo.

Reconozco que nosotros también nos escapamos de la casa el fin de semana. Hacía un sol brillante, poco frecuente en esta lluviosa región. Salimos un rato para caminar por la playa con el niño y los perros. Después de estar encerrados tres días y con un niño en casa, necesitábamos aire.

Nos fuimos a la playa de Musterland donde normalmente no cruzamos gente. Pero cuando llegamos al parking, vimos que muchas personas también habían tenido la misma idea que nosotros. Era como un día de vacaciones.



Las terminales camioneras de París y Lyon estaban llenas de viajeros. Querían huir de la urbe para regresar a sus regiones de origen y refugiarse en la casa familiar. Nadie quiere quedarse encerrado en esos mini departamentos parisinos. La orden de guardar distancia entre unos y otros, obviamente no era respetada de ninguna manera. Seguramente en esta región recibiremos la oleada parisina que se deja venir normalmente en vacaciones. No sabemos si algunos estén infectados y lleguen a contagiar a sus padres o a sus abuelos.

En los bar-tabac había largas filas de personas que iban a surtirse de su dotación de cigarros. De alguna forma trataban de respetar la distancia mínima de un metro. Pero adentro uno que otro cliente tomaba su café tranquilamente en compañía de sus amigos.

Las farmacias están llenas. Los clientes hacen filas para entrar, guardando la distancia de un metro mínimo. El paracetamol es el medicamento más comprado. Si las personas compran en grandes cantidades podría haber desabasto.

En los super mercados la gente va a hacer sus compras tranquilamente. La pasta, la harina, el arroz y los enlatados, son los productos más demandados. Hay más clientes de lo habitual. Tratan de guardar la distancia entre unos y otros, pero para las cajeras no es el caso, deben cruzar más personas estos días.

No hemos llegado al nivel de Italia, donde un policía controla la entrada del super mercado y los clientes hacen una fila para entrar de cuatro en cuatro. Si la epidemia sigue avanzando como hasta ahora, seguro tomaremos estas y otras medidas más radicales.

Anoche Macron salió en cadena nacional. Más de 35 millones de telespectadores presenciaron el mensaje del mandatario. Fue el más visto de los últimos tiempos en el país.

Visiblemente molesto reconoció que muchos ciudadanos no respetábamos las consignas y nos paseábamos por los parques, cafeterías, como si en el fondo nuestra vida no hubiera cambiado.

-No solamente ustedes no se protegen, tampoco protegen a los otros, aún si no presentan ningún síntoma, corren el riesgo de transmitir el virus. Aún si no presentan ningún síntoma corren el riesgo de contagiar a sus amigos, padres, a sus abuelos y poner en riesgo a sus seres queridos...

Macron ordenaba también medidas económicas para garantizar que las pequeñas empresas en dificultades no paguen los impuestos, ni las cargas sociales. Ordenó un subsidio de 45 mil millones de euros para congelar sus créditos, sus alquileres, el gas y la energía eléctrica.

Para los empleados que no puedan dejar de trabajar, recibirán el chômage parcial, la pensión de desempleo equivalente al 90 por ciento del salario.

Las consecuencias económicas serán absorbidas por el gobierno, pero los ciudadanos debemos hacer un esfuerzo por quedarnos en casa, dijo.

Tras el mensaje de Macron, las calles están tranquilas en la mayor parte del país. Para mala suerte de los franceses está semana la Météo prevé tiempo soleado y despejado, incluso en la Bretaña.

Todo luce calmado. Casi no hay autos en la calle. El bus pasa de vez en cuando, casi vacío.



En mi casa, normalmente cuando hay mal clima o son las vacaciones de invierno, sin darnos cuenta nos quedamos tranquilos por días. Pero desde que sabemos que a partir de ahora está prohibido salir, nos sentimos un poco tensos.

Desde ayer me duele un poco la cabeza y el sábado pasado tuve un poco de dolor de garganta. He tomado paracetamol para aligerarlo. No quiero paniquear. Mi hijo tiene una tos muy ligera. Mi marido es alérgico a la Bretaña y desde que regresamos a Francia hace tres años, todos los días estornuda y tose.

No podemos ir al médico de momento. Nos han pedido no saturar los servicios de salud si tenemos un padecimiento ligero. Tendremos que quedarnos tranquilos en casa y si nuestros síntomas se agravan, pediremos una consulta médica con nuestro médico tratante, ya sea por tele consulta (internet) o ir directamente al gabinete medical. Creo que vamos a estar bien.

No tenemos mascarillas o cubre bocas. El gobierno prohibió la venta de este producto desde hace 15 días. Ahora sólo los doctores pueden otorgarlos en una consulta médica, si se tienen síntomas. Anoche Macron anunció que este producto volvería a resurtirse en las farmacias y estará disponible en venta libre.

En la televisión pasan programas viejos. Es casi chocante ver esas escenas con muchas personas en un solo lugar, ça me gêne. Los canales de noticias nos bombardean todo el día con la cobertura del Coronavirus y las críticas de los adversarios políticos del Macron por tomar medidas tardías, la recesión económica que se avecina, las recomendaciones de los médicos. El tema es inagotable. Estamos en guerra...