Te puede interesar:
Poblanos son llevados por su fe hasta la Villa de Guadalupe
Sociedad
Aunque esta semana habrá temperaturas bajo cero durante la madrugada, la devoción de los peregrinos poblanos los hará caminar kilómetros sobre la autopista México-Puebla
El termómetro marcará temperaturas bajo cero durante la madrugada, pero es tal la devoción de Juan por la virgen de Guadalupe, que está dispuesto a aguantar el frío y caminar kilómetros en relevos sobre la autopista México-Puebla con los peligros que ello implica.
Cómo él, cientos de peregrinos tienen en La Villita del Paseo Bravo su primera escala antes de llegar al Santuario de la Virgen en la Ciudad de México. En este templo se conglomeran frente al altar mientras el párroco rocía agua bendita sobre sus cabezas.
Escala y destino
Juan habla tan solo unos momentos mientras camina entre los puestos de comida y artículos navideños colocados sobre la avenida Reforma hacia los vehículos de los que saldrán sus relevos, que iniciaron su peregrinar en Tepeaca. Se trata del segundo viaje de este guadalupano de unos treinta años que transmite a su familia su fervor religioso.
Te puede interesar:
Poblanos son llevados por su fe hasta la Villa de Guadalupe
Apenas repara en los dramáticos cambios de clima que afectan al centro del país en la última semana. Su peregrinaje recién comienza. Caminará acompañado de otros devotos de su municipio por una de las autopistas más peligrosas y cuando llegue a la Ciudad de México después de 150 kilómetros su esfuerzo no será recompensado por mejores condiciones del clima.
“Sí hace frío pero vamos con devoción a ver a la virgencita”, afirma convencido quien porta una playera con una plegaria para que su camino sea iluminado.
Es 11 de diciembre. En vísperas de una de las celebraciones religiosas que más acentúan la identidad mexicana los peregrinos entran y salen constantemente. El templo se ha convertido escala para unos y destino para otros.
Jóvenes creyentes
Te puede interesar:
Visitan miles a la Virgen de Guadalupe y piden mejor futuro
David González de 13 años forma parte de un grupo de jóvenes provenientes de Huehuetlán El Grande. Antes de entrar al templo construido para la veneración de la virgen, confiesa que viene a hacerle plegarias para él y su familia.
Es la primera vez que este adolescente llega a La Villita. Salió desde las 8:00 horas de su municipio, cercano a Puebla capital. Ataviado con una playera gris que además de la imagen religiosa tiene rotulado el nombre de su lugar de origen, escuchará una de las misas que cada hora se ofician en el templo.
Luego regresará a casa donde la veneración guadalupana se prolongará durante la noche y todo el 12 de diciembre.
Plegarias y regalos
El atrio del templo está adornado con arreglos florales. Los feligreses han traído a la virgen adornos con globos que colocan en el altar. “I love you” se alcanza leer en el frente de uno de estos objetos de color rojo con los que se han formado arcos alrededor de la imagen.
Se celebrarán misas durante todo el día y la adoración a este símbolo se extenderá durante la noche. Habrá oración nocturna, mañanitas y misas de gallo en este y otros templos de la ciudad de Puebla.
De la fe a la celebración
En otro rincón del templo una devota carga a su hijo en brazos. El niño de dos años fue vestido como San Juan Diego, representación del fervor religioso. Viste de manta, guaraches y un pequeño sombrero. Su cara ha sido delineada con un tenue y prematuro bigote.
Ajeno a las razones de la ocasión, el niño observa el interior de la iglesia repleto de adornos y de imágenes. Su madre no para de rezar mientras lo carga. Luego se acerca al párroco para recibir la bendición y un poco de agua bendita.
Junto al altar una mujer de avanzada edad reza hincada durante algunos minutos. Su hijo yace expectante detrás de ella. Más tarde la ayuda a erguirse y le toma una fotografía para el recuerdo.
De regreso al exterior los feligreses se encuentran con los puestos de ambulantes que pululan en las calles cerradas. Allí convierten su fe en celebración, mientras comen antojitos y su devoción convive con el ruido urbano y una extraña sensación de inseguridad.
[relativa1]
[relativa2]