Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

Economía

Latinoamérica, una región de jóvenes emprendedores

En los últimos cuatro años, 19% de las empresas nuevas de América Latina y el Caribe tenían detrás a una persona menor de 35 años

Latinoamérica, una región de jóvenes emprendedores

Un 60% de los trabajadores de América Latina son autónomos o trabajan en empresas pequeñas. Ante las dificultades de conseguir empleo a una edad temprana, no son pocos los jóvenes que deciden transitar la senda de emprender, de abrir su propio negocio.

Un artículo del Banco Mundial dice que en los últimos cuatro años, 19% de las empresas nuevas de América Latina y el Caribe tenían detrás a una persona menor de 35 años.

Pero casi nunca es un camino libre de obstáculos. Hablamos con jóvenes emprendedores sobre las dificultades que han encontrado para arrancar y que, en muchos casos, los ha llevado incluso a desistir del sueño de crear su propia empresa.

El financiamiento

“Tuve que hacer un pitch a una de las empresas de inversión más grandes en Barbados, que buscaba jóvenes innovadores”, cuenta el emprendedor digital Justin Quinlan.

“Entro a la sala de conferencia y todos ahí tenían entre 50 y 60 años”, recuerda.

Para Quinlan, era claro que en ese rango de edad iba a ser difícil convencer a su audiencia de las ventajas de invertir en un negocio digital o del potencial de crecimiento de su empresa. La dificultad, entonces, era empezar por convencer a los inversionistas potenciales que, a veces, no conocen el mercado al que se dirige un producto.

Especialmente en América Latina y el Caribe, donde existe un rechazo cultural al fracaso empresarial. Esto desanima a los emprendedores jóvenes y hace que los inversionistas sean extremadamente cautos a la hora de financiar un proyecto.

“Estamos intentando crear algo que aún no existe en Jamaica, pero he experimentado que hay reticencia a invertir si uno no entiende completamente de lo que se trata la empresa”, explica Roxanne Wanliss, fundadora de la empresa jamaiquina MeAGo.

En la otra cara de la moneda, el emprendedor argentino Carlos Balestra consiguió varias inyecciones de capital del gobierno cuando él y su socio lanzaron Cavok, su marca de tablas de kitesurf (tablas de surf impulsadas por el viento). Incluso con ese apoyo financiero, el tema del financiamiento y la sostenibilidad era un obstáculo que enfrentaba diariamente.

“Viví mucho tiempo como pobre. ¿Vos querés ser emprendedor? Vas a ser pobre los primeros años. Al principio es muy duro”, advierte Balestra.

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