Te puede interesar:
Robo hormiga, modus operandi en sexenio de Marín
Política
Marín ha dicho que la nueva dirigente del PRI tiene una línea de conducción política propia y que no representará a sus intereses
Foto Agencia Enfoque
Hace poco más de un mes, después de que Ana Isabel Allende rindiera protesta como dirigente del Comité Directivo Estatal del PRI en el auditorio del Complejo Cultural Universitario, una voz autorizada en el círculo de colaboradores del ex gobernador Mario Marín habló con este para tratar de hacerlo entrar en razón.
Consciente del ruido que generaba la hiperactividad pública del mandatario en el grupo gobernante, ya evidenciado a través de ciertos y habituales canales de comunicación política, este colaborador (más bien ex colaborador) se dio a la tarea de hablar con el oriundo de la mixteca para enumerarle las consecuencias negativas que vendrían si seguía haciéndose el aparecido en cuanto evento priista se realizara.
Cuentan que este personaje de "voz autorizada" logró estar frente a Marín para concretar su cometido, que, palabras más, palabras menos, le recomendó volver a ausentarse de la vida pública del estado para evitar reacciones coléricas ahí donde ya comenzaban a gestarse.
Intentando ser convincente, y a sabiendas de la testarudez del ex mandatario, el otrora colaborador le sugirió que, en caso de que nada pudiera evitar sus deseos de reincorporarse a la vida política del estado, al menos dejara de asistir a los actos públicos del partido y emitir declaraciones en ellos, y que en lugar de eso continuara su recorrido por pueblos y comunidades del interior para reencontrarse con la militancia.
Te puede interesar:
Robo hormiga, modus operandi en sexenio de Marín
No hizo caso.
Confiado en quién sabe qué cosa, extraviado de la realidad imperante en Puebla a partir de la tragedia electoral del PRI en 2010, o quizá aún invadido por la soberbia que difícilmente abandona a aquellos personajes que acumulan tanto poder durante el ejercicio de gobierno, Mario Marín ignoró las recomendaciones de su amigo.
No solo continuó sus encuentros con la población del estado, todos eventuales electores, sino que regresó una y otra vez a los actos priistas.
La tarde del jueves 23 de octubre, por ejemplo, acudió al evento organizado por el Instituto de Capacitación y Desarrollo Político y la Escuela Estatal de Cuadros, sí, el mismo que se convirtió en un fracaso como presunto destape de tiradores tricolores para la minigubernatura.
Esa vez Marín evadió a los reporteros presentes en el Centro Expositor.
No respondió a sus preguntas, pero tampoco hizo falta que lo hiciera.
Su sola presencia en el contexto de un nuevo episodio de beligerancia política generado desde la oficina de Ana Isabel Allende en contra del morenovallismo se vio como una agresión, y más, como una provocación.
Marín ha dicho en corto que, pese a lo que se afirme, la nueva dirigente del PRI tiene una línea de conducción política propia y que no representará en ningún momento a sus intereses.
Más o menos en ese tono también se ha deslindado ella de él.
Sin embargo, cuesta trabajo creerles.
Y es ahí donde radica el error de cálculo del ex mandatario.
La presidencia de Ana Isabel nació con el sello marinista.
Resulta difícil pensar que aquello que la diputada federal hace y dice en contra del grupo en el poder no emana del hígado de Marín, transmitido esto a través de un singular e influyente mensajero llamado Adolfo Karam Beltrán (influyente en el ánimo de la lideresa).
Por eso es que cada aparición pública en escenarios de guerra preelectoral como los actuales se interpreta como una afrenta y una burla del marinismo hacia sus sucesores.
La reacción era previsible.
Tolerar sus incursiones en terrenos vedados para ex mandatarios de reciente paso por el poder era tanto como claudicar por anticipado, y peor, sin oponer resistencia.
Marín olvidó trasladarse al pasado y pensar que él mismo no hubiese permitido una situación de idénticas características.
Violó las reglas no escritas.
Una omisión inexplicable para alguien de su experiencia política y que podría costarle la candidatura a diputado federal que quiere.
Tal vez creyó que el Comité Ejecutivo Nacional del tricolor estaría en condiciones de apostarle a su causa y defenderlo en caso de darse una confrontación.
Otra falla.
Será difícil presenciar una guerra (electoral) inmisericorde en el 2015 frente a los visos, cada vez más claros, de la celebración de un acuerdo político de conveniencias mutuas entre el huésped de Los Pinos y el de Casa Puebla.
Twitter: @jorgerdzc