Miércoles, 9 De Septiembre De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Tu vida digital es un trabajo de tiempo completo?

Estar siempre conectado no significa estar acompañado, FoMO y la presión de vivir disponibles

Carlos Anaya Moreno

CEO de Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas desde el año de 2010; y fundador de la Unión de Servicios Solidarios-Banco de Tiempo (2018). Se desempeñó como director General del Registro Nacional de Población de 2004 a 2010. Actualmente, es cofundador de metododelcaso.org y miembro de “Laicos en la Vida Pública”.  

Miércoles, Septiembre 9, 2026

Abres los ojos por la mañana y, casi automáticamente, buscas el teléfono. WhatsApp, correo, Instagram, Facebook, TikTok, grupos, mensajes, noticias, reacciones. Alguien escribió mientras dormías. Otro espera respuesta. Una fotografía recibió muchos “me gusta”. Alguien leyó tu mensaje... pero no contestó. Y entonces aparece una pregunta aparentemente inocente: “Si ya lo vio, ¿por qué no me responde?”

Bienvenidos a una de las paradojas de nuestra vida digital: nunca habíamos tenido tantas herramientas para comunicarnos y, al mismo tiempo, pocas veces habíamos sentido tanta presión por estar disponibles para los demás.

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La conexión se está convirtiendo en obligación

Las redes no sólo cambiaron la velocidad con la que hablamos. También modificaron las reglas sociales. Ahora podemos saber que alguien recibió nuestro mensaje, que lo leyó, que estuvo conectado e incluso que publicó una fotografía mientras nosotros seguimos esperando respuesta. La tecnología convirtió el silencio en información.

Una investigación de Federica Angelini y Gianluca Gini, publicada en Frontiers in Digital Health, siguió a 1,185 adolescentes en dos momentos separados por seis meses. Los investigadores distinguieron entre la presión de sentirse permanentemente disponible y la decepción que aparece cuando los amigos no responden como esperamos. La segunda resultó especialmente relevante para explicar conflictos posteriores entre amigos. (Angelini, F., & Gini, G. 2025).

Como explica Angelini: «La decepción por expectativas incumplidas en las redes sociales [...] predice con mayor fuerza el conflicto entre amigos» (Angelini, citada en Frontiers, 2025; traducción propia). Dicho de manera sencilla: no sólo nos estresa tener que responder. También nos estresa que no nos respondan.

“Me dejó en visto”

Hace unos años, que una persona no contestara podía tener decenas de explicaciones. Quizá no había visto el mensaje. Tal vez estaba fuera de casa. Hoy sabemos demasiado... pero tampoco sabemos todo. Vemos el “leído”, el punto verde o la última conexión. El problema comienza cuando convertimos esos datos en conclusiones emocionales: “no le importo”, “me está ignorando”, “está enojado conmigo”.

El psicólogo Kipling Williams lleva décadas estudiando el ostracismo. Su investigación muestra que sentirse ignorado o excluido puede afectar necesidades humanas muy básicas. Como resume: «Los episodios breves de ostracismo generan tristeza e ira y amenazan necesidades fundamentales» (Williams, 2007; traducción propia).

Pero atención: que alguien no responda inmediatamente no significa que nos esté rechazando. Ése quizá sea uno de los aprendizajes digitales que necesitamos desarrollar: recuperar la capacidad de tolerar el silencio sin interpretarlo automáticamente como abandono.

FoMO: cuando parece que todos viven mejor que nosotros

Luego está el famoso FoMO, Fear of Missing Out, que podemos traducir como “miedo a perderse algo”. Przybylski y sus colaboradores lo definieron como: «Una preocupación persistente de que otras personas puedan estar viviendo experiencias gratificantes de las cuales uno está ausente» (Przybylski et al., 2013; traducción propia).

El miedo a quedar fuera siempre ha existido. Lo nuevo es llevar en el bolsillo una máquina capaz de mostrarnos todo aquello de lo que estamos quedando fuera. Mientras trabajamos, alguien publica desde la playa. Mientras cenamos en casa, otros están en una fiesta. Cuando tenemos un mal día, aparece alguien celebrando “el mejor día de su vida”.

Y olvidamos algo elemental: estamos comparando nuestra vida completa con la selección editada de la vida de los demás. Vemos viajes, ascensos, bodas, cuerpos perfectos y restaurantes espectaculares. No vemos con la misma frecuencia las deudas, discusiones, inseguridades, fracasos o tardes aburridas. La vida de los demás también tiene un filtro.

¿Entonces las redes nos hacen infelices?

No necesariamente. Y éste es un punto fundamental porque abundan los discursos alarmistas. Un metaanálisis publicado por Ansari y colaboradores en 2024 reunió 51 estudios y 680,506 participantes. Sus resultados encontraron que el uso excesivo de redes sociales, entendido simplemente como cantidad o intensidad, no mostraba una asociación significativa con el bienestar subjetivo o psicológico. En cambio, el uso problemático sí presentaba una correlación negativa con ambos. (Ansari, S. et al., 2024).

La diferencia importa muchísimo. Mucho uso no significa automáticamente mal uso. Alguien puede pasar horas conectado porque trabaja, estudia o mantiene contacto con familiares. Otra persona puede utilizar las redes menos tiempo y, sin embargo, vivir obsesionada con quién respondió, cuántos “me gusta” recibió o qué están haciendo los demás. Por eso quizá deberíamos dejar de preguntar únicamente: “¿Cuántas horas pasas conectado?” Y empezar a preguntar: “¿Qué te pasa cuando estás conectado?”

Tenemos muchos contactos, ¿pero tenemos mejores vínculos?

Aquí aparece otro problema. Las plataformas son extraordinarias para producir contactos, pero contacto y vínculo no son sinónimos. Podemos tener 5,000 seguidores y sentirnos solos. Podemos recibir 300 felicitaciones de cumpleaños y no tener a quién llamar cuando atravesamos una crisis. Podemos recibir cientos de “me gusta” sin sentirnos verdaderamente queridos.

El sociólogo Pierpaolo Donati utiliza el concepto de bienes relacionales para referirse a realidades que sólo pueden existir mediante la relación con los demás. Los describe como bienes que: «Sólo pueden disfrutarse si se comparten con otras personas» (Donati, 2019; traducción propia). La amistad, la confianza, el cuidado y la intimidad funcionan así. Y aquí las métricas digitales pueden engañarnos. Los contactos se cuentan. Los vínculos se construyen.

Tal vez necesitemos aprender a desaparecer

En el ámbito laboral ya hablamos del derecho a la desconexión. Pero quizá necesitemos trasladar culturalmente esa idea a nuestra vida cotidiana. No como una ley para nuestras amistades, sino como una nueva regla de convivencia. Leer un mensaje no debería obligarnos a contestarlo inmediatamente. Estar conectado no significa estar emocionalmente disponible. Necesitar silencio no significa rechazar a alguien. Responder después también debería ser normal.

Porque hemos confundido dos conceptos que parecen similares, pero no lo son: disponibilidad y presencia. Podemos estar disponibles para veinte conversaciones y verdaderamente presentes en ninguna. Podemos cenar con nuestra familia mientras nuestra atención está repartida entre cinco grupos de WhatsApp. La disponibilidad es tecnológica. La presencia es humana.

Quizá la verdadera libertad digital no consista en poder hablar con cualquier persona, desde cualquier lugar y a cualquier hora. Tal vez consista en algo bastante más difícil: poder desconectarnos durante un rato sin sentir que, por hacerlo, estamos desapareciendo de la vida de los demás.

Te invitamos a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre el tema:

 

Referencias
Angelini, F., & Gini, G. (2025). Digital stress and friendship conflict in adolescence: The role of perceived norms and features of social media. Frontiers in Digital Health, 7, 1497222. Estrés digital y conflicto de amistad en la adolescencia: el papel de las normas y características percibidas de las redes sociales
Ansari, S., Iqbal, N., Asif, R., Hashim, M., Farooqi, S. R., & Alimoradi, Z. (2024). Social media use and well-being: A systematic review and meta-analysis. Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, 27(10), 704–719. Uso y bienestar de las redes sociales: una revisión sistemática y metaanálisis - PubMed
Donati, P. (2019). Discovering the relational goods: Their nature, genesis and effects. International Review of Sociology, 29(2), 238–259. Descubriendo los bienes relacionales: su naturaleza, génesis y efectos: International Review of Sociology: Vol 29, Nº 2
Przybylski, A. K., Murayama, K., DeHaan, C. R., & Gladwell, V. (2013). Motivational, emotional, and behavioral correlates of fear of missing out. Computers in Human Behavior, 29(4), 1841–1848. Correlatos motivacionales, emocionales y conductuales del miedo a perderse algo - ScienceDirect
Williams, K. D. (2007). Ostracism. Annual Review of Psychology, 58, 425–452. Ostracismo | Reseñas Anuales

 

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