La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) celebró su cumbre de jefes de Estado en Bishkek, capital de Kirguistán, del 31 de agosto al 1 de septiembre de 2026, coincidiendo con su 25 aniversario. Este encuentro se enmarca en un contexto de consolidación de bloques emergentes que desafían el orden unipolar liderado por Occidente. Como antecedente, los BRICS —agrupación que incluye a Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y nuevos miembros— han impulsado desde hace años una visión multipolar, promoviendo instituciones financieras alternativas, el uso de monedas locales y una mayor voz para el Sur Global. La OCS, fundada en 2001 por China, Rusia y naciones de Asia Central, y ampliada con India, Pakistán, Irán y Bielorrusia, complementa ese esfuerzo al enfocarse en seguridad regional, conectividad y desarrollo económico.
En Bishkek, bajo la presidencia de Sadyr Japarov, se reunieron líderes como Xi Jinping, Vladimir Putin, Narendra Modi y Masud Pezeshkian, entre otros. En el margen del evento, Putin y Xi reforzaron su “alianza estratégica”, calificada por el mandatario ruso como “un modelo de relaciones entre Estados”. Xi destacó la solidez de los lazos bilaterales y la necesidad de un mundo multipolar “igualitario y ordenado” ante la creciente incertidumbre internacional. La declaración de Bishkek, reafirmó el carácter no militar de la OCS, impulsó la cooperación en comercio (que supera los 400 mil millones de dólares entre miembros), energía, inteligencia artificial, logística y lucha contra amenazas de seguridad. China priorizó la Franja y la Ruta y la Iniciativa para el Desarrollo Global, proponiendo centros de cooperación en IA y proyectos tecnológicos. Los líderes también expresaron apoyo a la soberanía de Irán y preocupación por tensiones en Medio Oriente, mientras apostaban por el multilateralismo y la reforma de la gobernanza global.
Más artículos del autor
Los alcances de la cumbre son claros: fortalecer la integración euroasiática, diversificar el comercio más allá de las sanciones occidentales y proyectar un contrapeso práctico a estructuras como el G7. Con casi la mitad de la población mundial y una porción significativa del PIB global, la OCS avanza de la retórica a acciones concretas en conectividad e innovación.
Este bloque gana relevancia en un escenario donde Estados Unidos enfrenta un progresivo aislamiento relativo. Mientras la OCS y los BRICS consolidan alianzas pragmáticas en Asia y el Sur Global, Washington ve erosionarse la cohesión de socios tradicionales, incluida la Unión Europea, afectada por divergencias en política exterior, energía y comercio.