Luiz Inácio Lula da Silva nació el 27 de octubre de 1945 en el nordeste brasileño, en una familia campesina pobre de Pernambuco. Migró de niño con su madre y hermanos a São Paulo en busca de mejores oportunidades. Allí se formó como tornero mecánico en el Senai y trabajó en varias fábricas metalúrgicas. En los años setenta, impulsado por su hermano Frei Chico, ingresó al Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema. Elegido presidente del gremio en 1975, lideró las históricas huelgas del ABC paulista entre 1978 y 1979 contra la dictadura militar, movilizando a cientos de miles de trabajadores. Aquella experiencia lo convirtió en símbolo del nuevo sindicalismo y lo llevó a fundar el Partido de los Trabajadores (PT) en 1980. Su trayectoria sindical marcó su visión política centrada en la justicia social.
En la presidencia, durante sus mandatos de 2003 a 2010 y desde 2023, Lula impulsó programas sociales emblemáticos como Bolsa Família y Hambre Cero, que sacaron a decenas de millones de personas de la pobreza y generaron una nueva clase media. El país pasó de la decimotercera a la séptima economía mundial, pagó la deuda con el FMI y redujo el desempleo. Amplió el acceso a la educación con nuevas universidades federales y valorizó de forma real el salario mínimo. En su actual mandato ha registrado bajas históricas de desempleo, reducción de la pobreza extrema, reformas tributarias y avances en la lucha contra el hambre. Además, ha reforzado el papel internacional de Brasil en foros como el G20 y el Mercosur.
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El 16 de agosto de 2026, en el mismo estadio de São Bernardo do Campo donde encabezó las huelgas de los setenta, Lula arrancó su campaña por un cuarto mandato. “No voy a permitir que la derecha regrese al poder”, afirmó ante miles de simpatizantes, aludiendo a la gestión de la pandemia y a la necesidad de invertir en educación, salud y empleo. Encuestas lo muestran en empate técnico con Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente.
En un contexto en el que la derecha ha ganado terreno en Argentina con Javier Milei, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, Brasil se perfila como el último gran país sudamericano que podría mantener un gobierno de izquierda democrática. Un eventual cuarto período de Lula no solo consolidaría su legado de inclusión social y reducción de desigualdades, sino que marcaría un contrapeso a la ola conservadora regional.