Las redes sociales se han convertido en espacios cotidianos para tener diversión, buscar noticias, expresar opiniones y construir vínculos. Sin embargo, también están diseñadas alrededor de señales breves y cuantificables de aprobación “me gusta”, comentarios, seguidores, visualizaciones y notificaciones. Estas señales no son emocionalmente neutras. La investigación neurocientífica muestra que el cerebro procesa buena parte de esta retroalimentación social mediante circuitos relacionados con la recompensa, la motivación y el aprendizaje. Esto ayuda a explicar por qué revisar una aplicación puede convertirse en un hábito difícil de interrumpir.
El sistema de recompensa no es un único “centro del placer”, sino una red de regiones que permite detectar estímulos valiosos, anticiparlos, aprender de ellos y orientar la conducta para volver a obtenerlos. Entre los circuitos cerebrales involucrados están los relacionados con las emociones, la atención y la toma de decisiones. Es relevante que es la dopamina, una sustancia cerebral, la cual participa de manera importante en señalar que algo es inesperado o potencialmente valioso. No equivale simplemente a “placer, pero también contribuye a la motivación y a aprender qué conductas conviene repetirse.
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Debemos considerar de manera preponderante que la aceptación, el reconocimiento y la pertenencia son recompensas sociales. Durante miles de años, detectar la aprobación o el rechazo del grupo fue útil para mantener relaciones y cooperación. Las plataformas digitales traducen estos procesos en signos visibles, rápidos y comparables, de tal forma que un “me gusta” puede funcionar como una pequeña señal de aprobación; mientras que un comentario negativo o la ausencia de respuesta puede interpretarse como una señal de rechazo o de incertidumbre. Los estudios cerebrales en los cuales se emplea la resonancia magnética funcional permiten observar cambios en la actividad cerebral asociados con estas experiencias. Por ejemplo, investigaciones que simulan el uso de la aplicación Instagram han mostrado que al recibir una gran cantidad de “me gusta”, se asocian con actividad de las células nerviosas (neuronas) en regiones vinculadas a la recompensa. Esto sugiere que la participación de las redes del cerebro no se limita a buscar aprobación y sentirse comunicado con otros, sino que también pueden resultar gratificantes.
Vale la pena destacar que importan factores como la edad, la personalidad, la relación con quien emite el comentario, el tipo de contenido y si la persona publica o solo observa. Por ello, sería incorrecto afirmar que un “me gusta” genera siempre la misma respuesta cerebral o que actúa igual en todas las personas. Un elemento particularmente importante es la imprevisibilidad, esto es tener la expectancia que algo va a pasar, ya que, en la psicología del aprendizaje, se ha mostrado que las recompensas variables e inciertas tienden a sostener la repetición de una conducta. Cuando abrir una aplicación produce a veces una recompensa social y otras veces no, se fortalece la expectativa de que “tal vez ahora sí” aparezca algo relevante. Así, el acto de desbloquear el teléfono o bien actualizar el contenido puede convertirse en una respuesta automática ante el aburrimiento, la ansiedad o una pausa breve.
Dado que las personas no solo reciben señales de aprobación, sino que evalúan continuamente su propia posición frente a los demás de buscando el reconocimiento a través de las redes sociales. Este proceso puede afectar la autoestima y el estado de ánimo, en especial cuando predomina el consumo pasivo, la comparación desfavorable o la búsqueda constante de validación externa. En adolescentes, esta cuestión merece atención adicional, ya que la sensibilidad a la aceptación de otros jóvenes juega un rol importante y el desarrollo de capacidades de autorregulación es más limitado que en un adulto.
Por otra parte, es posible que algunas características previas, por ejemplo, una mayor búsqueda de recompensa, de ser impulsivo, o bien la soledad o síntomas de ansiedad, tengan en ciertas personas más vulnerables al uso compulsivo de las redes sociales. Es por esto que el uso problemático de las redes se define más por sus consecuencias que por el número exacto de horas: pérdida de control, interferencia con el sueño, estudio, trabajo o relaciones; o el malestar que produce al intentarse reducir su uso; y sobre todo la persistencia de su uso pese a sus efectos negativos. La evidencia actual muestra similitudes parciales con mecanismos de las adicciones conductuales, pero todavía no permite concluirse que toda utilización intensa de redes constituya una enfermedad cerebral. Es importante desactivar notificaciones no esenciales, establecer momentos sin teléfono, evitar el uso de su celular antes de dormir y sustituir parte del tiempo de pantalla por interacción cara a cara, los cuales reducen las oportunidades de revisión automática y disminuyen su ansiedad. Es bueno determinar cuánto tiempo se va a gastar en redes sociales y evitar hacerlo fuera de ese horario.
En conclusión, las redes sociales aprovechan una necesidad humana genuina que es la de ser vistos, valorados y estar conectados con la gente que le importa a usted. Su retroalimentación puede activar sistemas cerebrales implicados en la recompensa social y reforzar hábitos de consulta repetida, especialmente cuando las recompensas son variables como son el número de veces que le gusta a los demás lo que usted ha puesto en su página. No obstante, los resultados científicos deben interpretarse con cautela ya que la relación entre redes del cerebro y la salud mental dependen del contexto, de las características individuales y de la forma de uso de los dispositivos electrónicos. La mejor respuesta no es demonizar la tecnología, sino desarrollar un uso consciente que preserve la autonomía, el sueño, los vínculos presenciales y la salud emocional. Así que amable lector aprenda a usar sus redes sociales y mantenga siempre un juicio crítico de lo que ahí pasa. Es importante limitar su uso en los infantes, ya que en ellos no se ha completado el desarrollo del cerebro y la estimulación constante no ayuda a que pueda tener un perfeccionamiento del circuito de recompensa. Por último, dialogue con sus hijos que las redes sociales son espacios que aportan poco y que están llenos de muchas noticias que deben ser corroboradas. Por lo que definir su red social es fundamental.