A lo largo de la vida los humanos liberamos a través de la superficie de la piel diversos compuestos orgánicos volátiles que nos proveen de olores característicos. Quién no recuerda el olor de un joven en la pubertad. En un reciente artículo de la revista Sensors el Dr. Iitani y sus colaboradores reportan cómo hicieron un dispositivo denominado sistema opera como un “olfateador” (bio-sniffer), que permite detectar olores característicos, con lo cual pueden medir una señal química liberada por el cuerpo y de esta forma poder de manera no invasiva los cambios relacionados con la edad; así en personas de la tercera edad fueron capaces de caracterizar al trans-2-nonenal como una sustancia que se produce en la piel de las personas mayores .
De hecho, el trans-2-nonenal es un aldehído volátil cuyo olor se ha descrito como graso y herbáceo. Estudios previos lo han relacionado con el olor corporal que aparece con mayor frecuencia después de los 40 años, y esto se debe a que se oxida el sebo particularmente los monoinsaturados denominados omega-7, como los ácidos palmitoleico y vaccínico, los cuales al mezclarse con el oxígeno del aire producen trans-2-nonenal; por lo que este compuesto graso podría ser un posible marcador químico del envejecimiento. El “olfateador”combina biología, química y tecnología óptica, ya que emplea la luz ultravioleta para que al interaccionar con la muestra emitió fluorescencia que puede medirse empleando diversas sustancias y de esta forma lo que permite relacionar el cambio de intensidad luminosa con la cantidad de trans-2-nonenal detectando evaluar concentraciones tan bajas como entre 0.4 y 7.5 partes por millón (ppm). Este intervalo es especialmente importante porque incluye concentraciones previamente descritas para el trans-2-nonenal emitido por personas de 40 hasta los 70 años.
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Al hacer pruebas preliminares con seis personas: cuatro de ellas en la década de los veinte años y dos de más de cincuenta años frotando con un algodón humedecido con alcohol en distintas zonas de la piel como son la región posterior de la oreja, la axila o el hombro, empleando el “olfateador”, la señal fluorescente obtenida fue del doble en los mayores de 50 años respecto de los veinteañeros. Las mayores diferencias se encontraron en las muestras obtenidas por detrás de la oreja, una región rica en glándulas sebáceas y con una secreción más activa de sebo. Quién lo hubiera previsto, tenían tanta razón nuestras madres al salir del baño, que insistían te duchaste bien y uno respondía sí claro, para de inmediato preguntar y te lavaste bien ¿atrás de las orejas? ¡Madres sabias!, tenían claro dónde teníamos más grasa, más durante la pubertad con los cambios hormonales, ¿recuerdan el acné juvenil?
El sistema “olfateador” es muy atractivo porque, a diferencia de una medición aislada en un laboratorio es más barato, transportable y de más fácil acceso. De tal forma que se pueden registrar cambios de concentración a lo largo del tiempo, los autores ya han logrado hacerlo durante tres horas continuas, aunque todavía se necesitan experimentos para conocer su duración máxima. Si se mejora la sensibilidad del “olfateador”, y se incorpora una celda al equipo de fluorescencia capaz de recoger directamente los gases emitidos al oxidarse trans-2-nonenal de la piel, sería posible estudiar cómo cambian estos compuestos durante el día, con la actividad física, la higiene, la alimentación, los cambios hormonales y desde luego el propio envejecimiento. A futuro se podría construir una “nariz electrónica” bioquímica que podría medir todo el día el trans-2-nonenal o porque no incorporarlo en un reloj inteligente. Sin embargo, hasta ahora el estudio no demuestra que el “olfateador” puede determinar la edad de una persona, diagnosticar envejecimiento biológico, ni identificar enfermedades. Eso requiere de más investigaciones, pero se tiene una base que permitirá continuar en una ruta de un marcador de cómo estamos con tan solo un poco de sebo de nuestra piel.
Es por esto, que el trabajo de Iitani y colaboradores muestra cómo una característica cotidiana —el olor corporal— puede convertirse en una ventana hacia procesos químicos del organismo. Su principal aportación es el desarrollo de un biosensor óptico midiendo gases emitidos a partir del trans-2-nonenal en la piel humana. Las diferencias observadas entre personas en sus veinte y cincuenta años son prometedoras, pero preliminares. Más que una herramienta lista para uso clínico, este “olfateador” representa una prueba del concepto de un sensor, la cual abre la posibilidad de medir de forma sencilla y continua moléculas volátiles producidas por la piel y estudiar su relación con el metabolismo, el estado hormonal y el envejecimiento. Esta es una clara demonstración que para tener resultados relevantes en ciencia y tecnología se requiere de financiarlos por varios años hasta que las investigaciones iniciales puedan transitar a una patente, y desde esta pensar en un desarrollo tecnológico que pueda generar un equipo nuevo que podamos usar todos. Es muy importante, tener un sistema de investigación científica, tecnológica y de innovación sólido para que se tengan nuevos equipos que mejoren nuestra vida, o nuevas herramientas de diagnóstico. Debemos de crecer el talento en el país, es el camino para un desarrollo económico futuro.