Hay algo que en Puebla ya no puede esconderse detrás de discursos, giras, fotografías ni anuncios espectaculares: en muchas colonias, abrir la llave se ha convertido en: a veces sale agua, a veces sale aire y muchas veces no sale nada.
Actualmente, mientras miles de familias tienen que hacer cuentas para comprar una pipa, almacenar agua o simplemente esperar a que salga una gota de agua de la llave, el gobierno de Morena parece haber descubierto que la necesidad también puede convertirse en propaganda.
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Porque ahora sí hablan de agua.
Ahora sí hay recorridos.
Ahora sí hay anuncios.
Ahora sí aparecen funcionarios prometiendo soluciones.
¿Y dónde estuvieron durante todos estos años?
Porque aquí hay algo que no podemos perder de vista, es que el problema de agua en Puebla no nació ayer. La concesión de Agua de Puebla lleva una década operando y SOAPAP, como organismo público, ha tenido durante todos estos años responsabilidades de vigilancia, evaluación y seguimiento.
Y los números son los que deberían preocuparnos.
En la comparecencia del pasado 07 de julio, se discutía sobre la evaluación correspondiente al décimo año de la concesión, SOAPAP reportó que Agua de Puebla únicamente cumplió 9 de los 31 estándares de desempeño evaluados. Es decir, 22 estándares no fueron cumplidos.
No lo estoy diciendo yo, lo dijo el propio organismo público que debe vigilar el servicio.
El gobernador incluso ha acusado a la concesionaria de incumplir compromisos de inversión y ha anunciado acciones legales para buscar su salida.
Entonces vienen las preguntas incómodas:
¿Dónde estuvieron las sanciones?
¿Qué hizo SOAPAP durante todos estos 8 años?
¿Por qué se permitió que una concesión llegara a su décimo año con semejante nivel de incumplimiento?
¿Y por qué el Gobierno del Estado pretende presentarse ahora como el gran salvador del problema?
Porque si la autoridad sabía que había incumplimientos, ¿por qué esperó hasta que la crisis se volvió políticamente rentable?
Y aquí está el verdadero problema.
No basta con llevar una pipa a una colonia, tomarse una fotografía y anunciar que el gobierno está resolviendo el desabasto como lo hace la Secretaria de Bienestar. Eso puede aliviar una emergencia, sí, pero no sustituye diez años de vigilancia, inversión, mantenimiento y cumplimiento de obligaciones.
Porque los ciudadanos no quieren discursos, quieren abrir la llave y que salga agua potable.
Y, sobre todo, necesitan saber por qué quienes hoy presumen estar preocupados por el agua no hicieron absolutamente nada cuando tuvieron la responsabilidad de hacerlo.
Los ciudadanos no quieren que les expliquen quién tiene la culpa, pues tienen la necesidad de agua potable en sus casas.
Eso es lo que parece olvidar el gobernador del estado: el agua no es una dádiva del gobierno, es un derecho que debe garantizar.
Quién falló: ¿la empresa, el organismo que debía vigilarla o el gobierno que durante años permitió que esto ocurriera?
Lo que no se vale es que ahora Morena quiera borrar la historia y presentarse como la solución de un problema que lleva años creciendo y que no ha sido atendido.
Y si el gobierno realmente quiere resolverlo como lo ha señalado el Ejecutivo Estatal, que deje de administrar la crisis para las cámaras y empiece a rendir cuentas ante los ciudadanos.
Que audite.
Que sancione cuando corresponda.
Que obligue a cumplir.
Que transparente cada peso invertido.
Y que explique por qué tuvieron que pasar años para que el problema del agua se convirtiera en prioridad.
Porque una cosa es atender una emergencia y otra muy distinta es hacer política con la emergencia.
Y cuando la necesidad de una familia se convierte en escenario para promover funcionarios, entonces la pregunta deja de ser solamente cuándo llegará el agua.
La pregunta es:
¿Cuánto tiempo más pretende Morena convertir la necesidad de los poblanos en propaganda política?
El gobernador tiene hoy una oportunidad que va mucho más allá de Puebla: demostrar si su gobierno entiende el agua como un derecho humano o como una herramienta política. Porque si la necesidad de agua puede convertirse en propaganda, mañana puede ser la salud, la seguridad o cualquier otra carencia de los ciudadanos. Y entonces el problema dejará de ser solamente la falta de agua. El verdadero problema será que un gobierno haya aprendido a hacer política con las necesidades de la gente.