Ante la negativa de detener al exgobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya por parte de las autoridades federales encabezadas por la Presidenta de la República, alegando que la solicitud enviada por una “oficina” del Departamento de Justicia de los Estados Unidos solo se trata de una petición de captura urgente sin pruebas y no de un proceso formal de extradición, tal como lo dio a conocer desde Palacio Nacional durante la mañanera del pueblo del pasado 16 de junio, el presidente de los Estados Unidos aprovechó la Cumbre del G7 celebrada al día siguiente en Francia para arremeter nuevamente en contra de la jefa de Estado y de Gobierno de México, subiendo gradualmente el tono de sus palabras.
En esta ocasión manifestó que “México ha perdido el control de su país. Los cárteles controlan México. Es triste. La presidenta es una mujer muy buena, pero está asustada”, pero antes contextualizó su declaración en torno al flujo de drogas de territorio mexicano hacia su país y que por esa razón sus esfuerzos se concentrarán en la vía terrestre.
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Solo le faltó poner de ejemplo lo sucedido en Venezuela con el caso de uno de los líderes del Tren de Aragua que fue abatido el 12 de junio de este año en el estado de Bolívar en una operación militar dirigida por Estados Unidos.
El mensaje del presidente estadounidense emitido en el marco de la reunión del G7 fue precedido por las declaraciones de la Directora de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de los Estados Unidos Sara Carter, en el sentido de que su país irá en contra de los funcionarios que protegen al narcotráfico: “Vamos por ustedes, si no cooperan con nosotros, los vamos a poner en la mira y se van a arrepentir”.
Remató diciendo que en el caso del abatimiento del fundador y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes (a) “El Mencho”, ellos (Estados Unidos) pusieron la inteligencia para su ubicación y que las autoridades mexicanas solo fueron por él, quizá tratando de equiparar su caso con el del Tren de Aragua.
Todo lo anterior tiene como origen las reiteradas declaraciones de la presidenta de la República respecto de que quien solicitó la detención provisional con fines de extradición del exgobernador de Sinaloa y nueve personas más (la mayoría exfuncionarios de la administración de Rubén Rocha Moya), fue una “oficinita” del Departamento de Justicia y no de parte del gobierno de los Estados Unidos.
Por si eso no fuera suficiente, el martes pasado todavía la titular del Ejecutivo Federal retó desde Palacio Nacional diciendo que “si Estados Unidos no entrega las pruebas puede rechazarse esa solicitud de detención urgente, independientemente de la investigación que lleve a cabo la Fiscalía” ya que no se trata de un proceso formal de extradición sino solo de una captura.
Al respecto habrá que recordar dos cosas, la primera, para que se inicie un proceso de extradición primero tiene que ser detenida la persona referida en la “solicitud de detención provisional con fines de extradición”, es decir si no está detenida obviamente no se puede iniciar.
La segunda, si hay alguien rencoroso y vengativo en funciones de jefe de Estado ese es Donald Trump y tarde o temprano la liga se podría reventar, más por la burla que por la negativa de la Presidenta de México de detener a las ocho o nueve personas requeridas por el gobierno de Estados Unidos, provocando una acción unilateral de consecuencias de pronóstico reservado.
Como colofón habría que agregar las declaraciones del vicepresidente de Estados Unidos JD Vance que anoche señaló que su país “se reserva el derecho” de atacar a los cárteles en México, enfatizando en que no es lo que quieren hacer y que preferirían trabajar con el gobierno mexicano para disminuir el poder de dichos grupos delictivos antes que cualquier otra cosa.
Este tipo de declaraciones evidencian que la paciencia se está acabando y es cuestión de tiempo para que haya alguna sorpresa, ojalá antes haya un acuerdo entre las partes, por doloroso que este sea.
No estoy seguro, pero así como para el Mundial de Futbol las apuestas corren por doquier, es probable que alguna casa dedicada a este tipo de actividades ya esté apostando a quién será el primero de los funcionarios mexicanos que los americanos pondrán en la mira más allá de los diez primeros.