Recuerdo el día que mis padres me regalaron mi saxofón. Tenía catorce años. Envuelto en una cobija de bebé, mis papás querían hacerme la broma de creer que estaba cargando a mi hermanito. Cuando me lo dieron en brazos, con sorpresa, lo destapé y no lo podría creer: su cuerpo brillante y frío estaban entre mis manos, tal y como si de un bebé recién nacido se tratase.
Lo miré embelesada y grité de la emoción, acto seguido fui a ver cómo colocar la boquilla, la caña y hacerlo sonar. 17 años después de tocar saxofón… aún lo sigo intentando. Creo que ni mis padres ni yo lo sabíamos, pero esa escena sigue siendo una de las mejores analogías de mi vida… Me dieron una vida envuelta en esas cobijas.
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Con el paso de los años, algunas personas me preguntan si mis padres son músicos, o si me habían obligado a tocar un instrumento. La historia es graciosa en realidad, porque todo empezó por Los Simpson (dibujos animados que siguen siendo mis favoritos). Solía verla en la casi difunta televisión abierta, en donde con un buen vaso de Choco Milk y un delicioso pan dulce, disfrutaba con mi papá al ver la serie.
Más allá del solo de saxofón de la introducción de cada capítulo de Lisa Simpson, el cuál por cierto, durante las primeras temporadas le daba vida el saxofonista Terry Harrington. Un día el episodio 6 de la temporada 1, llamó mi atención por completo.
Hacia su primera aparición Bledding Gums Murphy. Ahí estaba él, tocando el saxofón en un puente bajo las estrellas, el sonido guiaba a la pequeña Lisa a la salvación de su adolescencia, de los problemas en casa y de una tristeza incomprendida que en ocasiones los artistas sentimos. Murphy, mejor conocido como “Encías Sangrantes” le regalaba con su saxofón tenor un sonido profundo, vibrante, con alma. Un camino sonoro hacia la empatía de aquellas tristezas de la pequeña Lisa.
El 25 de mayo de 2026, Sonny Rollins falleció a los 95 años de edad, saxofonista con quien Matt Groening, creador de Los Simpsons, se inspiraría para crear a “Encías Sangrantes”, maestro de vida y colega musical con quien Lisa Simpson se echaría varios “palomazos”, en diversos capítulos de la serie. Tal como “Encías sangrantes”, Sonny dejaría un par de años la fama para retirarse a pasar horas en el puente de Williamsburg en Nueva York, tocando en la calle, en búsqueda de su sonido, en búsqueda de su propio lenguaje. Ese momento de su vida, después se vería reflejado en su disco The Bridge de 1992, tras pasar horas en aquel puente, tocando en la calle y en ocasiones en compañía de alguna buena botella.
Rollins murió en su casa en Nueva York. El ganador de dos Grammys y múltiples premios, grabó más de 60 discos tocando casi en todos los continentes. El “Coloso del saxofón” compartió escenario con las más grandes figuras como Miles Davis, Thelonious Monk, John Coltrane, Dizzy Gillespie, Max Roach, Clifford Brown, Bud Powell, Coleman Hawkins, Herbie Hancock, Ron Carter, Freddie Hubbard.
Incluso logró pisar la Casa Blanca para que el expresidente Barack Obama le entregara la National Medal of Arts (Medalla Nacional de las Artes) correspondiente al año 2010 y en 2011 Obama también lo recibió nuevamente durante los Kennedy Center Honors, donde Rollins fue homenajeado por su trayectoria artística.
Más allá de todos los méritos musicales y profesionales, Rollins fue un ejemplo de vida para muchos músicos. No solo logró salir de las drogas, lo cual por desgracia en aquellos años era muy poco común y por lo cual, de hecho, grandes figuras del jazz tendrían la fama de morir jóvenes debido a diversas adicciones. También Rollins difundía el crecimiento humano y personal como las grandes brújulas de su vida.
Él también veía la música no como un pretexto para buscar fama sino como un camino para buscar su autenticidad y la evolución personal de una manera genuina desde el amor y la humildad.
Como a Lisa, a mí también Sonny Rollins me inspiró y no solo musicalmente. Recuerdo escuchar “Sr. Thomas” cuando el camino tenía algunas dificultades y así poder sonreír genuinamente, pasarla muy bien con “Moritat” mientras la tarareaba y escuchar la lluvia caer con “In a Sentimental Mood”.
Tal como terminaría ese capítulo, Lisa comprende que solo encontrará la verdadera felicidad si decide no perder su autenticidad, aunque a veces no encaje en la sociedad, aunque sea una niña con gustos y conversaciones diferentes, pero siempre buscando aquellas mismas cosas que Rollins impregnó en su legado.
Hoy mi corazón se llena de nostalgia, pues si bien nunca pude conocer a Rollins en persona, su vida y obra apareció en el cuerpo de “Encías Sangrantes”. Así como a Lisa, él también inspiró mi vida. Pero como bien decía Rollins: “Pertenezco a quienes creen que esta vida no es todo lo que existe.”