Esos minutos donde el mar se une con una delgada línea naranja mientras el cielo se funde en una gama de azules y naranjas hasta pasar por el negro de la noche. La luna se asoma y el sol desaparece en esa línea casi invisible que hasta nos hace sentir fuera del planeta viendo la circunferencia de la tierra.
Así se veía la tarde en el Mar de Cortés, uno de los atardeceres más hermosos que he visto en Bahía de Kino, a solo una hora de Hermosillo, Sonora. Increíble imaginar tanta belleza en el mar cuando la carretera nos presenta arena del desierto, cactus y sahuaros. Pero más increíble imaginar que esa belleza del lugar puede trascender de lo visual a lo auditivo, de lo tangible a lo imaginario y llevar ese hermoso paisaje hasta miles de ojos de naciones distintas, todo gracias a la música, a la genialidad, a la composición de Arturo Márquez.
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La cadencia de un violín solitario que nos llena de tristeza, nostalgia y al mismo tiempo fuerza. En cuestión de segundos esa soledad se transforma hasta comenzar a elevar la arena del desierto en un vaivén de danzas mestizas que van creciendo con los instrumentos que se van sumando, poco a poco, como si nos pudiera elevar hasta los aires y visualizar los mejores atardeceres de Sonora, rojos, azules, rosas.
El poder de la orquesta se hace presente sin dejar de lado el virtuosismo de la violinista Akiko Meyeres, quien fuera la protagonista en llevarnos por este viaje.
Como es ya costumbre en la música de Márquez, se vuelve inevitable no bailar, no sentir en la piel el orgullo mexicano, escuchar y ver a través de la armonía los ojos, las miradas de la gente fuerte de este país, ver los yaquis, los rarámuris, todo, gracias a esas mezclas entre los instrumentos que Márquez, un maestro de la orquestación, nos regala en cada una de sus composiciones.
El Danzón N. 2, que escribiera en 1993, ha logrado volverse una de las obras del repertorio sinfónico más interpretadas, no solo en México, sino en todo el mundo, ha sido ejecutada con mil y un formas de ensambles distintos y variados, dirigido por los directores de orquesta más importantes del mundo. Por si eso fuera poco, Márquez logró llevar el género del danzón de los salones de baile, de la calle y el arrabal a las salas de concierto más importantes, mostrándonos su propia genialidad para hacer de este género un ícono del repertorio sinfónico más importante del último siglo.
El 14 de noviembre México se puso de pie, Lila Downs, otra gran cantante, orgullo de este país, quien anunció a los ganadores del Latin Grammy en su edición 2024, en la categoría de Mejor Álbum de Música Clásica y Mejor Composición Clásica. El sonorense Arturo Márquez sería el triunfador de dicha categoría, se pararía al frente del gremio y pondría en alto, una vez más el nombre de nuestro país, haciéndonos recordar el orgullo de las raíces de donde venimos, y la posibilidad siempre latente de cumplir tus anhelos, aún en un país, donde desgraciadamente, los recortes presupuestales al sector cultural cada vez son más grandes.
Gracias, maestro Arturo Márquez, por recordarnos al gremio de los músicos y a este país, que los triunfos siempre son un conjunto de esfuerzos de mucha gente y de muchos tipos, que hacer las cosas desde la convicción, la vocación y el amor del origen y el anhelo del futuro y la evolución de la música, siempre traerá resultados positivos.
“A mi Sonora querida, soy sonorense, a mi México querido; dedico este reconocimiento a mis padres, por haberme enseñado a pintar mi pueblo para pintar el mundo.”
Arturo Márquez, entrega 25 de Latin Grammy