Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Entre la confusión, el miedo y la desinformación

Cuando no puedes distinguir la verdad de la mentira, no puedes distinguir el bien del mal

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Jueves, Febrero 26, 2026

Vivimos en un contexto de comunicación global, por lo que es preciso reflexionar acerca de la labor de los medios de comunicación y las redes sociales y cuestionar si acaso están apoyando la resolución pacífica de los conflictos o si, por el contrario, están deslegitimando y amplificando lo que sucedió realmente.

El pasado 22 de febrero en nuestro país se llevó a cabo un operativo en el municipio jalisciense de Tapalpa para capturar al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que provocó la reacción de grupos criminales en gran parte del país.

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De acuerdo con datos oficiales, el evento dejó 252 narco bloqueos en carreteras de 20 estados, además de incendios de vehículos y ataques a gasolineras y comercios; se difundió información falsa en redes sociales, particularmente con relación a versiones que aseguraban que el Aeropuerto Internacional de Guadalajara había sido tomado o que la Presidenta se había trasladado en un buque de la Marina “para resguardar su seguridad”.

Más allá de la prensa y la televisión, la manipulación informativa ha llegado y las redes sociales, el Internet y plataformas digitales como Facebook o Twitter, que se han convertido en un escenario de disputa y lucha ideológica donde el rumor, la mentira y la falsedad son el ingrediente esencial para difundir   fake news, que   se han convertido en elemento central de la comunicación política, no solo en nuestro país.  (McNair, 2018).

Investigar los usos propagandísticos en Internet en cada caso particular con carácter retrospectivo es una tarea compleja, esto se debe principalmente a que realizar un registro detallado de las acciones de manipulación y desinformación llevadas a cabo en la red, no siempre es posible,  dado que muchas de las páginas pueden haber sido eliminadas y pueden existir miles de fan pages en Facebook, páginas de Instagram, webs, blogs y perfiles de Twitter que promuevan fake news o información a favor de ciertos intereses particulares o de grupo.

Es muy importante informarse sobre lo que puede pasar, especialmente cuando muchos ciudadanos no analizan críticamente la información que les brinda unos cuántos medios de comunicación y peor aún, cuando permiten que su criterio sea manipulado por información falsa que es reproducida por los mismos ciudadanos sin haberla antes verificado.

Sí preocupa cómo se extendió una especie de ola de pánico el 22 de febrero ante lo que informaba, a pesar de que la información oficial pedía calma y tranquilidad y que por prevención nos quedáramos en casa, se difundían fotos, videos o testimonios alarmistas muchas veces modificados con inteligencia artificial. Inclusive muchos visitantes extranjeros que tenían programado venir a México, cancelaron sus viajes por las noticias que se difundieron. Ya es tiempo de regular el sistema de medios tradicional y digital en pro de la democracia y la paz para impedir esta creciente desinformación.

Hannah Arendt fue una filósofa política nacida en Alemania que sobrevivió al ascenso del nazismo, huyó de Europa y dedicó el resto de su vida a entender cómo las sociedades civilizadas pueden hundirse en pesadillas totalitarias. Ella publicó el libro The Origins of Totalitarianism en 1951, donde desarrolla su tesis de que los sistemas totalitarios no convencen a la gente de su ideología, en lo que tienen éxito es en destruir la capacidad de los individuos para pensar corto,  personas para las que ya no existe la distinción entre hecho y ficción (entre lo real y lo falso) y crean tanta confusión.

Ante la ausencia del análisis crítico de la realidad y que la gente esté tan abrumada con declaraciones contradictorias, enterrada en mentiras y contra mentiras, simplemente abandonan el esfuerzo por saber lo que es real, ella escribió que poco a poco, se destruye la capacidad de incluso formar convicciones. Si la gente ya no cree en nada, no cuestiona nada y no confía en nada, no resistirán nada. Se desviarán, adormecidos y pasivos, mientras que el mundo a su alrededor se oscurece.

Cuando no puedes distinguir la verdad de la mentira, no puedes distinguir el bien del mal. Y cuando eso sucede, nos volvemos fáciles de controlar, no porque hayamos sido convencidos, sino porque hemos dejado de pensar por nosotros mismos y desgraciadamente, es lo que está pasando en estos tiempos. En su último ensayo, Truth and Politics (1967), Arendt exploró cómo funcionan las mentiras en los sistemas políticos. Observó que la mentira constante y omnipresente no es sólo difundir la falsedad, sino que erosiona el concepto mismo de la verdad.

Hace poco leía lo que Timothy Snyder, historiador de Yale y referente en el estudio del totalitarismo dijo en Barcelona:

… “comparar a los magnates de Silicon Valley con narcotraficantes no es una exageración. Ambos venden productos adictivos y ambos protegen a sus hijos de ellos” … “La libertad” que promueven Musk, Trump o Milei no es más que una excusa para desmantelar el Estado y entregar el poder absoluto a las corporaciones” … “La libertad sin regulación, sin derechos sociales, sin un sistema de garantías democráticas, es simplemente una trampa. Las grandes plataformas digitales han destruido el periodismo local y convertido la información en un botín de guerra. Musk ha reducido el debate público a un mercado controlado por sus algoritmos, donde el discurso de odio y la desinformación son moneda corriente”.

Si así están las cosas, como ciudadanos tenemos grandes responsabilidades, educar en familia y en la escuela para el análisis crítico de la realidad, la búsqueda y divulgación de información verificada y, sobre todo, no reproducir noticias falsas que solo provocan confusión y miedo.

Referencias
McNair, B. (2018). An introduction to political communication (6th ed.). Routledge.

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