Lunes, 18 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Del “Culiacanazo” a Tapalpa: lecciones aprendidas

Una propaganda de terror como herramienta de mercadotecnia con cálculo político

David Córdova Tello

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM con maestría en Administración para la Seguridad y Defensa Nacional. Analista y consultor en seguridad, inteligencia y análisis político, especialista en análisis estratégico. Ha ocupado diversos cargos en instituciones como el CISEN, la Secretaría de Seguridad Pública y el INE.

Jueves, Febrero 26, 2026

Por si alguien tenía alguna duda de los lugares donde tiene presencia y opera el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en México y cuál es su verdadero alcance, basta con fijar tachuelas de colores diversos en un mapa de la República mexicana en cada una de las al menos veinte entidades donde se realizaron los más de 250 bloqueos, ataques a instalaciones y agresiones a militares y cuerpos de seguridad locales.

El abatimiento de Nemesio Oseguera (a) “El Mencho”, provocó esta furibunda reacción del grupo criminal. No fue una simple reacción violenta, fue una demostración de capacidad política. Ese dato, por sí mismo, cambia la conversación.

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En la anterior colaboración advertimos que, de seguir ocurriendo eventos de alto impacto en México, difícilmente serán creíbles las cifras gubernamentales edulcoradas que machacan permanentemente la disminución sostenida de la violencia. No veo como en los próximos días, algún funcionario del Gabinete de Seguridad Nacional (GSN) o la propia presidenta, se atrevan a salir a contarnos una nueva una historia de hadas. ¿Quién será el primero en hacerlo, después del domingo pasado?

Lo acontecido ese día, rebasó cualquier registro en la historia del narcotráfico, causando una psicosis nacional, que incluso, se extendió por el mundo. Varios conocidos, recibieron mensajes de familiares y amigos radicados en el extranjero preocupados por la situación que algunos describieron como escenas de guerra y quizá no exageraban. La tan manida y manoseada “guerra de Calderón”, palidecía por mucho, frente a lo que se observó en una sola jornada.

El objetivo del CJNG era claro y pretendió ser contundente: la muerte de su líder buscaría elevar al máximo el costo político, económico y social de esta acción militar, para lo cual hecho mano de una herramienta política y de mercadotecnia: la propaganda del terror. El mensaje implícito fue y puede seguir siendo: esto no puede quedarse así.

Ya fallecido el capo, la organización mostró que alguien asumió el mando –quizá transitoriamente– y organizó las centenas de maniobras violentas.

Habría que remontarnos al llamado “Culiacanazo” de octubre de 2019, un operativo fallido muy distinto al escenificado en Tapalpa, Jalisco. En Culiacán se aseguró a Ovidio Guzmán para luego ser liberado por órdenes del expresidente Andrés Manuel López Obrador, tras las reacciones que organizaron “Los Chapitos” para tomar el control y sitiar esa ciudad y otras aledañas, con el propósito de impedir a toda costa su traslado a la Ciudad de México. El teatro de guerra se escenificó solo en Sinaloa.

En el caso de la muerte de El Mencho el operativo del Ejército y de la Guardia Nacional fue exitoso y eso, de acuerdo con algunas encuestas, recibió un amplio respaldo y reconocimiento de la ciudadanía. Nada que regatearse a ese respecto. Sin embargo, el hecho de que el personaje fue abatido, elevó sustancialmente el grado de respuesta del grupo criminal, que dio muestra de su músculo y poder en un escenario que propagó el caos y terror. Quizá en los cálculos oficiales, esto no figuraba en sus escenarios y los tomó por sorpresa como a todo México.

“El Cualiacanazo” se desarrolló en una zona urbana y a plena luz del día –un terrible error estratégico que elevó el presupuesto y desencadenó en su fracaso-, mientras que el operativo contra El Mencho, se efectuó en una zona rural y al amanecer. Una lección aprendida que muestra una clara diferencia operativa que puede determinar éxitos o fracasos. Seguramente para ello, fue crucial la colaboración y ayuda de Washington, esa que no se quiere reconocer, pero que Donald Trump, ni tardo ni perezoso, se apropió el logro en su mensaje del Estado de la Unión.  

El grupo criminal evitó, al menos de manera directa, ataques indiscriminados contra la población civil. Los llamados “daños colaterales”, hasta donde se conoce, fueron limitados en comparación con la magnitud de la ofensiva. Las cifras oficiales estiman alrededor de 70 personas fallecidas, principalmente entre integrantes del grupo criminal y elementos del Ejército y de la Guardia Nacional. Las centenas de vehículos secuestrados e incendiados, más de 200 tiendas Oxxo afectadas, ataques a instalaciones militares —incluidos Bancos del Bienestar— e incluso la utilización de un coche bomba, buscaban trasladar la responsabilidad y el costo político al gobierno federal. Sin embargo, el impacto económico y social alcanzó a toda la nación por lo que no puede pensarse que consiguieran ese objetivo.

Si bien el enfrentamiento entre autoridades y el CJNG entró en un impasse y en una aparente tregua táctica, que dio un respiro a millones de mexicanos, preocupa el poder político que han alcanzado. Ahora este grupo tiene en sus manos una poderosa arma política que ningún grupo criminal había tenido anteriormente y que pueden emplear estratégicamente en la coyuntura actual. Bastaría una acción de alto impacto en las sedes mundialistas de Guadalajara, Monterrey o la CDMX, para tratar de descarrilar el Mundial de Futbol en nuestro país o al menos en alguna sede, como Guadalajara.

Por el momento algunas asociaciones de futbol de otros países han manifestado su zozobra y preocupación por la crítica situación, pese a que la FIFA y su máximo dirigente, Gianni Infantino, ha otorgado un amplio espaldarazo a la presidenta Sheinbaum, para calmar los ánimos y el ambiente enrarecido. Faltan poco más de cien días para la inauguración del evento futbolístico, tres meses que para nosotros serán muy largos.

Los planes de seguridad y escenarios previstos con anterioridad, tendrán que modificarse radicalmente y podría implicar contar con ciudades, aeropuertos, carreteras, sedes de concentración y hasta hoteles, materialmente militarizados. Un esfuerzo descomunal que tendrá en alerta y estrés permanente a todas las corporaciones de seguridad mexicanas. El ambiente que se generará será totalmente anticlimático para una fiesta deportiva mundial, en una nación futbolera por excelencia.   

Las preguntas más preocupantes e inquietantes para todos los mexicanos son: ¿Hasta dónde será capaz de llegar el cártel para cobrarle una costosa factura al gobierno? ¿Qué acciones de alto impacto estarían cocinando para las semanas siguientes? ¿El CJNG tendrá el poder económico, organizativo y logístico, para asestar golpes de esta naturaleza, o se quedarán con el golpe recibido? ¿Interpretarán la muerte de su líder como una afrenta que exige mayores represalias?

Estas y otra variedad de interrogantes flotan en el aire. Nadie puede responder con certeza en este momento. Sin embargo, estas preguntas deben constituir la máxima prioridad en materia de Seguridad Nacional para el gobierno de Claudia Sheinbaum, el GSN y, sin duda, también para Estados Unidos.

Como podemos apreciar, no será suficiente la narrativa oficial que busca posicionar que todo regresó a la normalidad anterior en México, que, por cierto, no era para nada normal.  Ya se pateó el avispero, esperemos que el Estado mexicano cuente con la suficiente capacidad en materia de inteligencia, análisis y operación, para impedir una nueva espiral de violencia, por el bien de México.

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