La creciente desigualdad global y la fragilidad socioeconómica han impulsado la búsqueda de modelos alternativos a las economías de mercado dominantes. En palabras del papa Francisco (2013), “esta economía mata” (p. 52), aludiendo a la lógica del descarte como efecto estructural del sistema.
Esta crítica, profundamente ética, coincide con los diagnósticos de la economía solidaria latinoamericana, que desde hace décadas denuncia que la acumulación capitalista, cuando no se regula ni humaniza, fragmenta comunidades y anula el potencial creativo del trabajo humano (Razeto, 1996).
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Frente a este panorama, surge el concepto de Cooperativas de Vida como una propuesta que integra economía solidaria, cuidado comunitario y principios de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).
Este artículo examina su fundamento ético, su estructura organizativa y su potencial transformador, articulando elementos de la tradición cooperativa, la DSI y la literatura contemporánea sobre sistemas socioeconómicos comunitarios.
Bases conceptuales: Economía Social y Solidaria (ESS)
La Economía Social y Solidaria (ESS) se define como un conjunto de prácticas económicas que priorizan el trabajo, el bienestar colectivo y las relaciones humanas por encima del lucro. Según Singer (2000), la economía solidaria es “un modo de producción y distribución basado en la cooperación, la autogestión y la reciprocidad” (p. 14).
En América Latina, Razeto (1996) señala que la ESS emerge de las experiencias comunitarias populares, y plantea que la solidaridad debe incorporarse como “principio organizador de las actividades económicas” (p. 27). De modo complementario, Coraggio (2007) propone que el eje de la ESS es la reproducción ampliada de la vida, no del capital.
A nivel global, la Alianza Cooperativa Internacional (s. f.) define a la cooperativa como:
“Una asociación autónoma de personas que se unen voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y gestión democrática” (párr. 1).
Las Cooperativas de Vida se sitúan en continuidad con esta tradición, pero amplían su horizonte hacia dimensiones relacionales, espirituales y de cuidado mutuo.
Fundamentos teológico-sociales en la Doctrina Social de la Iglesia
La DSI ofrece una visión integral del ser humano y de la vida económica, articulada en torno a cuatro principios: dignidad humana, bien común, solidaridad y subsidiariedad (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004).
Dignidad humana
Juan Pablo II, en Laborem exercens, afirma que “el trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social” (1981, n. 3). Este enfoque reconoce al trabajo como participación en la creación, ámbito de autorrealización y expresión de la dignidad humana.
Las Cooperativas de Vida recuperan este principio al valorar todas las contribuciones—cuidados, oficios, saberes comunitarios—como parte fundamental de la construcción económica.
Bien común
Juan XXIII define el bien común como “el conjunto de condiciones sociales que permiten a todos y a cada uno alcanzar más plena y fácilmente su propia perfección” (1963, n. 26).
Las Cooperativas de Vida diseñan estructuras (asambleas, fondos solidarios, bancos de tiempo) que generan esas condiciones relacionales y materiales.
Solidaridad
Benedicto XVI (2009) sostiene que “la solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos” (n. 38). Esta responsabilidad compartida no es solo un sentimiento, sino un principio organizador de instituciones humanas.
Las Cooperativas de Vida operan precisamente bajo esta lógica: mecanismos donde la solidaridad se convierte en estructura, no solo en gesto.
Subsidiariedad
La DSI indica que las decisiones deben tomarse en el nivel más cercano a la persona (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2004). La democracia interna de las cooperativas y el principio “una persona, un voto” reflejan esta orientación.
¿Qué es una Cooperativa de Vida? Definición operativa
A partir del diálogo entre Economía Social y Solidaria y Doctrina Social de la Iglesia, proponemos la siguiente definición:
Una Cooperativa de Vida es una comunidad organizada que integra apoyo mutuo, trabajo colectivo, redes de cuidado, formación, espiritualidad del bien común y mecanismos cooperativos, para garantizar la reproducción digna de la vida de todos sus miembros.
Tres innovaciones la distinguen de la cooperativa tradicional:
1. Centralidad del cuidado y la vida cotidiana
2. Intercambio no monetario estructurado (ej. Banco de Tiempo)
3. Dimensión espiritual y comunitaria explícita
Mientras las cooperativas clásicas suelen centrarse en bienes o servicios específicos, las Cooperativas de Vida operan como ecosistemas comunitarios de bienestar.
Estructura organizativa de las Cooperativas de Vida
Los estudios cooperativos señalan que la democracia interna es un criterio esencial del cooperativismo (Singer, 2007). En las Cooperativas de Vida esta democracia se amplía hacia una organización en cuatro niveles:
Asamblea de Vida
Órgano máximo de decisión, equivalente al “cuerpo soberano” cooperativo.
Consejo de Comunidad
Ejecuta acuerdos, gestiona actividades y garantiza transparencia.
Brigadas de Vida
Equipos temáticos: cuidado, formación, eco-sostenibilidad, salud, producción solidaria.
Instrumentos económicos solidarios:
- Banco de Tiempo: donde una hora de trabajo equivale a una hora recibida (regla de igualdad-relacional).
- Fondos Solidarios: inspirados en prácticas mutualistas.
- Proyectos Productivos Cooperativos: huertos, talleres, cocinas colectivas; siguiendo la lógica de “producir para vivir” (Sousa Santos, 2011).
Cooperativas de Vida como alternativa socioeconómica
La investigación contemporánea identifica a las economías solidarias como respuestas locales frente a la fragmentación social causada por sistemas económicos individualistas (Singer, 2007; Razeto, 1996).
Las Cooperativas de Vida profundizan esta alternativa porque:
Crean capital social
Boaventura de Sousa Santos (2011) afirma que las iniciativas comunitarias construyen “territorios de resistencia y creación” (p. 18), donde las relaciones sociales tienen más peso que el capital financiero.
Revaloran el trabajo no remunerado
Cuidados, acompañamientos, mentorías: trabajos invisibles en la economía mercantil, pero centrales para la vida humana.
Articulan lo económico, lo social y lo espiritual
Tal como indica Caritas in veritate, el desarrollo humano requiere integrar todas las dimensiones de la persona (Benedicto XVI, 2009).
Conclusión
La crisis contemporánea exige formas de organización económica que reconozcan la dignidad humana, fortalezcan los vínculos comunitarios y garanticen la reproducción de la vida. Las Cooperativas de Vida emergen como una propuesta integral y profundamente humana que articula:
- Prácticas históricas del cooperativismo,
- Innovaciones de la economía solidaria, y
- Principios éticos de la Doctrina Social de la Iglesia.
En un mundo fragmentado, representan un camino para pasar de la denuncia a la propuesta, de la competencia al cuidado y del aislamiento a la fraternidad.
Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:
Referencias
Alianza Cooperativa Internacional. (s. f.). Qué es una cooperativa. International Cooperative Alliance.
Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate. Libreria Editrice Vaticana.
Coraggio, J. L. (2007). La economía social desde la periferia. UNGS / Altamira.
Francisco. (2013). Evangelii gaudium. Libreria Editrice Vaticana.
Juan XXIII. (1963). Pacem in terris. Libreria Editrice Vaticana.
Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2004). Compendio de la doctrina social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana.
Razeto Migliaro, L. (1996). Los caminos de la economía de solidaridad. Lumen–Humanitas.
Singer, P. (2000). Economia solidária. Fundação Perseu Abramo.
Singer, P. (2007). Economía solidaria: Un modo de producción y distribución. En J. L. Coraggio (Ed.), La economía social desde la periferia (pp. 59–78). UNGS / Altamira.
Sousa Santos, B. de. (2011). Producir para vivir: Los caminos de la producción no capitalista. Fondo de Cultura Económica.