Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sheinbaum y el laberinto del poder

El poder total de la 4T dejó sin excusas a un gobierno que hoy no logra responder a la crisis

Anabel Abarca Pliego

Abogada especializada en derecho corporativo y analista política. Su expertise en derecho corporativo incluye asesoría estratégica a empresas, diseño de estructuras legales eficientes y mitigación de riesgos jurídicos. En el ámbito político, ha destacado como asesora en vinculación estratégica y planeación gubernamental.

 
 
 
 

Jueves, Noviembre 27, 2025

México está viviendo un verdadero callejón sin salida. Parece que la luna de miel con la 4T se está terminando. Como ya había señalado en la columna ¿Dónde quedó la Cartilla Moral de la 4T?, su mayor error político y estratégico fue ganarlo todo, porque ahora toda la responsabilidad recae únicamente en ellos. No sólo porque hoy concentran prácticamente todos los resortes del poder, sino porque llevan ya más de siete años gobernando.

El panorama es complicado. Hoy la 4T es la fuerza política más poderosa de los últimos treinta años. Controlan 27 estados con sus respectivos presupuestos, dominan el ámbito federal, y aun así se discute si la Presidenta tiene suficiente poder. La pregunta no es menor, porque el país realmente parece estar en una encrucijada.

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La Presidenta carga no sólo con lo que sí le compete, sino con todo aquello que los gobernadores han dejado de hacer. La inseguridad está desbordada. Tras el asesinato de Carlos Manzo, le ha sido imposible retomar la narrativa de que “todo va mejor”. A esto se suma la toma de carreteras por transportistas y agricultores —ya sea por la inseguridad o por los precios bajos—, un síntoma claro de que el control de la gobernabilidad se está erosionando.

En lo económico, el estancamiento tiene dos causas principales:
1) la falta de certeza jurídica derivada de la reforma judicial y de las decisiones de la Suprema Corte de revisar asuntos ya juzgados, lo cual ahuyenta inversiones, y
2) la inseguridad, que frena incluso el emprendimiento más pequeño ante el miedo de ser extorsionado o de pagar derecho de piso.

El país atraviesa un momento sumamente complejo y, a pesar de todo el poder concentrado en un solo partido, nada parece resolverse. Y bajo ese escenario, la culpa termina por recaer sólo en la Presidenta. Sin embargo, si hablamos de culpas, el verdadero error ha sido no limpiar la escalera de corrupción dentro de su propio partido.

Y mientras eso no ocurra, difícilmente podrá dar los resultados que sí tiene la capacidad de dar.

En los tiempos de Peña Nieto, cuando Michoacán se complicó, el gobernador terminó en prisión. Hoy eso parece imposible por razones que desconocemos. Pero lo que sí sabemos es que ni Sinaloa ni Michoacán ni Adán Augusto parecen ser eslabones que vayan a caer en esta administración. Y mientras eso no suceda, por la razón que sea, la presidenta no podrá mostrar de qué está hecha. Porque algo es evidente: ella es una mujer inteligente, capaz y tenaz, obligada a cargar con los errores y complicidades de otros. Y eso ya le está cobrando factura. Pero, sobre todo, le está costando factura a México.

Es momento de que la Presidenta deje de temerle a sacudirse lo que se tenga que sacudir. Estoy convencida de que, si diera un golpe de autoridad, su poder dejaría de estar en duda y podría convertirse en la estadista que el país necesita para enfrentar este momento tan complejo.

Veremos.

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Correo: aabarcapliego@gmail.com

 

 

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