Gabriel Zaid, el eminentísimo intelectual Gabriel Zaid, en El poder corrompe (Debate, 2019), recuerda lo ocurrido en Argentina, en diciembre de 2001, cuando la desesperación de gente por la pobreza, el desempleo y la crisis económica, se echó a la calle, y arremetió furiosa contra la clase política acusándola de corrupta e inepta.
Muchos argentinos empezaron a injuriar “¡que se vayan todos!", pero los ineptos y los corruptos no se van fácilmente. Es más fácil que se vaya la gente valiosa, con valores cívicos arraigados, desanimada; pero los depredadores de los bienes públicos, que son los bienes de todos, siempre encuentran condiciones para el acomodo con los nuevos. En caso de registrarse cambios.
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¿Por qué? Porque llevado al caso mexicano, son piezas imprescindibles para el funcionamiento del sistema político (al azar cito a los Yunes; pero son legión), lo cual es una fatalidad nacional, y prueba fehaciente de que México no tiene remedio. No por lo menos con este sistema de partidos, clase política y gobiernos derivados de ellos. Eso no lo dice Zaid, lo digo yo.
Al final de la larga noche, el PRI hizo cosas buenas por México: un buen sistema de salud, sistema de vacunación reconocido en el mundo, reconoció y respetó a la oposición, de izquierda y derecha, permitió la democratización de las elecciones, la alternancia presidencial; Peña Nieto aportó la reforma educativa, tal vez la medida más importante de su gobierno y del primer tramo del nuevo siglo.
¿Cuantas veces en lo que va de los gobiernos emanados de Morena, Presidente primero y Presidenta ahora, en su papel de dignatarios, se han reunido con sus pares, los representantes de los partidos de oposición y sus representantes en la Cámaras? La oposición no merece respeto, merece extinguirla, como los órganos autónomos, que pudieran cuestionar al poder central.
El PAN no sólo mantuvo viva la brasa de la democracia maderista, hasta demoler los cimientos del monopolio priista de setenta años, sino que, en su hora, construyó instituciones modernas para enfrentar el futuro (CONEVAL, IFAI, CONAPRED, mantuvo la vigencia del programa Oportunidades, creó el Seguro Popular, respetó la división de poderes, y llegado la hora, entregó la banda presidencial, sin escándalos callejeros y reproches de robo).
Una conducta muy lejana de la observada por Morena y sus gobiernos en estos siete años. En las elecciones federales pasadas, de 2024, mediante la manipulación y coacción de las instituciones electorales, se adjudicó una representación en el Congreso que no le otorgaron los votantes en las urnas.
¿La finalidad? Contar con mayoría calificada en las cámaras federales y de ese modo cambiar la Constitución a contentillo, y alinear las leyes en dirección de sus intereses de partido hegemónico. De tal manera que ninguna organización partidista ni fuerza de oposición, le dispute el control de la República.
De acuerdo con el exconsejero electoral del INE, Ciro Murayama, en las elecciones federales del año pasado, por sus pistolas, Morena se arrogó una sobrerresentación en la Cámara de Diputados de 20.3 %. “Un despropósito y un exceso autoritario”, escribió en la revista Nexos, de junio de 2024, el otrora funcionario.
¿Precedente funesto para el futuro del país? Le pregunta ya flota común y corriente, entre especialistas y observadores de confianza. Dibuja un futuro siniestro: de perder las elecciones en algún momento, ¿Morena y el gobierno estarían dispuestos a dejar el poder? No es un ejercicio ocioso.
El plan de Morena, el único plan de gobierno verdaderamente funcional, con resultados a la vista de todos, presumidos y ponderado desde la más alta magistratura, replicado en los estados, al grado que el próximo 6 de diciembre, el gobierno (no la población) está convocando a una concentración en el Zócalo de la Ciudad de México. De acuerdo con la presidenta Claudia Sheinbaum: "Hay mucha alegría y hay mucho que festejar el 6 de diciembre en el Zócalo”.
El plan que digo, no es otro que la destrucción sistemática de todo lo que pueda implicar estorbo para el establecimiento de un régimen totalitario. Los tres poderes de la Unión (ejecutivo, legislativo y judicial) ya están en manos de un sólo partido: Morena, que es la cabeza.
Como ya se avizora por imágenes difundidas en la prensa, la reforma electoral en curso retornará el control de las votaciones a Gobernación, y de esa manera se estará honrando a Manuel Bartlett y su gran hazaña de junio de 1988.
¿Cómo sacar a los que deben irse? Se pregunta Zaid. No basta con el voto, advierte el autor de El progreso improductivo y De los libros al poder. No basta con ir a votar para que se acabe el mal de los grupos gobernantes, pero más que acabar con los malos gobernantes, se trata de acabar con las consecuencias de la corrupción y la incompetencia que tienen en la vida del día a día de las personas, de nuevo digo yo.
No basta con que se vayan los malos gobernantes, corruptos e ineptos, se precisa de cambios en la estructura de gobierno, el rediseño de nuevas acciones que, de verás, cambien para bien la vida de las personas. Que no administren con dádivas la desesperanza y el enojo legítimos. Repartir dinero en efectivo, administra y contiene la inconformidad.
En el caso mexicano, desde el año 2000 se alternan partidos y grupos de élite en las principales magistraturas del país, ponderadamente en la Presidencia de la República, pero esas alternancias no tienen manifestaciones de mejora en el estándar de vida de las familias y personas. La pobreza, y el hambre, junto al incremento de las desigualdades, no aminoran, se incrementan. La pobreza extrema avanza inexorablemente.
Dice Zaid que las lealtades, las amistades, la familia, los intereses creados, hacen difícil que la clase política se depure a sí misma. Ergo: Morena nunca prescindirá de sus incondicionales, léase López Hernández, los hijos del patriarca de hombres y dioses, o el cercano que usted quiera. “No hay partido que descobije a sus ineptos y corruptos”. Los de arriba niegan el problema, o dicen que fue cosa del gobierno anterior, y si lo reconocen arguyen que no es para tanto, que sucede en todas partes, y “finalmente, que si hay bandidos, se demuestre para meterlos a la cárcel”.
El autor recuerda la marcha del 26 de junio de 2004, cuando la población salió a las calles de la Ciudad de México a desmentir silenciosamente los números oficiales sobre el crimen en el Distrito Federal, gobernada por un personaje casualmente llamado Andrés Manuel López Obrador, cuyos números eran confeccionados por la propia autoridad. La manifestación fue descalificada con el calificativo de “pirrurris”.
¿Cómo pueden las autoridades castigar a las autoridades que abusan, roban, asaltan, secuestran, matan y protegen a sus cómplices? No es sencillo, porque llamarlas a cuentas desde dentro es una lucha interna, que se gana o se pierde, según los recursos, habilidades, alianzas y relación de fuerzas. Los indeseables pueden ganar, y desprestigiar, meter a la cárcel o matar a los mejores. También pueden intimidarlos o corromperlos para que toda depuración termine en nada.
Por eso es importante, dice el autor, el pequeñísimo poder de la verdad ciudadana. Tal vez por eso desde el mismo poder la verdad es perseguida, y desde el más alto púlpito, sin el menor recato ni pudor moral o republicano, no se tuvo empacho en inventar los otros datos.
Chayo News
En consonancia con los que ocurre en el estado, se calienta la plaza en el pueblito de ya saben cuál, de pronto ya se cuentan hasta dos mujeres en primera fila, un hecho inédito para un municipio machista, en el que hasta hace muy poco, lo común era pegarle a la mujer; allí uno de cada dos se reconoce indígena, y el que no se auto reconoce, tiene prácticas indígenas en su vida cotidianas.
Sin embargo, hay un personaje que al parecer lleva delantera en popularidad; es indígena, pero no lo parece, los mestizos de la cabecera lo hacen mestizo, como ellos, y los de las comunidades lo consideran uno de los suyos, pues habla la lengua, sus hijos van a la escuela bilingüe, y él participa de todas las instituciones comunitarias; ya fue mayordomo chico y grande, en su momento contribuyó con su saber a la remodelación de la iglesia. Cumple con los requisitos para aspirar a más.
Como estudiante de localidad, fue al bachillerato de la comunidad, al terminar y como es la costumbre, se fue de mojado a los Estados Unidos, en el que vivió un par de años, trabajando duro en la obra para mandar dinero a sus padres. Luego de una crisis emocional retorno a la comunidad, y retomó los estudios en la universidad y al cabo se graduó de ingeniero civil, a instancia de quienes ahora ocupan puestos relevantes en la administración del gobernador Alejandro Armenta. Ha hecho caminos y carreteras, los que los tratan de cerca lo califican de buena persona.
Hay los vecinos que lo quieren de candidato, él dice que no, porque está concentrado en sus tareas de funcionario municipal y en terminar una maestría en mejora municipal. Nada está escrito en piedra. Su nombre: Pedro Téllez Romero.