Vaya paradoja para tratar de encubrir una serie de errores que se tradujeron en el asesinato del presidente municipal de Uruapan en plena plaza pública.
Decir que el protocolo de seguridad “periférica” que la Guardia Nacional otorgaba al extinto Carlos Manzo no falló y terminaron privándolo de la vida, equivale a decir que quien lo asesinó fue un fantasma, que fue capaz de llegar hasta el espacio personal de la víctima sin que el anillo de seguridad más externo se hubiera percatado.
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Un elemento crucial en materia de protección a funcionarios que no ha sido mencionado hasta ahora es el referente a la inteligencia, herramienta metodológica que permite identificar y eliminar los riesgos antes de que un hecho lamentable suceda, lo cual por lo visto también falló.
Desde un punto de vista estratégico, la inteligencia es más importante que la capacidad de reacción y en el caso de Carlos Manzo quedó más que demostrado. De nada sirvieron tantos escoltas y dos anillos de seguridad si finalmente fueron vulnerados como el queso más suave siendo atravesado por el más filoso cuchillo.
Por si eso no fuera suficiente ahora cobra fuerza la versión de que el autor material del homicidio, el menor de edad que respondía al nombre de Víctor Manuel “N”, fue privado de la vida, por no decir ejecutado extrajudicialmente, luego de que ya había sido asegurado por los elementos de la policía municipal que formaban el anillo de seguridad más próximo a la persona de Carlos Manzo.
Tan confusas han sido las investigaciones al respecto que primero el gobernador de Michoacán y posteriormente el propio secretario de Seguridad y Protección Ciudadana han tenido que salir a aclarar que las investigaciones, en particular los peritajes, continúan y que pese a que han transcurrido más de doce días, hay más dudas que certezas.
Será ésta la razón por la cual a 31 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio su caso vuelve a aparecer en escena y es detenido el presunto segundo tirador, una hipótesis que no resiste la prueba del ácido y que una vez cumplida su función como elemento distractor desaparecerá de la escena política.
Acaso es tan difícil reconocer que en el caso de Carlos Manzo se cometieron una serie de errores y a partir de ahí ajustar los análisis de riesgo y protocolos de quienes han solicitado o solicitarán protección de aquí en adelante.
Lo anterior confirma en parte mi tesis de que “un error no tira un avión, sino la cadena de errores que derivan del primero”.
Este caso no debe pasar inadvertido debido a que el proceso electoral de 2027 ya comenzó y que va a ser necesario disponer de equipos de seguridad para candidatos que incluyen vehículos blindados y personal capacitado en protección ejecutiva y por lo visto las autoridades aún no disponen de ellos y si es que los tienen no están a la altura de las circunstancias.
En razón de lo anterior, los precandidatos y eventuales candidatos deberían voltear a ver al sector de la seguridad privada, donde se dispone tanto de unidades blindadas como de personal competente en materia de análisis de riesgo y escoltas.
Un elemento que seguramente favorecerá en esta materia es el equipo y personal que tendrá su prueba de fuego con la visita de más de 50 mil personajes considerados VIP a propósito del Mundial de Futbol para los meses de junio y julio de 2026.
Posdata. Aprovecho este espacio que me brinda e-consulta para aclarar algunas alusiones personales por parte del gobernador del estado de Puebla, luego de que diputados de oposición lanzaran una serie de críticas en su contra por falta de resultados en materia de seguridad. Al respecto y para no entrar en confrontaciones estériles únicamente estoy adjuntando un cuadro comparativo con los indicadores más relevantes de cada gobernante en turno, los cuales tienen como fuente el Sistema Nacional de Seguridad Pública y el INEGI, en la inteligencia de que las cifras correspondientes a mi gestión van de abril de 2013 a julio de 2015 y se presentan en la tabla en fondo claro para fines de referencia.