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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Había una vez un PRI bueno…

Hoy las corruptelas del ADN priista de todos los neomorenistas empezó a ser inocultable

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Jueves, Octubre 2, 2025

Cuentan algunos venerables ancianos que hubo una vez un PRI bueno. A mí me cuesta creerlo, pero no soy tan viejo como ese partido político ni tan venerable como esos carcamanes que aseguran esto cual prístina verdad, por lo que no me es posible refutarlos contundentemente.

Según ellos, ese PRI antiguo lo formaban hombres probos (no había mujeres políticas entonces o casi no), repelentes de la fama pública, comprometidos hasta el sacrificio por la patria y sus masiosares hijos, desinteresados visionarios, almas incorruptibles y feroces guardianes de los principios rectores de la Revolución Mexicana de la cual se definían como legítimos y únicos herederos.

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De tal suerte que ante la realidad de una patria devastada por once años de guerra civil y fraterna al parecer entendieron la necesidad de reconstruir ―al menos en el discurso― esa imaginaria nación que habían destrozado y acordaron una pax bellicus de caciques y hombres fuertes regionales, unidos y coludidos en un partidazo político. Después de todo el país era lo suficientemente grande para que cupieran todos ellos y sus familias revolucionarias en esa cosa partidaria promiscua y complaciente que decidieron fundar.

Y así, muy poco a poquito estos próceres aun bárbaros, fueron desistiendo casi por completo de las armas como argumento de negociación, a cambio de las componendas, alianzas y traiciones políticas acordadas en el seno del partido, con el único afán de perpetuar sus apellidos en las nóminas gubernamentales y acrecentar sus fortunas como legítimo pago a sus extenuantes servicios pasados, presentes y futuros.

Pero tal como lo demostró Charles Darwin, cualquier cosa que sean o hagan los humanos es evolutivamente modificable por selección natural y estos mexicanos Ganones de la Revolufia pasaron entre purgas internas, escabechinas y masacres, de un original Partido Nacional Revolucionario de Plutarco Elías Calles, al Partido de la Revolución Mexicana de Lázaro Cárdenas del Río y, finalmente, al Partido Revolucionario Institucional de Adolfo Ruiz Cortines.

Este último, más que conocido como El PRI, quedó a satisfacción de todos esos maleantes y pudo pervivir por más de ochenta años.

Y es en estas ocho décadas cuando al PRI lo alcanzó la realidad de su podrida y contrahecha gestación, porque sexenio tras sexenio los supuestos hombres probos que lo formaron, sus hijos y los hijos de sus hijos fueron mostrando cada vez más el cobre y hasta el peltre de su ambición, rapiña y halago por la corrupción propia y de clase, acciones estas que terminaron enemistándolos unos contra otros haciendo de la desconfianza y traición la moneda de cambio entre ellos.

Y fue tan vil y despiadado este encono partidista que, con tal de perpetuarse en el poder para joder a sus enemigos y hasta sus amigos y familiares, se fueron olvidando de la gente o, peor aún, involucrándola, azuzándola, pervirtiéndola, sacrificándola en aras de su perdurabilidad caciquil y gubernamental que los define.

Pero, así como no hay mal que dure cien años, el PRI sólo vivió a plenitud hasta sus primeros ochenta; fuerte y vigoroso los primeros treinta, pervertido los siguientes veinte y purulento y ponzoñoso los últimos treinta.

A punto del infarto se alió con sus sempiternos adversarios de Acción Nacional y la Revolución Democrática y durante los siguientes doce años vivieron en un vergonzoso e infecto concubinato que terminó por pudrirlos.

Pero como “Dios aprieta, pero no ahoga” y menos aun cuando esos que está apretando son guadalupanos, nos concedió la gracia que de las entretelas izquierdosas del PRI y de los repelos de los partidos comunistas y socialistas de los setentas del siglo XX, surgiera un Movimiento de Renovación Nacional quienes, finalmente, echaron del poder a todos los priístas formales que no chaquetearon hacia otro partido.

Y… Morena reinó por seis años, no sin batallas y escaramuzas políticas, financieras, ideológicas y administrativas sentando las bases de una nueva forma de entender el servicio público teniendo como mantra: No mentir, No robar, No traicionar. Y con ello como faro se transitaron las procelosas aguas del 2018 al 2024 con más aceptación que repudio patrio.

¿El resultado?, ante la inminente renovación del gobierno Morena ganó de nueva cuenta e indiscutiblemente la jornada electoral del 24, y, con gran regocijo de todos ―menos de los perdedores de alma priísta incrustados en el morenismo―, una mujer llegó al palacio nacional mexicano.

Pero, como a lo largo del primer periodo morenista el movimiento se fue llenando con la pipitilla y delincuencia de los partidos perdedores, en tan sólo un año nos cayó el chahuistle político pues, por un lado, se encumbró un energúmeno en la presidencia de Estados Unidos de América con la consigna personal e internacional de trastocar al mundo y, por el otro, las corruptelas del ADN priista de todos los neomorenistas empezó a ser inocultable embarrando con su podredumbre y fetidez nuestra creencia de que, al afiliarse al morenismo, dejarían de lado sus mañas.

¡Qué ilusos fuimos, no cabe duda, y no debemos seguir siéndolo!

Por eso, cuando ahora en la radio, televisión y redes sociales hay una cruzada por hacernos creer que alguna vez hubo un PRI bueno me hierve el buche ante tanta perversión y vileza.

Y más aún porque, también ahora en Puebla, tan repleta de priistas conversos, ha comenzado a rumorearse… “Que había una vez un Movimiento de Regeneración Nacional poblano más que bueno”… pero como no soy tan joven como este movimiento, ni tan ingenuamente perverso como sus voceros e integrantes ―todos o casi todos, priistas del más abyecto de los priismos poblanos como lo fue el marinismo―, pues me enervo y lo manifiesto.

Total, ¿qué puede pasarme en un estado libre y soberano y respetuoso del derecho a la abierta manifestación de las ideas y las opiniones?

¿O me equivoco?

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