Malinowski pensó que la mentalidad mágica se diferencia de la racional en que, en la primera, toda actividad económica está acompañada de una actividad ritual o queda absorbida por esta.
Para retomar a Bataille, y siguiendo su teoría económica, yo hablaría de un “gasto excedente”, una forma de derroche. Así, la mentalidad “primitiva”, o mágica se distinguiría por la pervivencia de ritos. Pero no es así.
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Lo que este antropólogo polaco no observó es que hasta en las sociedades “supuestamente más racionalizadas”, y aún, en las que predomina la lógica del ahorro, ese gasto excedente, o rito, acompaña toda actividad económica o “valor de uso”.
El caso de la política contemporánea es un ejemplo de ello, seguramente, porque esa ritualidad es, al mismo tiempo, una manifestación de poder, y el poder mismo sea, antes que nada, un ritual.
Llama la atención, la cantidad de actividades inútiles - como las distintas manifestaciones de apoyo- que suceden en el proceso electoral de la UAP, cuando de todos es sabido que dicho proceso está planchado para la reelección, y no hay- ni puede haberlo- un oponente real y competitivo, aunque ya se haya echado a andar un comparsa para darle legitimidad al proceso; o bien, todas esas manifestaciones sean producto de la coerción o de la servidumbre voluntaria, de la que habló Étienne de La Boétie, ya en el siglo XVI.
Adenda: Carambola de tres bandas
Nunca dudé -y así lo hice notar en varios momentos- de la posible aspiración de la Sra. Gutiérrez Müller a dirigir la Universidad Autónoma de Puebla. Pese a su negativa a mantenerse en la vida pública y en el centro del poder (negativa que no le creo y no le cree nadie) llegar a la rectoría cerraría con broche de oro su notable carrera académica y, de paso, confirmaría que el lugar que ocupa es resultado de su esfuerzo personal y no de la influencia del marido.
Y, de ser así, ¿quién le diría que no a la esposa del hombre con más poder en México? Pero independientemente de las aspiraciones de la Señora a ocupar la rectoría de la UAP, la aparición de su nombre en la lista de candidatos - y del origen de su postulación- mata dos pájaros de un tiro: primero, cierra la polémica desatada por la supuesta residencia en España y le otorga alguna legitimidad al propio proceso de reelección, cuya figura de candidatura de unidad ha sido ampliamente cuestionada.
Por otra parte, tampoco es una sorpresa la aparición de César Cansino en la carrera por la rectoría; amén de su gusto por la escena, cuentan las malas lenguas y también las buenas - ser el alfil del gobernador poblano. Del resto de los candidatos, o candidotes, ni qué decir.