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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La Indecorosa Pasarela Burocrática

Esta pasarela de ostentaciones y conductas cuasi delictivas que exhiben los privilegiados de siempre

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Miércoles, Agosto 13, 2025

Al más despreciable estilo carroñero de Ventaneando, la burocracia nacional ―incluida la poblana desde luego― se ha empeñado en exhibir pública y notoriamente su bajeza, en este particular caso, a través de mostrarnos la profundidad de su fetichismo particular mediante prendas, accesorios y joyas de ensueño más bien priista (con un toque de Enrique Bombón), que de morenista (hijo desobediente de prócer obradorista).

Esto del apantalle al jodido ―libre traducción personal del épater le bourgeois francés― no es privativo de la actual burocracia patria pues siempre ha existido, pero sí resulta contraria a cierto contexto de su discurso reivindicador que los morenistas de pizarrón han enarbolado como proyecto de gobierno, en el cual, Los Pobres son el ingrediente emocional más significativo y, por ende, todo aquella conducta que incida, insulte o lesione su condición de ancestrales desposeídos se considera de mal gusto, propio de rémoras del pasado, que no se han ido sino que únicamente cambiaron la chaqueta tricolor por la achocolatada percudida. 

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No obstante y en el mismo tenor que mi amigo Juan Carlos Canales, considero que, al igual que la intimidad sexual, los modos, estilos, tamaños y costos de los fetiches es algo propio y personalísimo, por lo que nadie debiera enfurecerse, lo mismo por el tamaño de los anillos de los prelados católicos ―casi tan grandes como los de campeones de algún Súper Bowl―, que del calzado o garritas de cualquier acomplejado y mediocre diputado/a, senador/a, edil de municipio olvidado de la mano de Dios, simple ayudante de funcionario de medio pelo o cuidador de mascota de cualquier pet friendly gubernamental.

Y así como no encuentro fundamentos razonables para cuestionar la práctica y variedad kamasútrica de mi vecino, tampoco los hallo para condenar las particularidades de los fetiches con las que nuestra clase política alivia, satisface o refuerza su ego o carencias freudianas. Y quien dice mi vecino, dice todos los humanos de mi entorno próximo y lejano, por lo que si el elemental Misionero les es tan satisfactorio como un Rolex o un accesorio Louis Vuitton, allá ellas y ellos.

Lo realmente condenable (quizás exagero con el adjetivo y tan sólo es un tanto cuanto criticable) es lo indecoroso, lo indelicado, lo grosero de su ostentación pública; pero aun estando en contra de ello, comprendo que el insuflado ego de la clase política es directamente proporcional a la mediocridad que los satura y, por lo tanto, necesitan reforzar cotidianamente la fracturada realidad de su autoestima o la frustración con la que lidian todos los días sobre las proporciones anatómicas de sus prendas amatorias o su tono de piel o su origen social jamás aceptado y, menos aún, superado.

Ahora bien, en donde los ciudadanos sí tenemos materia de señalamiento y queja es en conocer al detalle y sin sombra de duda ¿con cuáles fundamentos financieros fue posible que adquirieran dichos fetiches?, pues su condición de funcionarios públicos los limita y condena a sanciones punitivas si sus gustitos los pagamos nosotros y no ellas y ellos.

Y para el caso de aquellos que no únicamente en la actualidad son funcionarios públicos, sino parientes de quienes también lo son o han sido, la investigación debe extenderse a todos ellos, porque los desfalcos a la nación provocaron y provocan las carencias que afectaron y afectan no sólo a los ciudadanos actuales, sino también a todos esos que en su momento pudieron haber tenido una vida mejor y no lo lograron por las satrapías de esos funcionarios ―papás, mamás, abuelos, abuelas, tíos, tías, etcétera― cuyos apellidos y parentela se repiten y repiten y repiten en cada administración municipal, estatal o nacional.

Y es aquí donde la bravura y encono que ha externado al respecto el actual gobernador debe transformarse en acciones judiciales concretas y no solamente en agua de borrajas en cada una de sus conferencias.

Un ejemplo, creo, nos serviría para entendernos mejor.

Si bien resulta indecoroso el que la más reciente Secretaria de Turismo se calce con sandalias de varios miles de pesos (gustito más que merecido y normal si, como afirma, es o fue una empresaria, antes o la par, de los distintos cargos burocráticos que ha tenido), dicha conducta no contiene ningún acto punitivo; pero, sin duda, sí resulta inquietante y, por lo tanto, motivo de sospechosismo ―y acaso de investigación gubernamental― saber ¿de dónde provienen los dineros que le permitieron emprender un negocio a tal grado exitoso siendo tan joven?, toda vez que su apellido es igualitito a uno de los funcionarios públicos destacados del marinismo; funcionarios estos en los que siempre ha recaído la duda sobre la licitud de sus empresas y negocios y, por lo mismo, de la probidad de sus fortunas. Esto en virtud de que si las empresas y zapatillas de la joven secretaria se sustentan en esos dineros familiares provenientes del equívoco marinismo, podría existir algún delito. No siendo el caso, únicamente se trataría del indecoro propio de clase.

Y quien dice la Secretaría de Turismo, dice la de Cultura y demás dependencias similares y afines, tales como el Congreso, los Ayuntamientos, los partidos políticos, la BUAP, etcétera, etcétera, etcétera.

Es decir, la insultante pasarela burocrática repleta de ostentaciones y conductas cuasi delictivas que exhiben a diario los privilegiados de siempre.

Aquellos que en su fuero interno repiten como mantra todas las mañanas en cuanto llegan a sus oficinas:

«Al fin y al cabo que ya se fue Andrés Manuel, la Presidenta está harto ocupada batiéndose a mandobles y cuchilladas contra Trump y los traidores de su gabinete y los Gobernadores en turno únicamente se dedican a ser vociferantes o pusilánimes o cómplices de esta Indecorosa Pasarela Burocrática».
Amén.

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