Este año, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dado tanto de qué hablar entre Truths explosivos y declaraciones increíbles, que nos hace reflexionar y cuestionarnos sobre muchos temas. Una de las preguntas que nos hacemos como poblanos cuando pensamos en el ejecutivo estadounidense es: ¿cuántos presidentes de Estados Unidos han visitado la ciudad de Puebla?
La respuesta puede decepcionar a los fans de la geopolítica internacional: ya que sólo han sido dos los que han visitado nuestro bello estado y ninguno lo hizo cuando ocupaba el cargo presidencial.
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Uno de ellos fue el ganador del Premio Nobel Jimmy Carter, que como parte de su proyecto altruista Habitat for Humanity, llegó a Puebla en octubre de 2004 (Redacción, 2004). Nada de comitiva ostentosa ni protocolo de alfombra roja, solo ganas de trabajar en construir casas de interés social. [1]
El otro mandatario que nos visitó, pero en el siglo XIX fue el general Ulises Grant, un nombre que probablemente resulta desconocido para muchos lectores. [2]
Le propongo que hoy analicemos la relación de Ulises Grant con nuestra ciudad y exploremos cuáles son los datos de su primera visita en la ciudad. [3]
Antes unos pormenores sobre este personaje: Ulises Grant no sólo fue presidente de Estados Unidos (1869-1877), sino que fue general de la Unión durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos (1860-1865) y como presidente del país vecino, defendió los derechos de las poblaciones afroamericanas que habían sido liberados por la victoria de la Unión sobre los estados confederados del sur (Chernow, 2017).
Ulises Grant apareció a nuestra ciudad en un momento álgido en las relaciones entre Estados Unidos y México, ya que estuvo aquí como consecuencia de la guerra entre México y Estados Unidos (1846-1848), arribando a nuestro país con los grados de Primer Teniente y Capitán bajo el mando del general Winfield Scott.
La llegada de Winfield Scott a las costas veracruzanas significó un cambio de estrategia por parte del gobierno de Estados Unidos en cuanto a la invasión de nuestro país. [4]
La toma de Veracruz fue alabada como una gran proeza ya que capturar el puerto no fue tarea sencilla. La ciudad fortificada y el imponente Castillo de San Juan de Ulúa eran considerados como algunas “de las fortalezas más fuertes del mundo” (Great Triumph of the American Arms, 1847, pág. 2). A pesar de apresar el puerto, el general Winfield Scott, en una maniobra criticada decidió no quedarse a resguardar el puerto jarocho y avanzar al centro del país. [5]
Aquella decisión, que en su momento pareció arriesgada, dejaría una huella profunda en la historia militar. Años después, Ulises Grant recordaría esa misma estrategia y la aplicaría con éxito durante la Batalla de Vicksburg, en 1863, en plena Guerra de Secesión estadounidense (Chernow, 2017, pág. 95).
El biógrafo del presidente estadounidense, Ron Chernow, afirma que Grant vivió la guerra en dos momentos a partir de su llegada a Xalapa, por un lado “monitoreaba la guerra echándole ojo a los detalles” pero por otro, quedó prendado por la belleza de la geografía y la naturaleza mexicana (Chernow, 2017, pág. 97).
En una carta dirigida a su familia escribió que Xalapa era el lugar más hermoso que había visto en su vida, por la belleza de sus naranjos y jardines, así como por las montañas “cubiertos de nieve eterna” que los rodeaban (Chernow, 2017, pág. 97).
El ejército estadounidense arribó a nuestra ciudad el 15 de mayo de 1847 después de la Batalla de Cerro Gordo, y permaneció en ella hasta agosto (García, 2021). La ciudad de Puebla impresionó a los estadounidenses por su tamaño, tenía más o menos “50,000 habitantes,” y por ser uno de los pocos centros industriales de México, con fábricas textiles modernas que “elaboraban telas de algodón” (Carpenter, 1913, pág. 2). La ciudad también interesó porque poseía “hermosas residencias y una de las mejores catedrales del mundo” (Carpenter, 1913, pág. 2).
Fueron dos los motivos por los que el ejército permaneció en Puebla durante ese verano: el primero era que los mandos no tenían el conocimiento suficiente de cómo invadir la Ciudad de México y necesitaban tiempo para planear la estrategia (Puebla, México, 1847, pág. 2). Estaban conscientes de que la ciudad de los palacios se estaba preparando para la invasión y desconocían los pasos que se estaban tomando para resguardarla. Además, se creía que el ejército mexicano defendería Río Frío en combate (Puebla, México, 1847, pág. 2)
El segundo motivo fue por una falla en la inteligencia militar de Estados Unidos.
El ejercito estadounidense estaba esperando el arribo de más tropas, pero por un descuido del Departamento de Guerra de Estados Unidos no se habían mandado los destacamentos suficientes para remplazar a los siete regimientos que dejarían de luchar ese verano. Esta situación redujo las fuerzas militares americanas a “10,000 soldados” (Carpenter, 1913, pág. 2).
Aparte de esos problemas, muchos de los soldados estadounidenses llegaron enfermos a Puebla, lo que redujo el número de efectivos que podrían luchar en la toma de la capital mexicana. Los periódicos afirmaban que la enfermedad pudo haber sido por la altitud de la meseta central, aunque otros argüirían que fue por enfermedades gastro-intestinales (Carpenter, 1913, pág. 2).
Hubo sobresaltos para los habitantes de Puebla y para el ejército de ocupación: en los meses de mayo y junio de ese año, corrió el rumor de que el ejército mexicano planeaba invadir Puebla para expulsar a las fuerzas estadounidenses. La noticia causó alarma entre la población, y muchos poblanos abandonaron la ciudad ante el temor de un inminente combate… que nunca llegó a ocurrir. Uno de ellos, un caballero cuyo nombre no fue registrado por la historia, decidió huir en su carruaje hacia el oriente. Sin embargo, al pasar por Amozoc, fue interceptado por un grupo de guerrilleros que lo despojaron de $10,000. Desesperado, solicitó a las tropas estadounidenses que persiguieran a los asaltantes y recuperaran su dinero, pero sus esfuerzos fueron en vano (Puebla, Mexico, 1847, pág. 2). [6]
Mientras tanto, en el corazón de la ciudad, la ocupación militar estadounidense continuaba desarrollándose con su propia dinámica. El ejército estadounidense se estableció en las inmediaciones del Zócalo de Puebla, y fue allí, en ese campamento improvisado, donde el joven oficial Ulises Grant estudió detenidamente los mapas y conversó con diversos informantes locales.
Después de analizar la situación, llegó a la conclusión de que la mejor estrategia era avanzar hacia la Ciudad de México por el norte. Grant temía que una invasión por el sur terminaría por estancar al ejército estadounidense (Chernow, 2017). Convencido de su análisis, intentó persuadir a sus superiores, pero sus advertencias fueron ignoradas. Optaron por la ruta del sur. No fue sino hasta que el general Robert E. Lee se encontró con serias dificultades en ese trayecto, que finalmente reconsideraron la propuesta de Grant (Chernow, 2017, pág. 97).
El 7 de agosto dejaron la ciudad de Puebla para proseguir la invasión de la Ciudad de México, dejando en Puebla “2,500 soldados incluyendo a los enfermos y heridos” (Capital Now the Goal, 1914, pág. 2).
Aquel año no sería la última vez que Grant visitaría Puebla.
Referencias
[1] La página web de “Hábitat por la Humanidad” es esta https://www.habitat.org/ La finalidad de la organización del difunto presidente estadounidense es construir viviendas asequibles para personas económicamente deprimidas.
[2] Un presidente estadounidense que sí visitó la región en 1997, aunque no nuestra entidad federativa, fue el presidente en funciones Bill Clinton, que visitó al vecino estado de Tlaxcala para promover la agenda del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (Muñetón, 2022)
[3] El nombre completo era Ulysses S. Grant. De manera arbitraria he castellanizado su nombre para esta narrativa.
[4] El presidente Polk consideraba que la estrategia de atacar al país por Nuevo León para después descender del norte hacia el centro estaba resultando demasiado tardado y poco efectivo (Dishman, 2010, pág. 201).
[5] Cuando Scott abandonó el puerto de Veracruz, la decisión fue visto como un error y uno de los momentos más peligrosos de la invasión estadounidense. El británico Duque de Wellington, enemigo de Napoleón y vencedor de las batallas de Zaragoza y Talavera de la Reina afirmó que era una estrategia suicida: “Scott está perdido… no podrá replegarse en su base [si es que tiene que batirse en retirada]” (Chernow, 2017, pág. 96).
[6] Estos datos nos hacen reflexionar que tal vez si el ejército mexicano hubiera actuado en esos momentos la historia de la guerra tal vez hubiera sido distinta.
Referencias
Capital Now the Goal. (8 de enero de 1914). The Princeton Union.
Carpenter, F. G. (21 de septiembre de 1913). American Battlefields in Mexico. The Birmingham Age-Herald.
Chernow, R. (2017). Grant. Nueva York: Penguin Press.
Dishman, C. D. (2010). A Perfect Gibraltar: The Battle for Monterrey Mexico. 1846. Norman: University of Oklahoma Press.
García, M. A. (14 de julio de 2021). De la sangre a la tinta y el papel: Re-construcción historiográfica de la batalla de Cerro Gordo, 1847. Una propuesta para la nueva historia militar en México. Obtenido de Universidad Autónoma Metropolitana.
Great Triumph of the American Arms. (12 de abril de 1847). The Daily Union.
Muñetón, K. (22 de agosto de 2022). Histórica visita de Bill Clinton a Tlaxcala en 1997. El Sol de Tlaxcala.
Puebla, Mexico . (18 de agosto de 1847). The Abbeville Banner.
Redacción. (24 de octubre de 2004). Jimmy Carter da inicio a construcción de viviendas para mexicanos pobres. El Universo.
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