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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Volver al Futuro… cultural?

Algunas facetas de la problemática que enfrenta el Museo Internacional del Barroco

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Viernes, Julio 25, 2025

Hace unos días la directora de Museos Puebla concedió una entrevista a los medios de información en la que abordó la actualidad del aún Museo Internacional del Barroco. A pesar del lenguaje cauteloso y, aún críptico por momentos, es posible inferir algunas facetas de la problemática que enfrentan, tanto la dependencia museística como la propia secretaría de Cultura, para hacer del MIB un “algo” culturalmente decoroso y razonablemente rentable.

Todo ello en medio de la apabullante realidad de que, como ahora ya es nuestro, su pervivencia se constituye en un reto mayúsculo tanto en lo cultural, como en lo técnico y, por supuesto, en lo financiero para todos los poblanos, puesto que, hoy que ya no existe la empresa que se encargaba de su manejo y manutención ni el presupuesto que para ello se destinaba obtenido de las cuantiosas amortizaciones de la deuda del contrato, lo que le suceda al recinto de seis mil millones de pesos es total y absolutamente responsabilidad del gobierno del estado… y de nosotros.

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Y, si hemos de atenernos a lo expresado en la entrevista en cuestión, pareciera que en Cultura y Museos no tienen puntualmente definido qué va a suceder con el MIB: sí un renacimiento glorioso, una supervivencia penosa o una vuelta al futuro, en el más puro estilo de la película de Robert Zemeckis, buscando conciliar su barroquísimo pasado morenovallista y su aún no explícito futuro armentista, fusión del tiempo y el espacio ésta que evite su fracaso y desaparición.

Cpmo sabemos, el argumento del filme Back to the Future es una muletilla cinematográfica profusamente utilizada por la gente de Hollywood. Tres ejemplos, más que exitosos, sustentan mi afirmación: El Planeta de los Simios, de Franklin J. Schaffner; Terminator, de James Cameron y El Efecto Mariposa, de Eric Bress y J. Mackye Gruber. Dichos argumentos se equilibran en que el futuro puede cambiarse favorablemente si logramos modificar una que otra cosilla del pasado, para que todo quede mejor a como lo tenemos realmente en la actualidad, (para decirlo coloquialmente: nuestro porvenir nacional se puede mejorar si volvemos al pasado a provocar que el PRI se troque venturosamente en Morena).

Es claro que los cuatro filmes en cuestión tienen disímbolos desenlaces, pero los tres últimos mencionados resultan más similares entre sí por sus desastrosas consecuencias. En el Planeta el desenlace es catastrófico pues los simios se han apoderado de la Tierra por la necedad bélica de los humanos que los llevó a la destrucción; en Terminator, la consecuencia final no es totalmente benigna como podría pensarse en primera instancia con la destrucción del esperpéntico Schwarzenegger, puesto que los cyborgs no sólo no desaparecen sino que evolucionan a través de la saga; y, en El Efecto, el resultado es peor aún pues los protagonistas no logran modificar benéficamente su futuro al intentar corregir su pasado, sino todo lo contrario.

En cambio, cual excepción que confirma la regla, en Volver al Futuro la conclusión es feliz, ya que en la última secuencia Marty McFly despierta ante una realidad prometedora y exitosa.

Bien, pero ¿dónde se encuentra el paralelismo de estos filmes con la realidad expresada por la directora de Museos Puebla recientemente? En que la fantasía de un Mundo Feliz para el MIB, se topa con la irreverente verdad de que, hoy por hoy:

1. El recinto en cuestión ha existido, existe y existirá y necesitó, necesita y necesitará que se le asigne presupuesto para que no muera: “Durante (la vigencia) del contrato (de adquisición) se estuvo dando un mantenimiento, una renta, por así decirlo, anual; que costaba al erario una cantidad que fue aumentando año con año y dentro de ese contrato había un porcentaje que la empresa estaba obligada a dar un mantenimiento. Hoy se quita, por así decirlo, o se ahorra el gobierno del estado esa renta (la amortización mensual de la deuda, casi millón y medio de pesos mensuales), una gran cantidad, y, también, eso no quiere decir que se destine un recurso para el mantenimiento del mismo”.

2. Aunque la directora de Museos, primero niega que “se destine un recurso”, después acepta que el recurso finalmente sí se destinará, pues: “Como ustedes verán es un inmueble de mucha dimensión, con una tecnología de punta que requiere personal especializado, que requiere también una atención en servicios, también profesional, específico y eso también ya está contemplado y, aun así, va a haber un ahorro, porque no va a ser el mismo presupuesto que se otorgaba a la empresa”.

3. Sobre dicho “ahorro” la propia Josefina Farfán, no obstante que nunca proporciona cifras o montos o procedencia “del recurso”, nos pide un voto de confianza sobre el adecuado manejo que se hará de este embrollo en el que “sí pero no” el “MIB es” y se necesita mantenerlo porque “es nuestro”, ya que: “Se hizo un estudio un análisis con seriedad, con mucha prudencia y, también, objetiva, para que no se cayera en una situación en la que pudiéramos incurrir en algún problema de funcionamiento u operatividad (pues) todo se maneja con tecnología en ese museo y por lo tanto nunca se puso en riesgo esa parte… (se indicó) que se diera el seguimiento adecuado de la mejor manera posible, con ahorro, pero manteniendo la calidad en el servicio”.

Ante tal panorama, reflejo sine qua non del galimatías cultural de este inicio de sexenio, las conclusiones sobre el futuro del MIB resultan más que inquietantes, puesto que:

Su continuidad sí seguirá costándonos una considerable cantidad para mantener en óptimas condiciones de operatividad debido a que:

1) Es enorme
2) Posee tecnología que la planta laboral regular de museos no está capacitada para manejar,
3) Requiere personal especializado y profesional específico, inexistente actualmente en la base trabajadora de la institución cultural del estado y que habrá de sacarse de algún lado y, lo más probable, es que sea la misma que ya lo venía manejando cuando era de “ellos” y no “nuestro”; y,
4) No parece haber un plan o proyecto para redimensionarlo en sus alcances vocacionales, culturales y financieros.

Siendo así, ¿por qué las autoridades gubernamentales continúan empeñadas en mantenerlo como aquello que nunca ha sido: un Museo Internacional del Barroco?

Misterio total de este Back to the Future Cultural Poblano.

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