“La Casa del que mató al animal” es un espacio emblemático en la fisonomía de la ciudad de Puebla, situada al costado de la Catedral, de arquitectura herreriana concluida en 1643 por Juan de Palafox y Mendoza; inmueble que no solo recrea en la imaginación la legendaria conseja del hombre que obtiene la mano de la hija casadera del constructor tras haber librado a la ciudad de los Ángeles de la amenaza de una enorme serpiente, sino que rememora el momento en que Joaquín García Valseca fundó el diario El Sol de Puebla con el encargo de Maximino Ávila Camacho de promover la nominación presidencia de Javier Rojo Gómez, episodio que se plasma en el mural de Desiderio Hernández Xochitiotzin que se ubica en su segundo piso y que serviría de inspiración a la formidable novela La Muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes.
Ante tales precedentes, ser entrevistado en tal escenario resulta un enorme privilegio tanto de dimensión histórica como lírica. Privilegio que agradezco infinitamente a Julián de Jesús Peña y a Paty Herrera, quienes el 12 de diciembre de 2019 me entrevistaron sobre la demanda de juicio político que presenté contra la legislatura de Aguascalientes por haber decretado la condición de “persona non grata” en relación al nacional boliviano Juan Evo Morales Ayma.
Más artículos del autor
El arribo en escala al aeropuerto de Huejotzingo de un avión venezolano que, habiendo despegado de La Habana a Buenos Aires y que trasladaba el presidente depuesto de Bolivia Evo Morales, se prestó a un sinnúmero de conjeturas en aquel momento.
En la ocasión, me atreví a aseverar que tal suceso tenía como antecedente una visita a la ciudad por parte de Francisco Arias Cárdenas, en alguna ocasión posterior, en medio de la tertulia de despedida como jefe de misión diplomática en México, inquirí al Coronel al respecto, advirtiendo que podía ser imprudente e incluso insolente al respecto, implorando su benevolencia al respecto, su respuesta , por demás significativa , fue darse un golpe en la frente con la palma de la mano.
Hoy, he recibido la invitación de la excelentísima Stella Lugo Betancourt de Montilla, embajadora de la República Bolivariana de Venezuela, para asistir a la ceremonia con motivo de la independencia de aquel país; y no deja de llamar la atención que, en la presente ocasión, se atraviesa la referencia a otro incidente con otro avión.
La embajadora, procedente de la misión correspondiente en Buenos Aires, tuvo que lidiar con la incautación del avión oficial venezolano que había sido previamente adquirido a la Guardia Republicana de Irán.
En noviembre del 2011, la Policía Federal a cargo del delincuente convicto Genaro García Luna, anunció la detención de un supuesto agente iraní que, con el respaldo de Los Zetas, se aprestaba a cruzar la frontera para llevar a cabo un atentado terrorista con explosivos en Washington D.C., plan del supuesto integrante de la Guardia Republicana de Irán, que resultaba ser idéntico al que fuera perpetrado contra Orlando Letelier varios años antes, lo que, aunado a los supuestos planes de los hijos de Gadafi, de establecerse en México, descubiertos por el “súper policía del calderonato” un mes después, dejaron de manifiesto el carácter de burdo montaje que asistía a los referidos anuncios.
El actual mando supremo del ejército de Irán, Abdolrahim Musavi, rememora por su parte un episodio en donde las acciones criminógenas no recayeron en ciudadano alguno de origen persa, sino muy por el contrario, en la denuncia que el agente de ventas de radares iraníes hiciera como víctima de extorsión por parte del entonces secretario de Comunicaciones y Trasportes, Andrés Caso Lombardo.
Kave Musavi fue víctima lo mismo de hostigamiento por parte de las autoridades ministeriales y consulares del país; su denuncia dejó al descubierto la corrupción durante el mandato de Carlos Salinas de Gortari, y dio pie al hostigamiento instrumentado en su contra, tanto desde la entonces Procuraduría General de la República (PGR) como desde la cancillería mexicana y que estuvo a cargo del abogado Eduardo de Ibarrola Nicolín, y que resultó a la postre infructuoso del todo, a menos, claro está, que ahora pretenda hacerse valer en relación a la reserva de las autoridades aeroportuarios de Querétaro, después de todo, acabamos de vivir la llamada “guerra de los doce días” y todo puede esgrimirse, con mínima sindéresis psíquica, o no.
Fui invitado por el embajador Arias Cárdenas, a ser orador el 17 de diciembre de 2021 con motivo del aniversario luctuoso de Simón Bolívar, al unísono por invitación de Stella Lugo Betancourt de Montilla; el orador en la ceremonia correspondiente en Buenos Aires fue, nada más y nada menos que Atilio Alberto Borón.
Por los días en que el avión trasladando a Evo Morales aterrizó en Huejotzingo, Enrique Núñez lanzó una perorata en un espacio televisivo rasgándose las vestiduras por el hecho, invocando agravios cuyo alcance no recuerdo dada su total intrascendencia; en contrapartida, en la entrevista que fue llevada a cabo en “La Casa del que mató al animal”, gracias a la agudeza a Julián de Jesús Peña y de Paty Herrera se hicieron señalamientos estratégicos de alcance continental.
Años después, el propio Núñez llegó a considerar que las disposiciones estatuidas en la Constitución del Estado deberían considerarse como “tomaduras de pelo”; los señalamientos, no cabe duda, hablan por sí solos respecto a quienes los vierten, aun cuando ignoro en realidad cuál podría ser la opinión que al efecto haya sido vertida, tras a declaratoria de reserva de las autoridades aeroportuarios de Querétaro por el arribo en escala del denominado “avión iraní”.
En aquella ocasión del 17 de diciembre de 2021, resultó para mí un gran reto, el dirigirme a un público tan selecto, sobre todo cuando, al unísono, hacía lo propio una figura de la talla de Borón, con quién curiosamente comparto los nombres de pila.
El pasado mes de enero, por lo demás, en la tertulia de recepción a Stella Lugo Betancourt de Montilla, nuevamente inquirí sobre el episodio de un avión, pregunté si la nave de origen iraní tenía carácter oficial del estado venezolano , y ante la respuesta afirmativa, me llamó la atención la flagrante transgresión a lo dispuesto en la Convención de Chicago del 7 de diciembre de 1944 constitutiva de la Organización internacional de Aviación Civil, que dota a las aeronaves oficiales del estatus de inmunidad soberana, curiosamente, Atilio Borón ha sido, precisamente, quién ha realizado el mejor abordaje hasta hoy publicado, sobre la incautación de dicho avión por parte de las autoridades argentinas.
Al escribir esta nota, no me es posible dejar de lado el peso histórico que asiste a sitios como “La Casa del que mató al animal”; Manuel Sánchez Pontón relata al respecto en su libro Olor a tinta, el momento en el que Joaquín García Valseca le hace ver a Maximino que con el diario a su nombre podía quedarse olímpicamente con éste, sin que mediara otro recurso al general para reclamarlo, ante lo que Ávila Camacho simplemente espetó: “Si hace eso, simplemente… ¡te mato!”.
En La muerte de Artemio Cruz, con una estructura narrativa que rememora el libreto de “El Ciudadano Kane” escrito por Herman Mankiewicz, Carlos Fuentes nos adentra en los laberintos del poder tejidos en torno al que llegó a ser una de los conglomerados periodísticos más influyentes del país.
Me agrada sobremanera haber recibido la cordial invitación de la embajadora Lugo, en lo personal, jamás he sido conminado en los términos en que García Valseca lo fuera por Maximino, en consecuencia, no busco agravios nacionales en los aterrizajes de aviones en escala, ni considero tampoco “tomaduras de pelo” las disposiciones contenidas en la Constitución del Estado.
Por lo demás, a la carga de historia y leyenda que se impregna en los muros de “La Casa que mató al animal”, la cual proviene incluso, de las consejas coloniales de una ciudad que se apresta a cumplir el medio milenio de existencia, atribuyo la inspiración que me permitió en la referida entrevista del 12 de diciembre de 2019 atisbar la importancia que, al menos por lo que hace al escándalo, revisten los aterrizajes de algunos aviones en escala en el territorio del país.