Es lamentable, pero cada día el periodismo en la Sierra Norte de Puebla, si es que un día lo hubo, está cada vez más ausente. Y es que hoy, con las nuevas tecnologías, el pensamiento crítico cada vez es menor. Hoy alguien puede llamarse –o llamarlo otros- periodista simplemente porque tiene una página de Facebook donde comparte contenido, a veces ni siquiera propio, sino de las mismas redes.
No son pocas las páginas que no difunden hechos locales y regionales, sino de cualquier parte del país o del mundo –lo cual no es malo- pero lo hacen con el simple objetivo de obtener más likes o más seguidores. No importa si se trata de un sismo o de un perro subido en una bicicleta. El objetivo es tener más seguidores, no importando que dichos seguidores sean del otro lado del país. Con ello se despersonaliza la página, pero eso tampoco importa.
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Pero donde más parece haberse notado la ausencia de ese pensamiento crítico, es con la ley del ciberasedio. No hay en ninguna mesa, ni en ningún medio serrano un solo posicionamiento al respecto. Hoy, que todo es redes, en los programas de radio o televisión locales, ignoramos si se haya hablado al respecto.
O no interesa, o no se tiene conocimiento al respecto.
Después de todo para qué se querría protestar contra cualquier caso de censura si los contenidos chistosos son los que dejan más likes y eso es lo que vende. ¿Crítica social, denuncia, cuestionamientos al poder? ¿Y eso con que se come o para que o porque hacerlos? Parece ser la pregunta que flota en el aire.
No es fácil hacer periodismo. Se corren riesgos y se pierden convenios publicitarios. Por eso, ¿a quién le importa que pueda haber más censura en la Sierra?
Parece ser que a nadie. Si hay posicionamientos, yo no los he escuchado.
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Cumple en estos días 24 años de vida el Taller Literario de Xicotepec. Esto lo convierte en el más longevo del estado de Puebla. Parece increíble que, en una ciudad pequeña como Xicotepec, pueda haber gente interesada en las letras que haya perdurado tanto tiempo vigente. De este largo caminar ha habido frutos importantes, a saber, cinco antologías que dan cuenta de lo aprendido en este taller. Vaya desde aquí una felicitación a uno de sus fundadores: Leonel Quiroga Cazares, quien me confió que no son pocos los momentos que han flaqueado, pensando que no vale la pena seguir.
Claro que vale la pena, pero también es cierto que no es una tarea fácil. En un mundo donde es más fácil ganar un like con un hecho divertido o veleidoso en las redes, publicar un libro o encabezar un taller literario por 24 años es una verdadera hazaña.