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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Desencuentro Taddei-Sheinbaum en elección judicial

La presidenta de México apabulló y cortó de tajo la aparición estelar de la titular del INE

David Córdova Tello

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM con maestría en Administración para la Seguridad y Defensa Nacional. Analista y consultor en seguridad, inteligencia y análisis político, especialista en análisis estratégico. Ha ocupado diversos cargos en instituciones como el CISEN, la Secretaría de Seguridad Pública y el INE.

Miércoles, Junio 4, 2025

El domingo 1 de junio, pasadas las 23 horas, Guadalupe Taddei, consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE) y Claudia Sheinbaum, presidenta de México, emitieron dos mensajes a la nación y a la opinión pública que terminaron por ser reveladores —no por lo que dijeron-, sino por lo que intentaron ocultar: un desastre democrático.

Los discursos valen la pena comentarlos ya que encierran un malestar, un desacuerdo entre ambas personalidades, que quizá pasó inadvertido para muchos.

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Fue una jornada electoral marcada por la baja participación y el ausentismo de millones de mexicanos con derecho a votar —cerca de 100 millones—, como se reportó a lo largo del día.

A diferencia de otros procesos electorales ordinarios, esta elección extraordinaria —que buscaba renovar una parte del Poder Judicial Federal y, en algunos casos, también órganos locales— careció de interés, a pesar de que en ella estaba en juego buena parte de lo que somos y particularmente, de lo que seremos como país en el futuro inmediato.

¿Por qué razón millones de mexicanos se mostraron desinteresados por la jornada electoral? Las causas han sido ampliamente explicadas por analistas, expertos en materia electoral y politólogos. No entraré a engrosar ese cúmulo de opiniones.

Sin embargo, a esas horas de la noche, el interés se reavivó de forma natural: muchos querían conocer, por parte de la autoridad electoral, el porcentaje de participación ciudadana. Algunos seguían atentos a la goleada del Cruz Azul en la Champions Cup de la Concacaf y, tras finalizar el partido en Ciudad Universitaria, sintonizaron el mensaje del INE en Tlalpan, a unos cuantos kilómetros de distancia, donde el rechazo metería también su goleada.

Si el equipo cementero hubiera perdido, algunos malintencionados —que nunca faltan— quizá habrían culpado al equipo de la "cruzazuleada" democrática que Taddei anunció minutos después.  

La consejera solo debía comunicar dos datos fundamentales: el porcentaje de participación ciudadana y un breve reporte de la jornada electoral en los 300 distritos del país.

Pero salió con un mensaje excesivo, protagónico y demasiado extenso —15 minutos de duración— en un intento por ser “innovadora e incluyente”, alejándose de los comunicados breves, concretos y formales que solían emitir sus predecesores. Aquellos mensajes eran cuidadosamente preparados, más allá de errores comunicacionales memorables, como el de Luis Carlos Ugalde en 2006, que lo marcaron para siempre.

Sobra decir que el tema más importante, tanto para “tirios y troyanos”, era conocer el nivel de participación, clave para legitimar —aunque no legalizar— la pertinencia de esta inédita elección judicial.

Taddei y su equipo saben que ese es su “momento de fama”, en el que la nación entera centra su atención en sus palabras. En esa coyuntura extraordinaria, ni siquiera el titular del Ejecutivo puede hacerles sombra. Es una oportunidad que no puede desaprovecharse, sin importar si los resultados que se anuncian favorecen o perjudican a los actores en contienda.

Sin embargo, la consejera Taddei se mostró visiblemente nerviosa e insegura. Le costaba trabajo leer con fluidez y claridad. Frente a las cámaras parecía regañada, apenada y avergonzada. Esto contrastaba notablemente con su discurso autocomplaciente, en el que aseguraba que la elección había sido ejemplar, que avanzábamos en la consolidación democrática y que estábamos ante un hecho histórico sin precedente.

Entonces, ¿por qué su lenguaje corporal —las manos cruzadas, los balbuceos constantes— no coincidía con ese entusiasmo democrático? ¿Será que entregaba una pésima noticia que no caería bien en Palacio Nacional, que seguramente en ese momento ya tenía los resultados en mano?

Un 12 o 13 por ciento de participación es, sin duda, un resultado vergonzoso, un fiasco, un rotundo fracaso. Eso sin considerar los votos nulos, en blanco o los que incluyeron mentadas de madre a Noroña, lo cual podría reducir la participación efectiva a menos de un dígito. Ese segmento que acudió para expresar su malestar de forma simbólica, junto con los que no fueron a votar, representa cerca de 90 millones de mexicanos. Una cifra descomunal para ser el “país más democrático del mundo”.

Una vez acreditada la bajísima participación —uno de cada diez votantes—, vinieron los distractores del INE: unos 10 minutos de coreografía burocrática de diversos funcionarios del instituto, quienes solo reiteraron que todo transcurrió en orden y que seguían trabajando. Una estrategia de comunicación burda y fallida.

Pero lo más desconcertante fue que, antes de que concluyera el insípido mensaje de Taddei, la presidenta Sheinbaum apareció. Publicó un video apresurado, en sentido aplastante, que celebraba el éxito rotundo de las elecciones, con una participación de 13 millones de mexicanos. Remató: “Se trató de una votación austera, libre y transparente, que haría realidad el anhelo de don Benito Juárez: contar con un verdadero Estado de derecho.”

La mandataria, en su mensaje transmitido a las 11:15 PM, de apenas 2 minutos y 31 segundos, se precipitó a salir al público sin esperar la conclusión del mensaje del INE. Se mostró festiva, alegre y con un control de daños. Cerró así, de forma unilateral, la participación deslucida de Taddei.

No sé, si fue su errada intención de desviar la atención pública y su protagonismo, lo que le molestó, o si simplemente no le gustaron los resultados anunciados. Tal vez ambas cosas. Lo cierto es que la estrategia comunicacional del INE resultó errónea, con deficiencias notables en la calidad de producción, iluminación y sonido.

Sheinbaum había pasado un día difícil y quizá estaba adicionalmente exasperada, por algunas imágenes que marcaron negativamente el imaginario colectivo de la jornada: las casillas vacías, los acordeones que llegaron para quedarse y que emplearon descaradamente AMLO, su esposo y el gobernador Armenta, así como el auxilio que Beatriz Gutiérrez prestó a su hijo - quien votó por primera ocasión- aunque las mamparas insistían en que el voto es libre y secreto.

Todo ello marcaba un desencuentro entre ambas, un enojo impúdico que pretendió ser administrado, que contrastaba con el carnaval democrático, con globos, papel picado… y sin ciudadanos.

Pd. La presencia militar en el Consejo General del INE es inadmisible, aun cuando se le haya presentado como una “simple cortesía”. Históricamente, los integrantes de la mesa de seguridad —instancia impulsada desde los tiempos de Calderón— operaban con discreción, planeación y la debida anticipación. Ese trabajo silencioso, aunque poco visible, fue efectivo para garantizar que las elecciones se desarrollaran en un ambiente de paz y tranquilidad. Una máxima de aquellos años era clara: durante la jornada electoral, los patrullajes debían mantenerse alejados de las casillas para no desincentivar la participación ciudadana. Hoy, al parecer, esa lógica ha cambiado.

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