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OPINIÓN

No me den, pónganme donde hay…

El hilarante Decálogo de la Austeridad de Sheinbaum que ni ella misma está dispuesta a cumplir

Antonio Madrid

Comunicador y periodista. Reportero, corresponsal y columnista (La Pasarela) en diversos medios poblanos. Ha ejercido su labor reporteril en radio, televisión y prensa escrita en medios de Huauchinango y Xicotepec.

Viernes, Mayo 9, 2025

La historia de los llamados luchadores sociales tiene dos etapas: La primera es sin duda cuando se mueven en dichas arenas, donde la defensa de diversos derechos ante el abuso del poder es sin duda encomiable, y les permite ir escalando en el reconocimiento social de los más desprotegidos.

El problema suele ser cuando llegan al poder. No por nada Emiliano Zapata rechazó sentarse en la silla presidencial señalando que quien lo hace “se vuelve loco”. Tenía razón.

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Y es en esta, la segunda etapa de los llamados luchadores sociales, cuando se conoce su autenticidad.

Tal es el caso de Gerardo Fernández Noroña, quien era reconocido por sus protestas contra regímenes anteriores a la era izquierdista, entre ellos Fox, Calderón y Peña Nieto. Nacido a la luz pública en 1988 cuando fue candidato externo a diputado federal por el Partido Mexicano Socialista, Noroña inició una larga carrera en defensa de varios temas, como la de los deudores de la Banca, enfrentándose al gobierno de Ernesto Zedillo en el 96 y siendo encarcelado por algunos días, lo que catapultó al reconocimiento nacional. Después fue nombrado secretario de Comunicación del PRD y después denunció diversos fraudes electorales. Ya siendo diputado lideró actos de protesta por las reformas estructurales surgidas del Pacto Por México en la era Peña Nieto.

Como puede verse su vida ha sido una protesta constante. Y cualquiera podría haber pensado que una vez que llegara al poder su partido, sería defensor de las mismas causas contra los excesos y abusos del poder. Quien lo haya hecho, desde luego, quedó decepcionado, porque ¿cómo luchar contra su génesis? ¿Cómo luchar en contra de lo que formas parte?

Y aunque nunca fue una persona de a pie, como el pueblo al que dice defender, hoy que se encuentra en la cúspide del Poder Legislativo, se hace más visible su forma de vida, esa que tanto ha criticado de la elite del poder. Criticó hasta el hartazgo a la elite del poder y ahora forma parte de ella.

Ya de todos es conocida su vida de lujos, con viajes a Europa, comidas en costosos  restaurantes, viajes en vuelos de primera clase y poseedor de camionetas costosas. Y quizá por ello es que la presidenta Claudia Sheinbaum tuvo que lanzar una carta donde se hace énfasis en la austeridad que todo morenista que se precie de serlo tiene que seguir, entre ellos evitar viajes aéreos en primera clase, utilizar vehículos aéreos privados, poseer camionetas de lujo, no usar ropa cara o de marca, hace fiestas ostentosas, comer en restaurantes de lujo y no tener guaruras. Es decir, todo lo contrario a lo que le gusta a Noroña, tan es así que tuvo que salir a decir, fiel a su lenguaje coloquial: “A mí no me queda el saco”. Claro, si tontejo no es.

El problema no sería relevante si solamente fuera Noroña el único morenista que gustara de esa vida de opulencia, al que la mayoría de los mexicanos no tiene acceso, sino que todo Morena y sus gobernantes están plagados de esos perfiles. Y ya no digamos gobernantes de altos niveles como gobernadores o secretarios de gabinete federal, sino que, en cualquier lugar de México, los presidentes municipales viven como reyes, usando camionetotas, comiendo en restaurantes de lujo, usando ropa cara, haciendo fiestononones y uno que otro hasta viajando en vuelos de primera, con el pretexto de promocionar a su municipio en ferias internacionales.

Uffff. Si este decálogo va a hacer efecto, tendrían que cambiar a todos los presidentes municipales que, en su mayoría, han hecho oídos sordos al mismo, porque empezando por la propia Sheinbaum, que austera, austera que digamos, tampoco es.

Ya del tema de las campañas anticipadas y pagadas con recursos públicos, hablamos en la siguiente entrega, pero solamente hace falta voltear hacia las elecciones actuales, por ejemplo, en Veracruz, donde se sirven con la cuchara grande, apoyando desde las alcaldías a sus gallos (un caso evidentisimo es Poza Rica) sin pudor alguno.

¿Alguien hará caso a este decálogo que contradice el dicho popular aquel de “no me den, pónganme donde hay”?

Créamelo, nadie lo hará.

 

 

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