Aparentemente la convocatoria para la renovación del Consejo Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, máximo órgano de gobierno de la BUAP, será emitida en este día.
De acuerdo con los artículos 4 y 6 del Reglamento de Funcionamiento del Consejo Universitario y de los Consejos de Unidad Académica, las elecciones de representantes ante el Consejo Universitario serán cada dos años y se realizarán en el mes de marzo, previa convocatoria emitida por la Presidencia del mismo consejo. Tal convocatoria deberá emitirse “en un plazo no mayor a treinta días naturales al día de la elección”.
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No podemos atribuir el retraso de la emisión de la convocatoria al paro estudiantil iniciado el 24 de febrero en la Facultad de Medicina y apoyado por el resto de las unidades académicas de la universidad, puesto que para llevarse a cabo las elecciones en el mes de marzo esta convocatoria podría haberse emitido desde el 30 de enero y hasta el primero de marzo, para cumplir con los treinta días naturales previos a la elección, como lo establece el reglamento mencionado.
Ahora que se anuncia, porque eso es lo que aparece en las instalaciones de la universidad, que la convocatoria saldrá el 6 de mayo, uno no puede menos que pensar que el período vacacional de Semana Santa, aunado al “puente” del primero al 5 de mayo ha “enfriado” el movimiento estudiantil y se espera que en el interrumpido mes de mayo con los días feriados sea ideal para obstaculizar la organización de estudiantes, docentes y administrativos para participar con fórmulas independientes en el proceso electoral.
Como siempre, la maquinaria del poder ya está echada a andar. A estas alturas ya se tienen las fórmulas a registrar. Siempre ha sido así, no nos sorprende. Más bien los sorprendidos serán los que ahora se encontrarán con el registro de fórmulas independientes.
Quizá autoridades y funcionarios estén esperanzados en que los universitarios críticos no estén interesados en participar por considerar que los consejos y sus integrantes no los representan. Sin embargo, no hay un solo frente que un universitario crítico considere insignificante. Todo lo contrario, sabe que mientras más voces y poder de decisión logren sus representados, más posibilidades tienen de transformar la vida universitaria y sus condiciones de estudio y de trabajo.
Y si no es así, ¿cómo nos explicamos el estallido de las demandas estudiantiles y el apoyo recibido por docentes y administrativos?
Aunque las elecciones no se reducen a la jornada electoral, pues ésta es tan sólo una de las seis etapas: Emisión de la convocatoria; Registro de fórmulas; Campaña electoral; Jornada electoral; Calificación del proceso electoral e Instalación del Consejo, sí constituye un momento crucial, puesto que el derecho al voto ejercido por cada universitario refleja su interés en participar y su deseo de ser representado por el(la) candidato(a) de su preferencia.
Es indudable que el porcentaje de votación es indicador de la confianza que el elector tiene en el proceso. Por esta razón es fundamental que en la convocatoria se establezca que la modalidad de la votación será presencial. De hecho, aspectos muy relevantes de todo el proceso electoral se establecen en la convocatoria emitida para tal efecto, una convocatoria que emite la rectoría y nadie más.
Así, respecto a la modalidad de la votación el Estatuto Orgánico señala en el “Artículo 36. Los cargos de autoridad personal y los de representación ante las autoridades académicas colegiadas se elegirán por voto sectorial, universal, libre, directo, secreto, personal e intransferible, por modalidad presencial o electrónica. …La modalidad de la votación se realizará conforme a los procedimientos que establezca la convocatoria respectiva.”
Dado que la convocatoria es determinante uno se pregunta cómo saldrá si pretenden incluir en ella los resultados de la consulta realizada respecto a la preferencia de la modalidad de la votación. Una consulta muy accidentada, por cierto. Para empezar a esta consulta le llamaron primero ‘encuesta’, pero resulta que en una encuesta, que es anónima, tienes que determinar estadísticamente una muestra que sea representativa del universo al cual se dirige la encuesta, y que incluya la diversidad de la población a encuestar. Como una encuesta implica una mayor rigurosidad, entonces decidieron llamarla ‘consulta’, un término absolutamente vago que se presta a la manipulación de todo tipo. Es obvio, además, que el mes de mayo es ideal para complicar la comunicación entre los universitarios y esta falta de comunicación sólo aumenta la incertidumbre.
La incertidumbre de autoridades y funcionarios sobre cómo proceder para emitir la convocatoria se hizo evidente porque primero decidieron convocar a los distintos consejos de unidad académica para que decidieran la modalidad de la votación, y después se publicó una plataforma para que las comunidades de las distintas unidades académicas opinaran al respecto. Así, en la consulta universitaria, así llamada, se advierte en las informaciones que circulan en las redes sociales lo siguiente: “Los resultados de la consulta serán considerados como un insumo fundamental para la toma de decisiones”. También forma parte de la información lo siguiente: “Los resultados de la consulta se enviarán a la Secretaría Técnica en cuanto finalice la misma, para que sea la Secretaría quien les envíe sus resultados de su Unidad Académica.”
Parecería pues que la convocatoria podría contener modalidades de votación distintas dependiendo de la unidad académica de que se trate. En pocas palabras, ¿habría una convocatoria para cada unidad académica?, ¿y para cada sector de cada unidad académica?, ¿y otra para cada área del personal no académico? No se entiende cómo el resultado de una consulta lanzada al vapor y que sólo es una consulta de opinión, puede ser “un insumo fundamental para la toma de decisiones”.
La verdad es que esta “consulta” parece más un recurso para manipular las elecciones que para garantizar su transparencia. Ésta sólo es alcanzable con el voto presencial, puesto que el electrónico no garantiza la confianza de un voto libre y secreto.
Pero lo más importante es comprender el verdadero sentido de un proceso electoral que debe empezar por informar a la comunidad universitaria sobre la estructura del gobierno universitario y de su funcionamiento. Conocimiento que el universitario adquiere con la práctica y su participación cotidiana. Las elecciones en nuestra universidad han dejado de ser un asunto colectivo, se han reducido al acto del individuo frente a una plataforma que lo aísla de los demás. Ni siquiera sabe qué miembros de su comunidad participan, puesto que las votaciones electrónicas se realizan con padrones “ciegos”, sólo sabes si tú estás o no en el padrón, cuando el resultado de la elección depende de la comunidad a la que perteneces.
Ya lo hemos señalado, el voto electrónico fue un recurso extraordinario debido a la pandemia y a la necesidad del aislamiento derivada de ésta; pero de ninguna manera el ejercicio colectivo del derecho a la libre expresión y determinación, especialmente referido a la elección de las autoridades universitarias, puede seguirse coartando con el pobre pretexto de una consulta de opinión, sujeta por lo demás a la misma manipulación generadora de la enorme desconfianza de la comunidad universitaria.