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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

De nuevo, desaparecidos

Fernández Noroña habla de “montaje” y desaparece, por tercera vez, a las víctimas de la violencia

Jorge Calles Santillana

Académico jubilado, interesado en la política y su socialización a través de los medios y las conversaciones públicas. Estudioso de las representaciones forjadas en la intersección de medios de comunicación, redes sociales, audiencias y prosumidores. Deportivamente, azul: Cruz Azul, Dodgers y Cowboys.

Martes, Marzo 18, 2025

UNO.  Fernández Noroña, líder actual del Senado, reconoce que creyó que las fotografías eran evidencias irrefutables del macabro hallazgo. Pero se corrige, recurriendo a la cita debida para que no quede duda de que en verdad su lideresa lo iluminó: “Ni siquiera voy a entrar a decir nada fuerte sobre el tema, pero ni siquiera lo había pensado, te vas con la finta, yo incluido. Ahora qué dijo la compañera presidenta, bueno, sí hay una foto de zapatos, ¿y luego? (…) Como si no pudieras hacer un montaje de las cosas”. Y remata: “La derecha montada en la tragedia no deja el golpeteo”.

Es el mismo Fernández Noroña que, en 2014, no dudó de las fuentes que informaban que, días antes de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, habían sido hallados treinta cuerpos de jóvenes en esa misma zona. No tuvo empachos en despotricar en contra del gobierno de Peña Nieto. En las redes ha circulado el video en el que, casi sonriente, enfrenta al expresidente priista.

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No obstante, se cuida, sabe que tiene que ser cuidadoso. Ni siquiera voy a entrar a decir nada fuerte sobre el tema… Es decir, reconoce que está abordando un tema que, más allá de cualquiera de las interpretaciones políticas, corresponde a una realidad innegable que ha marcado la realidad política de México, especialmente de los últimos años, los de la llamada Cuarta Transformación.  ¿Qué significa “decir algo fuerte”? Negar categóricamente, se sigue. Por eso “suaviza”; de lo contrario, se habría convertido en el blanco inmediato de una opinión pública a la que el cinismo y la indiferencia empiezan a resultarles chocantes.

De inmediato se cobija en el decir de la presidenta buscando, en primer lugar, quedar bien con ella y, en segundo, tomar disciplinadamente el carril trazado desde la presidencia para sostener el debate inserto en la polarización, que ya ha quedado institucionalizada. De esa forma, la discusión sobre las personas desaparecidas queda encuadrada en la lógica del poder: la distracción, por una parte, y, por otra, la victimización de quienes deberían asumir la responsabilidad de ofrecer respuestas a una sociedad harta, pero especialmente, a los miles de familiares de quienes su paradero ha sido ignorado por largo tiempo.

Pero, por más que pretenda cubrirse y posicionarse en el lado de quienes nada deben, se traiciona, inevitablemente, a través de sus palabras: Te vas con la finta, yo incluido”. Es decir, la historia desgarradora que cuentan los zapatos, las prendas, los testimonios, es perfectamente creíble porque el hallazgo hace ruido por la cantidad de pertenencias halladas, por quienes fueron quienes las descubrieron y por el hecho de que, antes, ese territorio ya había sido revisado por las fuerzas del orden sin que anomalía alguna haya sido reportada. Pero no resulta sorpresivo. Estamos acostumbrados.

Desde el 2006 se descubre prácticamente a diario una fosa macabra. Abundan huesos, cenizas, pertenencias, denuncias, llantos; escasean, en cambio, detenidos, imputados, sentenciados. Por eso, entonces, debe asumir como verdad, sin cuestionamientos, lo que dijo la compañera presidenta. El poder, como siempre, tiene la última e irrefutable palabra. No hay manera de ocultarlo: el fenómeno queda definido, siempre, desde la disciplina y la conveniencia política.

Antes, desde fuera y desde la oposición, cada víctima contaba y la crueldad de su muerte irritaba porque proyectaba votos a futuro. Ahora, se cuestiona su identidad, se le desaparece una vez más, a través del discurso descalificador, porque revela no solamente que las promesas mil veces repetidas no se cumplieron, sino que la mentada ruta humanista hacia la pacificación fue una tomadura de pelo. Antes, la izquierda opositora contaba y denunciaba las muertes; las exhibía. Se proclamaba humanista hasta que le alcanzaron los votos. Ahora, denunciar desapariciones exhibe los alcances de la corrupción de la derecha, no importa si se trata de madres a las que tal vez nunca les interesó la política, pero su búsqueda las convierte en militantes de la derecha porque golpean al poder. La descalificación ignora que, durante años, esas madres y esos padres no han tenido otro interés que el de tener noticias de sus vástagos. Son de derecha sin que importe que apenas han podido dormir y tenido que recurrir a la formación colectiva para mitigar el terrible dolor que significa sumar días sospechando que nada se sabrá, en las próximas horas, de aquel hijo o hija de quien nada se sabe desde que se le vio partir por última vez.

Imposible tapar el sol con un dedo. Por eso todos creemos que detrás de esa fotografía hay toneladas de actos inhumanos, sufrimientos y hechos inenarrables. Por eso Fernández Noroña se fue con la finta, hasta antes de que la voz de Palacio le recordara la necesidad de mantener una semántica disciplinada y disciplinaria.

Por eso habla de montaje, porque en el imaginario social quedó marcado aquel episodio transmitido en televisión abierta por un Loret de Mola que luego reconocería, públicamente, haber sido manipulado por las fuerzas de García Luna, para responsabilizar a Israel Vallarta y Florence Cassez de seis secuestros. El concepto de “montaje” fue creado, en aquella ocasión, por la oposición encabezada por López Obrador para, entre otras cosas, denunciar contubernios entre Estado y medios de comunicación para falsear la realidad. Serviría, además, para descalificar posteriormente la política de seguridad de Felipe Calderón, ya que Genaro García Luna, director de la AFI y actor intelectual de la operación en la que ambos fueron detenidos, fue llevado a la Secretaría de Seguridad.

Se revivió ahora, sin duda, la idea de “montaje” con el fin de fortalecer la versión negadora del poder. Y, de ser posible, retraer el nombre de Felipe Calderón y recuperarlo como blanco de dardos, si bien es cierto que su nombre ha dejado de circular en los discursos oficiales porque está ligado a la terrible palabra de “guerra” y el horno no está para bollos.

La mención a la presidenta fue intencional: Fernández Noroña se dirigía a ella más que a sus seguidores de Facebook. La presidenta había acusado de “carroñeros”, el día anterior, a quienes se ocuparon de divulgar los hechos. Desde su conferencia dictaba línea. Hasta Rayuela entendió. Antes sí se podía denunciar, remover las heridas; ahora, sólo lo hacen las aves que se alimentan de carroña y aquellos que desean golpear al “presidente” López Obrador, como lo llama una y otra vez, la presidenta, cuando ya no tendrían que hacerlo, sostiene ella, pues ya no está en el poder. Antes se podía golpear a Calderón todos los días, aunque había dejado el poder mucho tiempo atrás. Quienes lo hacían denunciaban la atrocidad de la violencia que se vivía gracias a su guerra. Ahora, protestar, exigir poner un alto a la violencia y responsabilizar al “presidente” no es sino un acto de violencia contra el poder, es el golpeteo de la derecha que explota la tragedia.    

DOS. Las personas desaparecidas sufrieron en estos días, desde el poder, una tercera desaparición.

La primera, la infringida por el sistema. La gran mayoría de las personas que han sido reportadas como desaparecidas pertenecen a las clases más bajas y marginadas del país.

La segunda, la infringida por las redes criminales. La inhabilidad, la desobediencia, la traición o el caer en manos de los enemigos significa una segunda desaparición.

Y ahora, la tercera, la desaparición oficial, la negación de sus historias, sus sufrimientos y las crueldades que deben haber vivido. La primera la sobrellevaron hasta que por decisión propia o reclutamiento forzado debieron tomar nueva ruta en su vida. La segunda, definitiva para ellos, ocurrió después de terribles vía crucis. La tercera hunde a sus seres queridos en lo más profundo del infierno que ya habían venido viviendo.

Mientras tanto, Fernández Noroña, líder del Senado controlado por el partido en el poder, habla de montajes.

¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Qué nos depara el futuro?

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