Sábado, 27 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La sabiduría de la inseguridad

Aprende a soltar el control y vivir el presente; Watts te invita a fluir con la incertidumbre

Eduardo Tovilla

Economista egresado del ITAM y maestro en Administración de Negocios por la Universidad de las Américas Puebla. De 1995 a 2019 se desempeñó como funcionario público. Su conexión con el pádel se fusiona con una exitosa carrera empresarial y su compromiso filantrópico.

Martes, Marzo 4, 2025

Tengo que reconocer que hay varias frases de Alan Watts, en su libro La sabiduría de la inseguridad, que calaron hondo en mí, Eduardo Tovilla. En esta obra, encontré una parte del marco filosófico detrás del Mindfulness, esta práctica que, quienes han leído mis columnas, saben que trato de implementar en mi día a día. Comenzaré compartiéndoles la Ley del esfuerzo invertido que utiliza el autor al inicio de su obra para decirnos que la vida no es un problema que resolver; es algo que debe experimentarse:

“Cuando intentas permanecer en la superficie del agua, te hundes; pero cuando tratas de sumergirte, flotas”.

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Me parece una paradoja fascinante, quiere decir que, cuanto más nos aferramos al control, más nos consume la ansiedad; cuanto más luchamos contra la corriente, más agotador se vuelve el camino. En este juego de opuestos, donde la resistencia se convierte en un lastre y la entrega en un salvavidas, encontré una lección que me hizo detenerme.

Watts plantea una idea que desafía la forma en la que la mayoría vivimos: el sufrimiento tiene lugar cuando intentamos aferrarnos a lo incierto, cuando queremos que el mundo sea estable en un universo que, por naturaleza, es cambiante. La sociedad moderna nos ha condicionado a buscar seguridad en el futuro, a proyectarnos hacia adelante con la esperanza de que, algún día, alcanzaremos una sensación de estabilidad y plenitud. Sin embargo, cuanto más intentamos afianzarnos, más nos invade la ansiedad, porque la vida —al igual que el agua— no puede atraparse entre las manos sin escurrirse.

Por eso comento que esta perspectiva está profundamente conectada con el Mindfulness, que nos invita a soltar la necesidad de control y a enfocarnos en el único momento que realmente tenemos: el presente. Desde que leí a Watts me di cuenta que vivir en el ahora, además de ser una técnica de relajación, es una forma de reconciliarnos con la realidad.

Otra idea clave en La sabiduría de la inseguridad es la ilusión del yo permanente. Watts explica que solemos vernos a nosotros mismos como entidades fijas, como si existiera una versión sólida e inmutable de quienes somos. No obstante, también nuestra identidad es un flujo constante, una corriente de pensamientos, emociones y experiencias que muta a cada instante. Creer que somos algo fijo nos lleva a la frustración, porque intentamos definirnos en términos absolutos y eso es un gran error.

Esta es una idea que me sacudió mucho. Nos preocupamos por construir una versión "ideal" de nosotros mismos, como si en algún punto futuro fuéramos a alcanzarla y, finalmente, sentirnos completos. Sin embargo, ese futuro nunca llega, porque la vida es un proceso que se experimenta, no un estado al que se arriba. Así que hay que soltar la necesidad de etiquetarnos y a aceptar que somos, en esencia, evolución.

En el libro Watts refiere de igual manera a la conciencia del tiempo que tenemos los seres humanos y cómo solemos anclarnos al pasado o vivimos con base en expectativas futuras: nuestra mente se aferra a recuerdos que no tienen revés o expectativas que nos generan angustia, y en ese proceso nos perdemos.

Lo hacemos sin siquiera notarlo. Recordamos una conversación incómoda y repasamos una y otra vez lo que debimos haber dicho. Nos castigamos por decisiones que tomamos hace años, como si pudiéramos reescribirlas. O vivimos en la espera: cuando termine este proyecto tendré más tiempo, cuando me asciendan podré disfrutar más, cuando encuentre a la persona adecuada seré feliz. Pero, como dice Watts, ese “cuando” nunca llega. Siempre habrá otro objetivo, otra meta que alcanzar, y si no aprendemos a encontrar satisfacción en el presente, estaremos persiguiendo una ilusión sin fin.

Ahora, lo anterior puede modificarse, no es que tengamos que resignarnos; hay que despertar y esto suena fácil, pero no, no lo es. Comencemos a darle la atención que merece a cada instante, a comer con consciencia en lugar de devorar la comida pensando en el siguiente pendiente (o en el postre); a escuchar realmente a alguien en vez de planear lo que diremos después. Hay que caminar sintiendo el suelo bajo los pies, cuando se pueda, claro.

Otra forma de empezar a aplicar esta filosofía es entrenarnos en la observación; podemos contemplar nuestros pensamientos como lo que son: nubes pasajeras en el cielo de nuestra conciencia. La próxima vez que la mente divague entre el arrepentimiento y la preocupación, basta con notarlo sin juzgar. Es un ejercicio sencillo, pero poderoso: cuando dejamos de identificarnos con cada pensamiento, nos damos cuenta de que la ansiedad pierde fuerza y que, sin esfuerzo, regresamos al presente.

También ayuda recordarnos que la vida no es una lista de pendientes que hay que completar para ser felices. Podemos permitirnos la pausa sin sentir culpa. Leer por placer sin pensar en sí nos servirá para algo. Dedicar un rato a no hacer nada, sólo estar. Practicar la gratitud por lo que ya tenemos. Y, sobre todo, aceptar que la incertidumbre no es un obstáculo; es la esencia misma de estar vivos, ya que como dice Watts, “la verdadera sabiduría no está en encontrar seguridad, sino en aprender a fluir con lo incierto”.

 

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