Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El impactante paro estudiantil en la BUAP

Signo de una crisis académico-política que debe resolverse sin las prácticas que la generaron

Guadalupe Grajales

Licenciada en Filosofía por la UAP con Maestría en Filosofía (UNAM) y Maestría en Ciencias del Lenguaje (UAP). Candidata a doctora en Filosofía (UNAM). Ha sido coordinadora del Colegio de Filosofía y el posgrado en Ciencias del Lenguaje (BUAP), donde se desempeña como docente. Es la primera mujer en asumir la Secretaría General de la BUAP.

Martes, Marzo 4, 2025

Es indudable que en el curso de tan sólo ocho días han quedado al descubierto el conjunto de deficiencias, de carencias, de necesidades no atendidas y de problemas no resueltos que aquejan a la comunidad estudiantil de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

En 2020 la Facultad de Medicina inició un paro para exigir se esclareciera el asesinato de uno de sus estudiantes, así como el de otros dos alumnos de la UPAEP. En esa ocasión los estudiantes de toda la BUAP, organizados en un consejo integrado por representantes de cada Unidad Académica, convocaron una manifestación gigantesca a la que acudieron contingentes de las principales universidades ubicadas en la ciudad de Puebla. El asesinato de estos tres estudiantes fue el detonador de la protesta unánime por la falta de resolución de los problemas comunes y específicos de las distintas comunidades estudiantiles de la BUAP. Desgraciadamente, al mes de iniciado el paro la Organización Mundial de la Salud declaró la emergencia mundial de la pandemia causada por el Covid-19, con lo cual se dio fin a las mesas de trabajo integradas por la administración y los representantes estudiantiles reconocidos por el consejo de alumnos surgido del movimiento iniciado con el paro general de actividades.

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A partir del 20 de marzo de ese año las distintas comunidades estudiantiles empezaron a devolver las instalaciones, por cierto, que la última en hacerlo fue la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Hoy, a cinco años de distancia, los mismos problemas siguen vigentes. Es de notar, por ejemplo, la denuncia continua del acoso sexual del que son víctimas alumnas y alumnos de ciertas facultades como la de Artes. O el cobro de cuotas que se han incrementado por cualquier motivo como en el caso de la Facultad de Estomatología, sin importar el énfasis que ha puesto la doctora Sheinbaum en el sentido de que la educación es un derecho y no un privilegio. O bien la necesidad de contar con maestros(as) preparados y formados en la disciplina que enseñan como en el caso del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras.

Es verdad que el 25 de febrero los(as) estudiantes de la Facultad de Medicina se declararon en paro debido a la insuficiencia de plazas para realizar sus prácticas clínicas, el Internado y el Servicio Social, pero el hecho de que lo hayan levantado no significa que se hayan resuelto sus problemas ni los del resto de las distintas comunidades estudiantiles. De hecho, su declaratoria inicial deja al descubierto un problema que todas las universidades autónomas que ofrecen la carrera de Medicina están enfrentando, pues ahora sus estudiantes tienen que competir con los de las universidades públicas no autónomas, las cuales gozan de la preferencia de las instituciones de salud pública e incluso privada.

Imaginemos su situación. Los aspirantes a estudiar Medicina en la BUAP no sólo tienen la tasa más baja de admisión, el 5.6%, (en la UNAM es del 1%) sino que además para concluir sus estudios deben volver a competir por una plaza cuya creación depende del Sistema Nacional de Salud, y que a todas luces es insuficiente. Estos(as) estudiantes no sólo enfrentan una enorme desigualdad de oportunidades para ingresar a Medicina, sino que la vuelven a enfrentar, y aún mayor, al término de cinco años de dedicación al estudio, puesto que están en riesgo de no concluir la carrera elegida.

En realidad, la persistencia del paro en las otras Unidades Académicas está sosteniendo la vigencia de su demanda de plazas, al tiempo que esta solidaridad permite a las distintas comunidades estudiantiles reivindicar su derecho a exigir solución a sus problemas específicos.

Lo que hace patente la exigencia del diálogo con la cabeza de la administración de la BUAP es una crisis a la vez de tipo académico y de tipo político.

Podemos ilustrar esto con el pliego petitorio del estudiantado del Colegio de Historia:

“Con relación a la modificación del plan de estudios:

-Exigimos una explicación de las modificaciones en el plan de estudios, es decir, que se muestren evidencias y discusiones de las sesiones de academia, mediante las cuales se trabajó el plan de estudios, así como las pruebas de la participación de profesores de mayor antigüedad en el colegio y que son historiadoras e historiadores, así como la participación de la comunidad estudiantil. …

-Una vez armado el plan de estudios, que sea aprobado por los alumnos activos de la licenciatura.”

Como ven ustedes, los(as) estudiantes del Colegio de Historia no sólo están genuinamente preocupados por los contenidos programáticos de la Licenciatura en Historia para que éstos garanticen su formación justamente en esta disciplina, sino que además indican de qué manera debe llevarse a cabo tal modificación, y la vía idónea es la participación colectiva: la discusión en torno al plan de estudios debe incluir la participación de toda la comunidad, de maestros(as) y de estudiantes, quienes exigen para sí la última palabra para aprobar cualquier modificación al plan de estudios.

¿Por qué advertimos una crisis de tipo político? Porque los(as) estudiantes de Historia han perdido la confianza en sus representantes ante las distintas instancias de gobierno, tanto ante el Consejo de Unidad Académica y, por lo tanto, han perdido la confianza en el propio Consejo, como ante la máxima autoridad de la universidad, el Consejo Universitario. Es claro que hay un abismo que separa a los representantes de los representados.

Asimismo se advierte una enorme desconfianza en el modus operandi de la academia de profesores(as), pues exigen pruebas de que efectivamente se incluya a todos(as) ellos(as) en la discusión de temas tan centrales como la modificación del plan de estudios. Obviamente la desconfianza prevaleciente es signo inequívoco de una crisis política.

La situación descrita para el caso de la comunidad estudiantil del Colegio de Historia no es privativa de ella. Sólo basta con leer los pronunciamientos de unidades académicas como el Instituto de Física, o la Academia de Matemáticas de la Facultad de Físico Matemáticas o el de los(as) estudiantes del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades y de todos(as) los estudiantes de aquellas facultades y escuelas que continúan en paro, además de la solidaridad mostrada por la inmensa mayoría de universitarios y de la sociedad poblana en general, en favor del derecho del estudiantado a manifestarse y a exigir solución a sus demandas.

Una muestra inequívoca de esta solidaridad ha sido el rechazo a las clases virtuales, esto es, el rechazo por parte de estudiantes y docentes a boicotear el paro estudiantil.

Nuestro propósito al hacer estas reflexiones no es el de incendiar ni el de alimentar el resentimiento de la comunidad estudiantil por no ver atendidas sus carencias y necesidades. Todo lo contrario, lo más importante es atender esas necesidades, resolver esos problemas y reconocer que la manera de hacerlo pasa por un diálogo y la revisión y transformación de las prácticas que han sumido a la BUAP en esta crisis académico-política.

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