Sábado, 27 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El poder de la intención

Cómo la intención, cuando se acompaña de acción, puede transformar ideas en realidades

Eduardo Tovilla

Economista egresado del ITAM y maestro en Administración de Negocios por la Universidad de las Américas Puebla. De 1995 a 2019 se desempeñó como funcionario público. Su conexión con el pádel se fusiona con una exitosa carrera empresarial y su compromiso filantrópico.

Martes, Febrero 11, 2025

¿Y si en lugar de ver la intención como un simple deseo, la entendemos como una energía universal que nos impulsa a alcanzar nuestras metas? Esta es la premisa central de El poder de la intención, una obra que ha transformado la forma en la que muchas personas perciben su potencial y su conexión con el mundo. Fue publicado hace 20 años aproximadamente; desde que lo leí se convirtió en una brújula para mis acciones.

El autor de este libro es Wayne Dyer, doctor en psicología y una de las figuras más influyentes en el desarrollo personal, quien dedicó su vida a enseñar cómo nuestros pensamientos y creencias moldean la realidad. En este sentido, identifica siete caras de la intención que debemos cultivar: creatividad, bondad, amor, belleza, expansión, abundancia y receptividad.

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Me voy a detener a hablar sobre dos aspectos que me he esforzado más por cultivar: la bondad y el amor, que se traducen en “la energía positiva atrae más energía positiva” y “actuar con amor nos conecta con una intención universal”, respectivamente. Este último, a mí, Eduardo Tovilla, me gusta porque transforma la voluntad en acción.

Desde hace algunos años, junto con el Dr. Víctor Toxqui, participamos en una fundación para ayudar a niños y niñas con problemas visuales y que no cuentan con los recursos para costear una cirugía. Hubo el caso de una niña que particularmente me conmovió mucho, porque además de desarrollar cataratas, había nacido con hipoxia cerebral y esclerosis múltiple. El problema ocular parecía una razón más para aislarse del mundo.

La operación de Karen resultó un éxito; representó un respiro para ella y para su familia. Creo que el amor, cuando se traduce en acción, tiene el poder de cambiar vidas. La historia de Karen me confirmó que la intención es un pensamiento positivo o energía que, al materializarse en gestos concretos, puede marcar la diferencia, ¿por qué? Porque cuando ayudamos, también generamos esperanza.

En El poder de la intención, Dyer plantea que cuando actuamos desde el amor, nos conectamos con algo más grande que nosotros mismos. En mi experiencia en la fundación, he visto cómo esta filosofía cobra vida cuando una intención genuina se convierte en una segunda oportunidad para alguien que la necesita.

Hay en el libro otra idea que moldea el poder de la intención: lo que piensas, creas. Según el autor, nuestros pensamientos tienen un impacto profundo en la realidad que experimentamos. La mente funciona como un imán: aquello en lo que enfocamos nuestra atención, ya sea positivo o negativo, puede manifestarse. Sí, justo como la conocida Ley de la Atracción, que sostiene que, al tener pensamientos de abundancia, éxito y bienestar, aumentamos las probabilidades de obtener estos resultados.

Pero, ¡claro! Esto no significa que sólo con desear algo intensamente se hará realidad: hay que alinear nuestros pensamientos con acciones concretas. Si alguien quiere mejorar su situación laboral, por ejemplo, pensar en ello de manera positiva es un buen punto de partida, pero debe complementarse con preparación, búsqueda de oportunidades y confianza en el proceso.

Quienes me conocen, saben que tengo un gran interés por promover el deporte. Hace algunos años se me ocurrió la idea de formar un equipo mixto de basquetbol con niños y niñas de la generación de mi hijo y de otras escuelas. Todo comenzó como un pensamiento: ¿y si creamos un equipo donde los niños puedan desarrollar su talento? Al principio, parecía una idea lejana. No tenía claro cómo lo haría ni con qué recursos, pero creí en la posibilidad, así que me puse “manos a la obra”. Haciendo un esfuerzo entre familiares y amigos, logramos juntar el dinero para materializar el proyecto.

Conseguimos un profesor de educación física que entrenó a los niños y las niñas y los motivó a comprometerse con el juego. A raíz de esa invitación y de ese sueño, ellos encontraron un sentido profundo en el básquetbol, en la competencia y en la disciplina. De los 15 que iniciaron, cuatro decidieron tomarse el deporte en serio y buscaron oportunidades para seguir entrenando a un nivel más alto.

Lo más importante de este equipo es que nació con la idea de trascender. Se trataba de jugar, pero también de sembrar en ellos la pasión por el basquetbol. Estos cuatro niños han buscado oportunidades en otros estados, incluso en el extranjero, y han sido seleccionados por distintos equipos. Según palabras de sus padres, haber formado parte del proyecto de Matchpoint Basquetbol (así lo bautizamos) les abrió la puerta a ese futuro.

Por último, quiero agregar otra idea importante de Dyer: la visualización y las afirmaciones son herramientas poderosas para conectarnos con la intención. ¿Qué es visualizar? Es imaginar con detalle aquello que deseamos, sintiendo como si ya fuera una realidad. Muchos atletas de alto rendimiento han utilizado esta técnica para mejorar su desempeño, al imaginar con precisión cómo ejecutan sus movimientos antes de llevarlos a la práctica.

Las afirmaciones, por otro lado, refuerzan la conexión con nuestra intención a nivel subconsciente. Al repetir frases como "soy capaz y merezco el éxito” o "tengo la energía y motivación para lograr mis metas", reprogramamos nuestra mente para enfocarse en lo que queremos en lugar de en lo que tememos; hay que repetirlas con convicción y alinearlas con acciones concretas. Yo me dije muchas veces frente al espejo: “Eduardo Tovilla, vas a lograrlo” en la antesala de un proyecto que conseguí llevar a cabo.

Aceptémoslo, la incertidumbre y la duda hoy en día son moneda corriente; por eso creo que este libro, El poder de la intención, puede ser un faro de inspiración para quienes deseen dirigir su vida hacia un propósito más elevado. Como Dyer menciona:  no somos víctimas de las circunstancias; somos cocreadores de nuestra realidad. Así que tal vez el verdadero poder de la intención no radica en la magia ni en la autosugestión, sino en la capacidad de cambiar la forma en que percibimos nuestras posibilidades. Y en ese sentido, el mensaje del libro sigue tan vigente como el día en que fue publicado.

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