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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¡Soy yo!

Agradezco infinitamente a mi madre que me ayudó a saber quién soy: yo con afán justiciero

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Febrero 7, 2025

En ocasiones tienes flash back de eventos de tu pasado, (aún de niña) y que se los adjudicaste a otras personas de tu entorno. Y de repente, a fuerza de repasar y repasar, (porque en la vida o eres insistente o no eres): ¡Voilá!, te llega la absoluta claridad mental y emocional de algo que viviste, que te da otra lectura y te das cuenta que era ¡al revés!

Me explico: Para quienes me conocen, saben que mi relación con mi madre no fue del todo buena a excepción de los años finales de su vida que viví con mis padres para atenderlos. Ella tenía su carácter y yo el mío (¿de dónde lo habré sacado?); ella siempre dijo que yo era indómita, porfiada, voluntariosa e ingobernable, entre otras lindezas y por hacer corta la lista.

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Ahora casi todas las noches, a la hora de dormir, escucho podcasts o medito, y una noche, cansada del ajetreado día, ¡sin mediar agua va!, me cayó un rayo luminoso del cielo: una mañana muy temprano me vi parada de tres años de edad frente a mi madre en actitud retadora, con caireles salvajes al aire y cuerpo macizo, gritándole con voz entre ronca y tipluda en mi media lengua: “¡¡pote co un de tu tamao!!” Mi mamá le quería dar una nalgada a mi hermanito de un año porque había hecho alguna travesura y me interpuse entre ellos protegiéndolo de la mano malvada y tenebrosa.

Antes de este “dejá vú”, pensé que ese afán de corregir a nalgadas y/o manazos por parte de mi madre, me había enervado toda mi vida y me hacía responder, yo poniéndome a su medida, jajajajaja. Hasta que ese día, acostada en mi cama a punto de dormir, al repasar esa escena tan preciada en mi memoria, (es mi joya) me di cuenta que era al revés: era yo, que fui yo la que siempre actuó con afán “justiciero” ante cualquier impulso ajeno de abuso, al interpelar a todo aquél que se atravesara en mi escenario cometiendo lo que yo consideraba injusticias.   

Una buena amiga me definió así: con afán justiciero. Sí, mi madre tenía su dosis, pero yo lo cachaba y lo potenciaba; yo me ponía en medio, pretendía detener lo que era injusto: era yo, soy yo la que respondo así, la que sale a la defensa ante cualquier evento abusivo porque lo traigo adentro, lo traigo bien dentro, arraigado.

Agradezco infinitamente a mi madre que me ayudó a saber quién soy, y aunque por muchos años sentí que ella me toreaba, ¡no! fui yo quien siempre la toreó, ¡para afianzar!

alefonse@hotmail.com  

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