El crecimiento económico es el problema doméstico que tiene dividido al país en dos, al punto de colocarlo en el filo del precipicio. Sin políticas de salud y educación eficaces, México estará pelas a la vuelta de un par de años, de seguir en el intercambio comercial del T-MEC, y de no alinearse con Venezuela y Nicaragua.
Empero, lo que ahora se aplica en ambos sectores es reducción en presupuestos e ideologización de contenidos. Salvo que el empujón al primer mundo provenga de las vanguardias tecnológicas de las universidades del bienestar. Entonces México será Dinamarca y prescindirá de los países vecinos del norte. En tanto eso ocurre, requiere con urgencia de cuadros calificados para ser competitivo, crecer y cobrar impuestos. El presidente López Obrador esfumó los fideicomisos dedicados a ciencia y cultura, la herencia ilustrada de gobiernos panistas y priistas. Y empobreció la de por sí escuálida aportación científica nacional.
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Por un lado, Morena y sus gobernantes manifiestan actitudes renuentes acerca de la importancia que tiene el crecimiento económico para el progreso nacional. No es su prioridad. Por otro lado, expertos ponen en duda la viabilidad del país sin la implementación de una reforma fiscal que apuntale la política social, basada en la magia de las transferencias en efectivo. Es la que mantiene arriba la popularidad de Morena y lo hace triunfador en todas las elecciones. No son los pobres, es el predominio del partido a toda costa.
La eventual reforma fiscal para ser efectiva deberá basarse en una política económica de crecimiento sostenido. Para eso es imperativo introducir mejoras continuas en la actividad productiva. Pero productividad y mejoras son conceptos asociados con el neoliberalismo, entonces son motivo de zozobra, se les menosprecia y vilipendia.
La falta de crecimiento impide a su vez el desarrollo de condiciones materiales para hacer del país una comunidad basada en criterios de prosperidad económica compartidos, en un ambiente de pluralidades y concordia. Extraño. Pero sin mejora en la actividad económica formal no habrá recursos fiscales qué dispersar a los pobres. Y lo más peligroso: se desfondan las movilizaciones que abarrotan el Zócalo de la capital.
Veamos. El 1 de septiembre del 2019, en su primer Informe de gobierno, a nueve meses en el cargo, y ante los barruntos de recesión económica, el presidente Andrés Manuel López Obrador expresó su parecer sobre la cuestión. Dijo: “Tenemos el propósito de, poco a poco, deshacer la obsesión tecnocrática de medirlo todo en función del simple crecimiento económico", y que: "Lo fundamental no es el crecimiento cuantitativo sino la distribución equitativa de la riqueza". Y eludió pronunciarse sobre la recesión económica.
Y así le fue y le va al país, al grado que en este preciso momento los barcos de guerra del Imperio azotan las aguas de mar adentro.
@ocielmora