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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Lecciones que mi Beetle me detuvo a escribir

Me detuve y escribí esta hoja con la intención de que mis palabras sean menos necedad y más poesía

Rafael Gómez Olivier

(Rafael Goli) Coach y consultor en alta dirección; escritor y creador del método Estocástico. Ha entrevistado a líderes globales, compartido experiencias internacionales y publicado Heroína de Dios, con más de mil copias vendidas. Su columna fusiona reflexión, vivencias y preguntas que invitan a actuar con dignidad e integridad.

Lunes, Diciembre 23, 2024

Resignificarse

Aquella raíz creció hasta ser árbol,
el árbol siguió firme,
hasta que el destino lo volvió
hojas de papel.

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Él no eligió ese camino,
jamás pensó que sería su destino,
pero aun cuando para la mayoría
estaba muerto,
se las ingenió para terminar
en el lugar correcto,
se las ingenió para terminar
recibiendo estas líneas,
y continuó su vida
ahora siendo un poema
o un pensamiento.

Aquella raíz ya no es árbol,
ya no es hoja,
ahora tiene un significado nuevo.

Poder

Creyeron que poseerlo, o tener a la mano el precio del mundo
significaba superioridad.

Creyeron que ordenar significaba obediencia, que fortuna era respeto, que riqueza era trascendencia. Hasta que observaron a quien, en apariencia, controlaba poco, caminaba a solas y tenía la virtud de poseer nada.

Surgió una fuerza incomprensible mientras se lo topaban,
los ecos describieron como envidia a esas caras.

¿Por qué desear arrancar lo único que no tenían?,
aquel tipo solo sabía de memoria su nombre y a dónde iba,
solo conocía con exactitud el lugar a donde se dirigía,
ignoraba por completo si podía.

Mi nueva rebeldía

Era época de rebeldía; de odiar a la miseria,
de sufrir la riqueza si se poseía,
de reclamarle al amor sí se veía, de rezarle a la sangre que en las venas ya no corría.

Era época de rebeldía, de mirar a la cara retando los problemas que no te tocaban
y ayudar a quien sea, menos al que en el espejo lucía
como si ya no soportara otra batalla.

Nadie estaba conforme con su mundo, con su auto, con su ciudad, con su cielo, con su presente, con su religión, con su plato.
Nadie estaba conforme porque estarlo era aceptar el ataúd antes de que se quebrara la luz de los días.

Anduve, corrí y fundé varios de esos ejércitos;
escribí y grité millones de palabras y argumentos mientras los dirigía.
Canté a Violeta Parra y me aferré a las melancolías.
Fui parte de esos ejércitos, hasta que, por salvar lo que nadie nunca podría,
destruí casi todo lo que poseía.
Entonces callé, me detuve y me puse a escribir esta hoja
con la intención de no olvidar que puedo pelear todavía,
pero ya no por nada o nadie que olvidé pronto y no agradezca los buenos ratos y las noches que se hicieron días.

Me detuve y escribí esta hoja con la intención de que mis palabras sean cada vez menos necedad y más poesía,
con la intención de ya no creer en todo lo que creía, con la intención de seguir siendo rebelde, entendiendo mejor a la rebeldía.

Descurbirse

Desde una ventana, observo el cielo, el río, la inmensidad, pero me parece muy simple y banal. Su atención se centró en un insignificante grillo.

Qué pequeño luce este grillo comparado con todo lo que le rodea.
Qué insignificante ese grillo, incluso si se para junto a una simple piedra.
Qué ignorante ese grillo que no entiende lo alto de la montaña y se esfuerza.
Qué tonto ese grillo que sigue haciendo ruido aunque nadie esté cerca.

Pfff… Qué complicada la vida de ese grillo que poco a poco se acerca. Nadie en esta montaña lo nota, nada en ella lo complace, todo aquí lo reta. Qué admirable grillo con voz tan constante y directa; ojalá alguien pudiera avisarle que, aunque no lo note, ya casi llega.

Cuánto carácter para tan poca montaña.
Llevo horas observándolo, he olvidado el azul en el cielo, la tierra en el agua, el verde en la tierra… solo siento el frío en el aire

“¡Despierta, despierta!

Te has quedado dormido, ¿qué pasa?
Nada, nada, me dormí mirando el cielo y soñé que un idiota no dejaba de llamarme GRILLO”.

Trascender

Hubo un tiempo en que los mares pasados opacaron a los edificios presentes, en que las lluvias de ayer, llenas de romance, envilecían a estas tardes de sol intenso y realidad.

Hubo un tiempo en que el pasado pareció quedarse para siempre, como si nunca hubiera existido otra versión de las cosas, como si el mundo, al igual que la vieja Habana, se detuviera a celebrar los mismos logros, recordar los mismos besos y llorar las mismas tristezas. Como si no importara lo que viniera, como si siempre existiera una fecha pasada en la que todo lució mejor y hiciera poca cosa a las promesas de la venidera.

Hubo un tiempo en que el mar solo se llamaba Cartagena, en que la guerra tenía otras letras en su bandera y la soledad no era compañera. Hubo otro tiempo; cada mañana quise volver a él y me aferré a ignorar que caminar es una virtud. Idealicé volar y llegar pronto en lugar de andar y descubrir poco a poco; arrastré cada neurona y sus gliales a retroceder.

Hubo un tiempo en el que no permití extrañar al tiempo y lo abracé tan fuerte que él egoísta solo dejó un cuadro de recuerdo.

El universo no es transversal, las edades no son estáticas, las épocas no son eternas y, en ese esfuerzo de dirigirnos hacia donde es y olvidar lo que era, descubrimos el hermoso poder de la trascendencia.
 

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