Escuchar a un servidor público, en este caso al secretario de Seguridad Pública del estado de Puebla, decir que “erradicar la inseguridad es imposible”, es y será una mala señal para abrir o cerrar una administración estatal o federal y debería ser motivo de preocupación por parte de la ciudadanía y del mismo Congreso local, ante el cual se dieron a conocer dichas declaraciones en el marco de la glosa del último informe de gobierno estatal.
En otros tiempos dicho mensaje sonaría a una claudicación frente a la violencia, pero hoy en el estado de Puebla se puede decir cualquier cosa sin que pase nada, total solo faltan diez días para que termine la actual administración y ya vendrán los nuevos funcionarios a resolver el problema.
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Es más, no importa que dichas declaraciones se den a dos meses de iniciada la administración federal, ya la Estrategia Nacional de Seguridad y la coordinación entre los tres niveles de gobierno se encargarán de poner las cosas en su lugar, incluida la nueva narrativa.
Por si faltaba algo, hoy el secretario de Seguridad Pública estatal culpa a los abuelos de su derrota al señalar que son quienes se encargan de transmitir su comportamiento delictivo a sus nietos, formando una especie de “mafia familiar” sin que nadie reclame nada.
¿Será que la sociedad civil organizada y la ciudadanía en general se encuentran “anestesiadas” por los programas sociales que mensualmente reparten considerables sumas de dinero y por esa razón no pueden emitir una queja por lo que está sucediendo en la entidad poblana en materia de inseguridad y de violencia?
Atrás quedó la capacidad de asombro de los poblanos que en otras administraciones con menos excusas como las planteadas por el titular de la SSP estatal durante su comparecencia ante el Congreso, legisladores de oposición y algunos medios afines exigían la renuncia inmediata de los funcionarios que se atrevieran a emitir semejantes declaraciones; pero así son los tiempos actuales, por eso es que hoy puede haber hasta 119 homicidios dolosos en un mes y nadie dice nada, cuando anteriormente con 338 asesinatos en un año, era suficiente para “crucificar” a los encargados de brindar seguridad a los 217 municipios poblanos, pero especialmente a los ubicados en la zona metropolitana de la capital del estado.
No cabe duda que los tiempos han cambiado y hoy hasta el propio presidente municipal de Puebla se puede dar el lujo de decir que en los “ataques directos” como los registrados recientemente en su jurisdicción “no se puede hacer mucho”, sin que nadie exija una explicación de lo que ello significa.
Habrá que recordar que la omisión también es un delito que se sanciona con la misma penalidad que a quien lo comete materialmente, aunque éste solo aplica para aquellos que son considerados enemigos del sistema, por lo que no hay mucho de qué preocuparse.
Pero volviendo a los números, el hecho de que octubre haya cerrado con 119 y noviembre con 81 víctimas de homicidio doloso de manera preliminar en el estado de Puebla, tampoco causa asombro, debido a que quizá nos hemos acostumbrado a esas cifras.
En materia de extorsión, cobro de piso y robo a transportista, las cosas van por el mismo rumbo y no se ve para cuando la tendencia será favorable.