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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Un populismo de izquierda

El libro de Chantal Mouffe puede enriquecer la discusión y la visión de la política contemporánea

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Lunes, Julio 22, 2024

Chantal Mouffe acaba de publicar un interesante y relevante libro Por un populismo de izquierda (Siglo XXI, Madrid, 2024). Reconocerlo no implica estar de acuerdo. Simplemente dar cuenta que puede enriquecer la discusión y aclarar nuestra visión de la política contemporánea.

Hay en él dos ideas centrales. La primera, el reconocimiento de que la democracia es la conjunción de dos tradiciones: la liberal y la estrictamente democrática.

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Como muchos han hecho notar, ambas tradiciones a veces coinciden, y a veces entran en contradicción. La autora añade algo más original: la distinción derecha-izquierda coincide con la que distingue a las dos tradiciones democráticas. La derecha está más de lado de la tradición liberal, la izquierda con la democrática.

Una idea más o menos original, pero difícil de compartir. La democracia liberal (liberalismo político, no económico) se centra en la política como protección. Protección de otros individuos, y prioritariamente del poder político. Condenar la brutalidad con que procedieron desde el poder dictadores como Videla y Pinochet, ¿es ser de derecha? Las cosas son más complicadas.

La segunda idea que articula el libro es que vivimos un momento de crisis hegemónica. El liberalismo ha perdido su hegemonía. Es tiempo de construir una hegemonía nueva centrada en el pueblo. En el nuevo pueblo que hay que construir.

Partiendo de una perspectiva marxista y gramsciana, la autora propone “construir” un nuevo pueblo, superando los límites de la clase trabajadora, e incorporando nuevos movimientos como la segunda ola del feminismo, el homosexual, los antirracismos y la lucha por el medio ambiente.

Recupera otra cuestión clave en su definición del populismo: la distinción entre “ellos” y “nosotros”. Una distinción aplicable a casi todos los populismos. Para el populismo de izquierda que propone Mouffe el ellos es la oligarquía y el nosotros es el pueblo.

El problema está precisamente en esta distinción. Ver a la sociedad de manera dicotómica, entre una oligarquía mala y un pueblo bueno y sabio puede mover entusiasmos y voluntades. Pero no refleja la realidad, ni remotamente.

¿Todos los actores que menciona la autora (feministas, homosexuales, ecologistas, antirracistas, obreros) están unidos en un solo movimiento? ¿Pueden estarlo? Si se unen, ¿darán lugar a una nueva hegemonía?

Creo que no. La diversidad social es mucho más compleja. Y la acción colectiva todavía más. No hay en ningún lugar el más leve indicio de que el “pueblo” que propone Mouffe se esté construyendo y pueda ser construido.

Marx centró su análisis en el capitalismo de mediados del siglo XIX. Gramsci en la derrota del comunismo en Europa, mientras había triunfado en Rusia en 1917. La realidad que analizaron poco tiene que ver con la actual. Es fácil suponer que, si vivieran hoy, Marx no sería marxista, y Gramsci no sería gramsciano.

Sé que con estas notas dejo fuera el valor del libro, que enriquece nuestra visión de la política. Pero he tratado de recuperar las ideas centrales de la autora, que no comparto, por lo ya dicho.

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