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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Hugo Chávez y Obrador

Dos proyectos distintos, pero considerados por sus pueblos como auténticos proyectos sociales

Rafael Alfaro Izarraraz

Periodista por la UNAM, maestro por la UAEM y doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Es profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx y Coeditor de la revista científica Symbolum de la Facultad de Trabajo Social, Sociología y Psicología.

Jueves, Julio 11, 2024

De los primeros años del siglo XXI latinoamericano, dos figuras han destacado en la historia contemporánea en esta parte de nuestro subcontinente: Hugo Chávez y Andrés Manuel López Obrador. Habrá más, como Evo Morales y Rafael Correa (Bolivia y Ecuador, respectivamente) pero Chávez y Obrador van a sobresalir por representar dos proyectos radicalmente distintos, pero igualmente considerados por sus pueblos como auténticos proyectos sociales al servicio de sus respectivas poblaciones.

Es importante tomar en cuenta que el proyecto de Chávez y el de Obrador, se plasman con una diferencia de casi veinte años que no es cualquier cosa. El poder de los países asiáticos aún no era tan importante como en 2018 en Latinoamérica. Para ese año ya China era la principal nación en importancia económica en esta parte del continente, luego de Estados Unidos. Había desplazado a ni más ni menos que a la Unión Europea, cuya historia y relevancia data en nuestra región desde la conquista hasta nuestros días.

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Chávez fue un militar y socialista. En el caso de Chávez influyó en él la incorporación de la educación universitaria al interior del ejército y la vida local que le tocó vivir de joven, en la época de los golpes de estado militares nacionalistas y de otra índole, en el sur del continente. Conocía, a través de la lectura, a teóricos del comunismo, entre ellos a Mao, pero también a Bolívar. Admiró a militares nacionalistas como Juan Velasco Alvarado, en Perú y al panameño Omar Torrijos. Chávez admiraba al dictador Marcos Pérez Jiménez, derrotado por los acuerdos de “Punto Fijo”, en 1958.

Obrador, está inspirado en el liberalismo social mexicano, que no se debe confundir con el liberalismo europeo, aunque ahí tiene su origen. El liberalismo europeo tiene como principio el dotar de libertad al individuo frente al Estado y, ante el Estado absolutista, plantea una forma de división de poderes que todos conocemos, que implica la elección de los integrantes del Poder Ejecutivo y Legislativo. El liberalismo social mexicano y obradorista debe leerse en clave latinoamericana, de la historia de los héroes nacionales de la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana.

El líder venezolano llega a la presidencia durante la primera elección en que participa, previo intento de golpe de Estado que la población no vio mal, pues apenas había ocurrido los sucesos conocidos como el “caracazo”, momento en el que la población empobrecida de las ciudades, principalmente Caracas, protesta contra el modelo neoliberal impuesto por el entonces presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez. El desgaste de los partidos tradicionales fue aprovechado por Chávez, quien de inmediato llevó a cabo una reforma constitucional, en donde se modificaba el poder judicial y el electoral.

Aunque amerita un estudio a fondo, Venezuela, entre el ascenso de Chávez al poder y su muerte, vivió como ningún otro país latinoamericano una especie de fiesta democrática. Hubo elecciones presidenciales, se hicieron elecciones municipales, reforma de la constitución, se puso a consideración de la población las reformas, se sometió a consideración popular la idea de crear un Estado socialista. De esto poco se dice por los intereses que existe alrededor de Venezuela, pero durante el chavismo se vivió una vida plural y democrática nunca antes vista en esta parte del continente. En México, con otra experiencia, se avanzó en la democracia popular.

Obrador, llega al poder en los comicios de 2018. La élite local ante la movilización social se abstuvo de un fraude electoral que hubiera sido de consecuencias imprevisibles. No reforma la Constitución, pero inicia una política social que caracteriza a su gobierno. Como nunca, a la población que había sido olvidada por el neoliberalismo le son restituidos poco a poco las conquistas sociales que le había arrebatado la economía de mercado: salud, educación y los programas sociales. Con el tiempo, la reforma al Poder Judicial y electoral, se han incorporado al proyecto.

Tanto la oposición venezolana como la mexicana, la partidista, se asemejan en que están excesivamente desprestigiados como proyectos políticos. Su falta de patrón político se debe a que no pudieron ni han podido articular un proyecto alternativo ante el socialismo del siglo XX y la Cuarta Transformación, que se trata de proyectos de largo plazo. La diferencia entre las dos oposiciones es que en Venezuela sí se consolidó un grupo de derecha apoyado por Estados Unidos que ha suplantado a los partidos tradicionales. Esto último, apenas empieza en México con el proyecto de partido de Claudio X. González.

Chávez lleva el socialismo tipo bolivariano a Venezuela e intenta su extensión a Latinoamérica y el Caribe. Esto implicó un enfrentamiento con Estados Unidos que quiso proteger su región de influencia, considerada su patio trasero desde el siglo XIX. La presencia política de China era ya importante y dejó ver su presencia durante varias crisis que vivió el chavismo, pero nada tiene que ver con lo que es ahora la relación Latinoamérica con China y Rusia. Lo mismo se puede decir de la presencia rusa en la región, que se pudo apreciar durante los intentos de golpes de estado contra Maduro.

Obrador continúa con el programa de asociación económica con EE. UU. y Canadá, en la lógica de aprovechar la crisis comercial entre Estados Unidos y China. La lógica de México de colocarse en el momento de las definiciones globales geoestratégicas le ha redituado un éxito económico. La economía mexicana se ha consolidado y se ha convertido en un espacio para el nearshoring. El obradorismo había sido imposible en los años anteriores, tal y como ocurrió. Luego del 2018 fue un éxito político y económico, en el marco de una alianza estratégica con EE. UU.

Hugo Chávez rompió con Estados Unidos en 2005, después del apoyo brindado por el gobierno de Trump a la oposición chavista, una oposición que en los primeros días ya estaba tratando de darle un golpe de estado a Chávez. Se declara una revolución socialista, del tipo de un socialismo del siglo XXI. Se trata de un proyecto transgubernamental y transvenezolano. EE. UU. se convierte en un enemigo de Chávez y un aliado abierto de la oposición. El gobierno norteamericano alista una estrategia contra la economía venezolana imponiendo una baja de los precios mundiales del petróleo.

López Obrador, al igual que Chávez, basa su proyecto de gobierno en un proyecto revolucionario de las conciencias a largo plazo y que tiene el nombre de Cuarta Transformación, que no es anticapitalista como el de Chávez. A las élites estadounidenses no les gusta la 4T, una muestra de ello es que siguen apoyando a los grupos antiobradoristas que dirige Claudio X. González, hijo. No le gusta que el gobierno mexicano, ni ninguno en el mundo, tenga un proyecto económico independiente, aunque dentro de la estrategia global estadounidense.

El proyecto económico de Chávez estuvo sustentado en las riquezas petroleras de Venezuela que Estados Unidos no quiso ni quiere perder ante la emergencia del chavismo y ahora con Maduro impulsa grupos golpistas radicales que a toda costa quisieron apoderarse del poder. México apostó a los recursos energéticos no renovables, pero sustentado en un proyecto económico independiente dentro del marco de la coyuntura económica mundial, incrustándose en el flanco estadounidense, manteniendo la autonomía.

Hoy, Venezuela continúa con Maduro, y será incorporada a los BRICS el modelo chino-ruso alternativo al de EE. UU. y la Unión Europea. En México, Claudia Sheinbaum será la continuadora del obradorismo.

 

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