Mientras las autoridades estatales y municipales cuidaban que la campaña electoral en Puebla tuviera la menor afectación posible en materia de seguridad, incluida la de los candidatos a los puestos de elección popular con el apoyo de la federación, descuidaron temporalmente a los ciudadanos, tan es así que durante los dos meses que duró dicha campaña la incidencia delictiva se incrementó en 12.7% en comparación de los dos meses anteriores, al pasar de 12 mil 223 delitos totales entre febrero y marzo a 13 mil 781 entre abril y mayo.
Al comparar los mismos lapsos (febrero-marzo vs. abril-mayo de 2024) se observa que los homicidios dolosos se incrementaron 18.3%, al pasar de 158 a 187 víctimas; los feminicidios aumentaron 25%, al pasar de 8 a 10; la extorsión en 81%, al pasar de 16 a 29 y los secuestros en 1,000%, al pasar de una víctima a 11 en total (en términos de Carpetas de Investigación el incremento fue de 200%).
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Al respecto destaca el caso de toma de rehenes por parte de una persona armada en un edificio del Centro Mayor ubicado sobre la Recta a Cholula y Zavaleta (13 de mayo), evento que evidenció la falta de personal capacitado en manejo de crisis y negociación en caso de rehenes, así como de coordinación, que provocó una inusual movilización policial con el saldo de una persona detenida que no disparó su escopeta, pero que en el edificio se observaban varios orificios que hasta la fecha nadie ha explicado de manera convincente cómo fue que se provocaron.
Otros delitos de alto impacto que se incrementaron fueron robos totales en 17.3%, al pasar de 4 mil 837 a 5 mil 675; robo de vehículo en 48%, al pasar de 1,065 a 1,581; robo a transeúnte en 40%, al pasar de 642 a 901 y violencia familiar en 25.8%, al pasar de 1,389 a 1,748 casos.
Por donde se le quiera ver, los cambios obligados por el proceso electoral, entre ellos las licencias de los presidentes municipales y las renuncias de otros funcionarios para reelegirse o contender por otros puestos de elección popular siempre dejan vacíos que no se pueden llenar de la noche a la mañana y además la curva de aprendizaje de los que llegan siempre lleva su tiempo.
Lo acontecido en el estado de Puebla y la capital en particular es el costo que debe pagar la ciudadanía en términos de incremento de la incidencia delictiva cuando las prioridades cambian y el primer lugar lo ocupan las elecciones.
Si sirve de consuelo, eso mismo pasó a nivel nacional con los delitos totales: homicidio doloso, feminicidio, extorsión, secuestro, robos totales e incluso robo de vehículo que ya venía a la baja, así como en la mayoría de las entidades federativas donde hubo proceso electoral.
Además, no debería preocuparnos ya que en los resultados finales el tema de la inseguridad pasó a un segundo y hasta tercer plano, siendo obnubilado por el gran flujo de dinero digital que llegó a los votantes por concepto de programas sociales y que en breve habrá más para cerrar el círculo. No está mal que así sea ya que la gente necesita subsistir de alguna manera, lo difícil va a ser cuando los recursos económicos no sean suficientes porque el efecto podría ser inversamente proporcional, pero para eso faltan otros tres y seis años, cuando haya otra vez elecciones y la gente tenga que votar por un nuevo presidente municipal, un nuevo gobernador y un nuevo presidente de la República, respectivamente.
Pero volviendo al tema de la seguridad en el proceso electoral, pese al gran esfuerzo realizado por conseguir el tan preciado saldo blanco (me consta porque lo vi de cerca), en esta ocasión no fue posible, ya que en el conteo final por lo menos dos candidatos fueron asesinados, el primero en el municipio de Acatzingo y el segundo en Atlixco, sin que hasta el momento sus casos hayan sido esclarecidos.
Queda pendiente el último tramo de aquí al 15 de octubre (casi cuatro meses), fecha en que tomará posesión el nuevo presidente municipal de Puebla y al 14 de diciembre (casi seis meses) cuando asumirá la gubernatura el ganador de la contienda del 2 de junio, pero por lo visto las cosas no parecen estar fáciles ya que a la par de este compás de espera, también están fuertes las versiones de la salida del Fiscal General del Estado, lo cual vendría a complicar aún más el de por sí difícil panorama.