El Estadio Azteca se había preparado para la gran final del Campeonato Mundial de Futbol del 2070, que otra vez se estaba realizando en el mismo territorio donde antes estuvo la México-Tenochtitlán, la Ciudad de los Palacios, mi Kafkatitlán, hija de Hutzilopochtli y Lupita Tonatzin, mi ciudad es chinampa en un lago escondido, la mera mera capirucha.
No podíamos dejar pasar la oportunidad para saldar esa deuda histórica… Qué quinto partido ni qué la chingada; eso ya lo habíamos logrado antes, ahora era la ocasión ideal para ganar la mismísima Copa del Mundo, el juego del hombre, la guerra chiquita, nuestra última oportunidad antes de que el país se volviera inhabitable.
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Tras bambalinas pasaron muchas cosas, mucho trabajo de inteligencia para lograr que México ganara su primera copa mundial. Ya era mucho lo que había sufrido nuestro país tratando de sobrevivir a la situación mundial, que al menos hubiera una alegría final.
No salíamos de una cuando ya habíamos metido la pata en grande. Golpe de estado blando, terremoto devastador, huelga de curas, inundación de todas las líneas del Metro. Al país se lo estaba llevando la chingada. Ya teníamos varios años con un importante descenso de la población, todo por culpa de tantas guerras que habían iniciado los gringos, nomás a lo puro pendejo.
Como la economía de México llevaba años estancada, la gente le entraba a lo que fuera con tal de tener una mejor vida. Ahí vieron los gringos una oportunidad para que ya no murieran sus soldados white, hispanics and africans, por eso abrieron la frontera a todos aquellos que estuvieran dispuestos a servir un par de años en la USA Army. A los más suertudos les tocaba entrar a la fuerza aérea, que sólo hacían vuelos de reconocimiento gracias a que el fuego lo provocaban los drones y vuelos no tripulados, mientras que en tierra los robots que se encargaban de entrar a las zonas de combate. Pero en zonas húmedas se atascaba y alguien tenía que repararlos, cambiarles batería o sacarlos de los pantanos, y para eso se pintaba sola la raza de bronce, especialista en sobrevivir en condiciones extremas.
El declive acelerado e imparable de la nación mexicana empezó por ahí de 2037, cuando el movimiento Suave Patria ganó la presidencia para la izquierda, por tercera vez consecutiva, aliado esa vez con los sectores más honestos de Morena, que habían sido expulsados del mismo. En el sexenio 2030-2036 ese partido se había vuelto un refugio para los políticos más resistentes y corruptos. La Beatriz Beltrani, nieta de un legendario priista, había logrado hacerse del control de Morena y ese año se alió con el movimiento Cristo Vive, para dar un golpe de estado legaloide y así impedir la consolidación de las reformas que estaban logrando una mejoría del país.
Los primeros que rompieron los pactos de estabilidad que habían logrado pacificar al país fueron los consorcios de la industria química especializada en sustancias altamente rentables. Sus ejércitos privados, aliados con los comandos de las compañías mineras, tomaron el control de las regiones de mayor influencia, así aseguraron la producción e importación de esas sustancias de la mayor plusvalía. Muchos líderes locales no quedaron conformes con el agandalle y trataron de recuperar sus campos, y se vivió una matazón descarnada por muchos rumbos del país.
Algunos de los productores nacionales más precavidos habían preparado a sus muchachos becándolos para que estudiaran en las mejores universidades del mundo. Una vez que se armaron los chingadazos, los jefes llamaron a su materia gris para que diseñaran un plan de supervivencia. A esos jóvenes ambiciosos, expertos en fenómenos sociales no lineales y entrenados en lo último de la tecnología y planeación estratégica, no les fue difícil hacerse del armamento y sistemas de vigilancia para proteger sus regiones. Armaron una red de fibra óptica capaz de transmitir señales codificadas para monitorear sus campos, se hicieron también con drones de última generación indetectables por las fuerzas enemigas, equipados con láser de ultra-frecuencia y cañones con micro balas de uranio enriquecido, con todo eso hicieron de sus dominios un coto inexpugnable.
Cuando vieron que estaba perdiendo la guerra, los industriales tuvieron que respetar los contratos con los productores. Con eso cada zona productora logró ser independiente, dejaron de pagar protección y sobornos, descubrieron que cuando los políticos dejaron de mandar, hubo menos traiciones y pleitos; con desconfianza y todo, pero se convencieron de llevar de una manera más eficiente y discreta el negocio. Armaron una federación de jefes, que poco a poco convenció a los más rejegos de que era mejor trabajar unidos, con acuerdos y zonas de influencia bien definidas, ya no había necesidad de destruirse. Las bandas más pequeñas de rufianes fueron exterminadas, la ansiada paz que por tantos decenios se buscó en México, llegó por pura carambola y golpe del destino.
El nivel de vida de los campesinos productores mejoró de forma exponencial. Tenían tanto dinero que competían con Dubai y los principales centros financieros del mundo. Lo único que no podía hacer era abrirse al mundo, pero dentro de ellos vivían mejor que en San Pedro Garza García. Por el aislamiento tuvieron que fundar sus propias universidades, ahí destacaban las escuelas de agronomía que eran las mejores, con profesores bien calificados y mejor remunerados.
Lo malo es que esos nichos de desarrollo eran poquitos, al resto del país se los estaba llevando la chingada, no había trabajo ni perspectivas de mejoría. Eran como varios países en un mismo territorio. Los años pasaban y la vida del país iba en picada.
Dentro de las tradiciones que se negaban a desaparecer estaba el futbol, con los mismos equipos de la primera división del siglo pasado, dirigidos por un grupo de empresarios rapaces que seguía manteniendo el monopolio de la selección. El ridículo en los campeonatos del mundo se repetía cada cuatro años, hasta que apareció la ‘Chiquis’ Rubio, hija de un poderoso distribuidor de armamento y tecnología, que le entró al negocio del futbol.
Ella era aficionada de hueso colorado desde chiquita, hasta había logrado jugar con las reservas del Guadalajara. Convenció a su papa de que comprara un equipo modesto de Jalisco, los Laguneros de Sayula, lo reforzó y lograron ascender a primera división. Luego trajo de Europa a Mouriño Jr. para dirigirlo, y aquél se trajo a los mejores jugadores africanos del mundial 2058, que por cierto había ganado Marruecos por primera vez. Con esa aplanadora los Laguneros ganaron dos campeonatos seguidos.
El siguiente paso fue hacerse del control de la Federación de Futbol. Para ello convenció a sus amigos con negocios semilegales, que negociaran con los jefes de cada plaza para repetir la operación. Así, en pocos años los recién llegados lograron dominar el campeonato y la federación. Las finales eran más diversas, a veces jugaban los equipos clásicos contra los novatos del Nueva Italia F.C., Deportivo Unión de Curtidores, Inter de Acapulco o el Atlético Atlixco.
Para el campeonato mundial del 2062, la jefa Chiquis logró armar una selección nacional bien chingona, tanto en mujeres como hombres. En ese campeonato mundial la selección había logrado pasar al quinto partido, pero tanto gusto les dio a los jugadores que se pusieron bien cuetes y perdieron en octavos, con la ayuda del árbitro. Los jugadores más indisciplinados fueron expuestos públicamente y tuvieron que huir a Mérida.
El campeonato se equilibró por completo cuando el Nuevo Zacatepec ganó los campeonatos de apertura y clausura de 2063, derrotando al Monterrey y a los Tigres de Nuevo León. Al año siguiente ganaron también la Libertadores, goleando al Boca Juniors en el mero Buenos Aires, y el Campeonato Mundial de Clubes, derrotando al Real Madrid en Dubai. Con tantos jugadores nuevos se pudo armar una mejor selección, que logró avanzar y jugar semifinales en 2066, aunque siempre había algún imprevisto que impedía avanzar más. Ya fuera que marcaran un penal dudoso, una expulsión rigorista, o incluso en esa semifinal hubo un cambio de árbitro que se consumió todo el tiempo extra y no se pudo empatar el juego. Todo se confabulaba para que no llegara al ansiado campeonato.
Como que ya eran muchas coincidencias, pensó la Chiquis, eso había que tratarlo profesionalmente. Hizo un viaje personal a Cambridge, y ahí se entrevistó con Tonatiuh, su medio hermano, que era profesor en el célebre MIT, le platico su plan y su carnal prometió ayudarla con la chamba.
La Chiquis apreciaba a su brother, que desde muy chavo se había alejado del mundo peligroso, aunque su mamá aprovechó la lanota que tenía para mandarlo a estudiar la carrera y el postgrado en Estados Unidos. En un momento ‘Tona’ contempló la posibilidad de regresar a México, pero ya casi no había plazas en las pocas universidades que seguían abiertas. ¿Cómo es que el mundo académico de México se había venido abajo? A lo mejor podríamos matar un pájaro con dos tiros, bromeó para sí el carnal científico.
Con esos planes Tona voló hasta más allá de las alturas del Golán, se internó en el desierto para entrevistarse con el director de un grupo especializado en trabajos de información harto difíciles, acordaron un precio y firmaron el contrato. El grupo de información se comprometía a descubrir lo que estaba pasando.
Casi se le cae la baba a la Chiquis cuando recibió el informe de su hermano, que había viajado con esa información super confidencial directo desde Cambridge hasta su casa de playa en Punta Maldonado, cerquita de Ometepec.
“Pinches gringos”-pensó la Chiquis -, “como es posible que se metieran hasta la cocina para impedir que México ganara el Campeonato Mundial de Futbol, Qué chingados les importaba un detalle tan irrelevante para la paz mundial.” Pero no, el texto lo decía muy claro. Según la Cámara de Información Aurea de los gringos, nuestro país no debía tener motivos que hicieran despertar el nacionalismo y orgullo patrio. Debíamos ser losers para siempre. Habían hecho uso de todos sus recursos, desde hacerles vudú a los jugadores mexicanos, hasta la infiltración a los cuerpos de árbitros, e incluso en el pasado mundial habían manipulado el VAR en algunas jugadas clave.
“Eso no se va a quedar así”, masculló entre dientes la Chiquis. Había que diseñar un plan para ese campeonato del 2070, que se iba a celebrar de nuevo en México gracias a sus gestiones y contactos. La Chiquis preguntó a su hermano quién podría ayudarles, pero ninguna universidad en México tenía especialistas en ciencia y estrategia del deporte, bueno no había ciencia de ningún tipo en las universidades tradicionales. Estaban mejor equipados los Tecnológicos Regionales de Agricultura en cada distrito de la Federación.
-¿Y cómo se les ocurrieron en el gobierno todas esas tarugadas de abandonar la ciencia? - preguntó la chiquita a su carnal.
-La mera verdad yo siempre tuve curiosidad por saberlo, así que aprovechando el viaje encargué un informe al respecto. Al parecer todo empezó cuando la compañía logró infiltrar un movimiento de científicos místicos, que renegaban del progreso para que se habían hecho del control de la política científica en México desde los años veinte.
-Bola de pendejos, casi estoy seguro de que ni siquiera sabían para quién trabajaban.
-No hay nada peor en este mundo que un pendejo con iniciativa, agregó el brother conjugando su Academic Expertise con los dichos que les había enseñado su abuela.
-Y ahora, ¿who can help us?- exclamó la jefa Chiquis.
-No te apures, ahorita hay mucho experto desempleado en el mundo, hasta salen más baratos que la inteligencia artificial avanzada, y así evitas que te rastreen las agencias de los gringos, que están monitoreando todas las computadoras del planeta.
Manos a la obra, ordenó la Chiquis. En el Azteca los esperamos, veremos de qué cuero salen más correas.