Muchos fenómenos en la naturaleza tienen un tiempo de vida finito, o sea que no viven para siempre. Eso ocurre para los seres vivos, las partículas del mundo subatómico, las estrellas y tal vez hasta para el universo mismo.
Los seres humanos podemos vivir unas cuantas decenas de años, o bien una fracción de siglo. Eso nos da una perspectiva de lo que es poco o mucho tiempo.
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Un año contiene 12 meses, que son 365 días, también 8760 horas, o bien 525600 segundos. La tierra tarda un año en darle la vuelta al sol. El sol necesita 235 millones de años en darle la vuelta a la galaxia, se sabe que los dinosaurios habitaban la tierra cuando empezó la vuelta que ahora se está completando.
Una estrella vive unos 10 mil millones de años antes de convertirse en cadáver estelar, que puede ser una enana blanca, una estrella de neutrones o incluso un hoyo negro. Eso depende principalmente de su masa; por ejemplo, una estrella con una masa menor a 10 veces la masa del sol evolucionará para convertirse en una enana blanca. Si la estrella tiene una masa entre 30 y 70 masas solares se convertirá en una supernova y eventualmente terminará siendo un hoyo negro.
Se cree que el universo inició con el Big Bang, hace unos 13500 millones de años, y no sabemos a ciencia cierta si tendrá un final, o si se expandirá para siempre.
Por otro lado, en el mundo subatómico también tenemos que para muchas partículas el tiempo de vida es finito. Es el caso del neutrón, que junto con el protón es uno de los constituyentes del núcleo atómico; cuando está libre vive 14.7 minutos, antes de decaer en un protón, un electrón y un anti-neutrino.
Existen tres tiempos de vida característicos de las partículas, los cuales dependen del tipo de interacción asociada. Algunas partículas tienen tiempos de vida muy largos (desde minutos para el neutrón, hasta millonésimas de segundo para el muón). En este caso sus interacciones son del tipo débil. Otras partículas tienen tiempos de vida del orden de 10^(-15) segundos, los cuales están asociados con interacciones electromagnéticas. Cuando los tiempos de vida son más pequeños, del orden de 10^(-25) segundos, significa que el decaimiento está asociado a las llamadas interacciones nucleares fuertes.
Las únicas partículas que aparentemente son estables son el electrón y el protón, aunque en este caso hay propuestas teóricas que predicen un tiempo de vida muy grande para el protón, mucho mayor que la edad del universo, pero que es finito.
Así pues, la vida y muerte en la naturaleza es un fenómeno común, hay un tiempo de vida, que puede ser muy corto o largo, pero que es suficiente para que el fenómeno deje una huella de su paso por la naturaleza.
Lo mismo podría decirse de la vida humana, que se cree es lo más preciado con lo que contamos, desde un punto de vista que coloca al ser humano como el centro del universo. Aunque un poco de humildad no nos caería mal, sobre todo en este tiempo que estamos viviendo, con tantas catástrofes asociadas con fenómenos naturales inesperados.
Ojalá el tiempo de la Cuaresma nos permita reflexionar sobre lo que hacemos como especie, y lo que debemos hacer para hacer del planeta un lugar habitable y en equilibrio con todas las formas de vida. Amén.